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La Coctelera

Algargos, Arte e Historia


Material didáctico para la asignatura de Historia del Arte.

19 Mayo 2013

Entre 1908 y 1910 se descubrieron varios de los grupos escultóricos que, a mi entender, señalan un momento crucial en la historia del arte egipcio. Se trata de las tríadas (grupo de tres dioses egipcios) y de la díada (dos dioses) que tienen como protagonista al faraón Micerino, monarca de la IV Dinastía que reinó entre el 2490–2472 A.C.. Algún artista desconocido supo crear hace más de 4.500 años unas obras cuya factura material, coherencia iconográfica, estructura matemática, conocimiento anatómico y depurada elegancia trascienden de la mera representación del monarca y de los dioses para convertirse en piezas únicas que todavía conmueven.

El descubrimiento arqueológico fue hecho por George Andrew Reisner en un corredor del templo del Valle del complejo funerario de Micerino (las tríadas) y en el cercano "pozo de los ladrones" (la díada). Las fotos que el arqueólogo dejó de los hallazgos y del proceso de excavación para sacarlos a la luz resultan tan emocionantes que no me resisto a poner todas las que poseo del evento. Si queréis ver más os invito a que pinchéis en el siguiente enlace del Museo de Boston.

Las dos primeras imágenes muestran el desenterramiento de las tríadas en 1908.

Hallazgo de la díada en 1910.

Localización de los hallazgos de las tríadas y de la díada de Micerinos en el Templo funerario del Valle.

Las tríadas.

De los tipos.

De los cuatro grupos íntegros que se conservan, tres se hallan en el gran Museo Egipcio de El Cairo y el otro en el Museo de Fine Arts de Boston, donde además se encuentran algunos restos parciales de otras tríadas y la díada.

Las tríadas conservadas tienen dos formatos:

  • - un modelo donde las tres figuras aparecen de pie (las tres del Museo de El Cairo y un fragmento de gran tamaño de otra conservada en el de Boston). El rey es el centro del grupo y siempre porta la tiara (corona blanca del Alto Egipto), una perilla y un faldellín real. A su derecha se sitúa la diosa Hathor coronada con un par de cuernos y el disco solar (alusión a Ra) entre ellos y, a su izquierda, el semidios masculino o femenino de un Nomo (provincia de Egipto distinguida por el emblema que corona su cabeza).
  • - un segundo tipo (sólo hay una escultura intacta en el Museo de Boston y unos pequeños trozos de un segundo), en el que la diosa Hathor aparece sedente y a sus lados se disponen el faraón y un Nomo.
Triada incompleta con Micerinos, la diosa Hathor y un semidios masculino de un nomo.  Museum of Fine Arts, Boston.

De su finalidad.

No se sabe a ciencia cierta que misión tenían porque lo que tenemos es una parte de un conjunto y fuera de su contexto exacto. Se puede suponer que estas tríadas serían estatuas de culto oficial en el templo funerario del Valle. Aunque podría haber unas 42, una por cada nomo de Egipto, lo más lógico, dado el tamaño del templo en donde se encontraron, es que llegaran a 8, posiblemente las de los nomos donde el culto de Hathor estuviera más extendido.

Las funciones de estas estatuas, por tanto, serían varias:

- Funeraria: servir de doble escultórico terrenal al difunto faraón para que pudiera existir en la morada ultraterrenal. Al mismo tiempo, con la representación de los nomos se aseguraba en el otro mundo la lealtad y el acopio de presentes y tributos de éstos.

- Religiosa de culto: se veneraría en el templo del Valle como Micerino, faraón-dios, emparentado especialmente con Hathor, diosa protectora y benéfica que acogió a Horus (el faraón es este dios en la tierra) mientras su madre Isis recomponía y embalsamaba el cuerpo de Osiris.

- Política: la aparición de la encarnación de los nomos servía para demostrar que Micerino era el señor y protector de todas las tierras de Egipto, como dejaba recalcado la inscripción del pedestal y el atributo de las coronas.

Tríada de Mikerinos, M. Egipcio El Cairo. Hacia 2500 a. C. Templo del Valle de Micerino. Diorita. 96 cm de altura. Detalle de las manos en los brazos del faraón.

Del material.

Las figuras se encuentran adosadas al bloque de diorita, una piedra muy dura, sobre el que fue tallado a modo de gran altorrelieve. Éste sirve como elemento unificador y nos indica que la pieza fue diseñada para ser observada frontalmente. También actúa como peana que soporta la escena. Allí se colocan las inscripciones que nos permiten saber quiénes son los personajes representados y la oración ritual del faraón. Las figuras posiblemente estuvieron policromadas, pues quedan restos de pintura imperceptibles hoy a la vista.

Detalle de perfil de Micerino de la Tríada del Museum of Fine Arts, Boston. En este detalle podemos ver su disposición como altorrelieve muy sobresaliente y los atributos de la realeza. Llama la atención la dimensión de la Tiara blanca, la corona alargada que simbolizaba su poder sobre el alto Egipto. No se han encontrado representaciones del faraón con el gorro del Bajo Egipto. También se aprecia muy bien otro distintivo de la realeza, la perilla falsa.

De las diferencias entre las triadas y de la jerarquía.

Aunque las representaciones de las tríadas pueden parecer inicialmente que tienen un aspecto parecido, siempre hay elementos que las individualizan. Tal vez la más conocida es una del Museo de El Cairo que representa al faraón, en el centro, dando un paso al frente, entre la diosa Hathor a su derecha y la semidiosa del nomo de Cinópolis, la tierra del chacal, a su izquierda. Ambas figuras femeninas parecen abrazar con uno de sus brazos a la figura masculina en una postura imposible, apareciendo sus manos sobre el brazo del varón.

Tríada de Micerino,  la diosa Hathor y el nomo de Cinópolis. Museo del Cairo. Diorita 92 cm de altura.

Este grupo es, sin duda, el que muestra rasgos más enérgicos del poder del soberano. Aún así, en parte, parece cuestionar las estrictas normas sobre el tamaño de las figuras cuando en una misma escena aparecen distintos personajes con distinta jerarquía. Micerino, como Dios en la tierra y como hombre, es el más alto, pero por poco (casi parecería normal atendiendo a la diferencia de tamaño entre hombre y mujer). Sin embargo, acentúa su mayor categoría por medio de la Corona del Alto Egipto. Le sigue la diosa Hathor, siendo de menor altura la semidiosa.

Otra representación del mismo museo de El Cairo muestra  la misma disposición con la diferencia de que acompaña a las figuras principales otro nomo femenino que porta el símbolo de Bat, diosa-vaca protectora del nomo de Dióspolis Parva, una provincia del Alto Egipto a 110 kilómetros al norte de Tebas. Pero lo que, sobre todo, hace especial este trío es que entre la diosa Hathor y Micerinos se muestra un detalle de ternura poco común entre dioses: enlazan cariñosamente sus manos como si fueran un matrimonio.

Tríada de Micerino,  la diosa Hathor y el nomo de Dióspolis Parva. Museo del Cairo. Diorita 92 cm de altura.

La jerarquía de los personajes ha de destacar literalmente de la cabeza a los pies, pues éstos también subrayan el lugar relativo de cada uno de ellos. El rey avanza resuelto hacia nosotros, con la pierna izquierda adelantada en la pose que quedaría fijada durante siglos como el modelo de la figura masculina erguida. También avanza Hathor, pero con el más adelantado de sus pies ligeramente por detrás del más retrasado de Micerino. La deidad menor conoce su lugar y mantiene los pies juntos en la actitud pasiva en la que solían representarse las figuras femeninas.

La tercera tríada de El Cairo tiene como elemento distintivo un nomo masculino con un tamaño extrañamente muy inferior al de las otros nomos femeninos, lo que le da la apariencia de ser un niño. Es la personificación del nomo de Tebas.

Tríada de Micerino,  la diosa Hathor y el nomo de Tebas. Museo del Cairo. Diorita 92 cm de altura.

En la Triada que se conserva en el museo de Boston vemos las mayores rupturas a la norma. En primer lugar, es Hathor quien centra la composición en situación sedente. Su escala resulta mayor incluso que el faraón, aunque no su altura porque se encuentra sentada y Micerino, que actúa de acompañante, la supera con su tiara. El soberano, por otro lado, está ligéramente retrasado y porta una maza como símbolo de poder terrenal. La diosa le abraza en actitud protectora. El nomo femenino, de Hare, tiene un tamaño mucho más pequeño que los anteriores de su sexo

Tríada de Menkaura,  la diosa Hathor y el nomo de Hare. Museum of Fine Arts, Boston. Diorita 84.5 cm de altura.

Del modelo humano.

La representación de Micerinos se convierte en el paradigma masculino del faraón de pie, modelo creado en el Imperio Antiguo e imitado a partir de entonces durante más de 2500 años. Su figura combina elementos de realismo y de idealización plástica. Es una imagen concebida para ser vista frontalmente y representada con una rigidez formal, es decir, brazos pegados al cuerpo y ninguna extremidad especialmente sobresaliente, para evitar una fácil fractura.

El dominio de la anatomía resulta impresionante si se considera la parquedad de los detalles. Los músculos, pulimentados con sutileza, trasmiten con gran fuerza una idealización de un hombre y mujeres adultos, pero jóvenes, en plenitud de su desarrollo atlético. Es más que evidente que al artista sólo le interesaba captar el momento de máxima vitalidad del ser humano. Las leyes de la geometría y de las proporciones rigen sobre el diseño de sus cuerpos para hacerlo los más perfectos posibles, lo que viene a ser para el egipcio el camino a la eternidad. Las imágenes quieren demostrar la eterna e inalterable fortaleza de la juventud del rey y de los dioses, en este y el otro mundo.

Las reglas matemáticas también sirven para las vestiduras y la composición del conjunto. El monarca viste un faldellín con pliegues regulares y rectilíneos y ocupa el eje de simetría entre las diosas. Su torso está erguido y en palpitante tensión, con los brazos pegados al cuerpo, lo que contrasta con la expresión del rostro que se muestra relajado y con la mirada hierática o sagrada. Es una mirada que nos traspasa, fijada en el infinito. Ccasi se podía decir que nos desdeña.

Tanto Hathor como las diosas de los nomos son los paradigmas ideales de la representación femenina egipcia. Las figuras visten prendas de lino idénticas y ceñidas hasta lo inverosímil. La simplificación geométrica de los cuerpos se concentra en los redondos senos, el ombligo y el profundo triángulo púbico. Pese a la aparente frialdad son obras muy sensuales que captan con maestría la naturaleza femenina. La geometría y la simetría también se refleja en las pelucas que portan.

Sorprenden la perfección, el refinamiento y el detalle que conforman las facciones de los rostros, lo que hace suponer que debieron tener notable parecido con la realidad. El rey debía preservar en la figura algún rasgo personal identificativo. Tal vez lo más distintivo sea la nariz ligeramente respingona que podemos apreciar mejor en los perfiles. Los personajes femeninos se adaptan a esos mismos rasgos. Sin embargo, también todos son más o menos modelos idealizados porque se depura la fealdad y se ennoblece lo distintivo.

Díada de Micerino y su esposa. Detalle de sus retratos. Museum of Fine Arts, Boston.

La díada de Micerinos y su esposa.

Junto a las tríadas se halló en el templo del Valle esta otra representación de Micerinos que guarda mucha semejanza con las anteriores por el material y modelo humano utilizado, lo que hace pensar que sea del mismo artesano. La falta de algunos detalles nos indica que es una obra inacabada. Sólo las cabezas y las partes superiores del cuerpo tienen su toque final. Posiblemente la muerte del rey precipitó su inclusión en el ajuar del templo.

Díada de Micerino y su esposa. Diorita. Dimensiones: altura 139,5 cms, ancho 57 cms y profundidad 54 cms.  Museum of Fine Arts, Boston.

La imagen de Micerinos recuerda la de las Tríadas por seguir el mismo estereotipo de representación, pero esta vez, el rey adorna su cabeza con un Klaft o nemes y viste una faldilla sin pliegues (¿no terminada?). La actitud y pose es similar. Le acompaña una figura femenina de casi igual altura que podría ser su esposa o su madre, descartando que sean la diosa Hathor o un nomo puesto que no lleva ningún atributo que les identifique como tales. Desgraciadamente la peana carece de la inscripción que nos aclare quién es esta figura femenina que le acompaña.

Por la actitud cariñosa de la mujer, que se demuestra en el abrazo, se ha supuesto que podría ser Khamerer-nebty, una de sus esposas, pero también hay quien defiende que fuera su madre (del mismo nombre), puesto que era frecuente que las madres del faraón se representaran acompañando a su hijo a la otra vida. El hecho de que el pie izquierdo de la mujer esté en posición de avance, aunque no tan adelantado como el del faraón, hace suponer que ella está subordinada a él. Pero al mismo tiempo, la postura imitando deliberadamente a la de la diosa Hathor en una de las triadas, parece sugerir protección o quizás legitimación del faraón por la línea matriarcal de descendencia.

Esta imagen de perfil y desde atrás del bloque de la Díada de Micerinos nos permite mejor entender la forma de esculpir del artista egipcio.

Otras imágenes de Micerinos encontradas en su complejo funerario.

Fragmento de cabeza de Menkaura, posiblemente como joven príncipe. Templo del Valle. Dimensiones: alto 29.2 cm, ancho 19.6 cm, profundidad 21.9 cm. Alabastro. Museum of Fine Arts, Boston.

Más sobre Egipto en este blog.

---- Indice de Egipto

12 Mayo 2013

La Galeria Espai G d'Art de Tarrasa (Barcelona) expone hasta el 31 de Mayo de 2013 algunas de las últimas obras de la pintora Alejandra Caballero agrupadas con el título de Momentos Íntimos.

En el catálogo que os ofrezco a continuación podéis ver  los cuadros que recoge la muestra.

A pesar de los años que sigo a Alejandra Caballero todavía me conmueve la sencillez de su trabajo. Que nadie se equivoque, cuando digo que sus cuadros son sencillos, no quiero decir que sean simples. Todo lo contrario, en la sencillez está la esencia del buen pintor, puesto que no es fácil saber prescindir de lo superfluo y quedarse con los momentos que merecen la pena, aquellos que hablan de nuestro ser. En sus cuadros no importan los detalles que recreen objetiva y minuciosamente todo tal como es o como fue, sino la imagen que dejaron en nuestra mente, el instante de una realidad tamizada por el recuerdo.

Alejandra Caballero. De Buena mañana. Óleo sobre lienzo, 35 x 60 cm.

Aunque su obra puede ser considera realista, porque es figurativa, sus cuadros no narran una realidad tal y como sucedió, sino tal y como la sintió. Es una realidad subjetiva y selectiva. Son sólo sus recuerdos, nuestros recuerdos, donde las formas se difuminan y sólo tiene importancia nuestro ser como perceptor de aquello que vivimos.

Alejandra Caballero. Balcón a un  jardín. Óleo sobre lienzo, 81 x 54 cm.

Porque de nuestra habitación sólo recordamos la luz que nos envolvía como en un mar azul. Del comedor luminoso una mesa con un mantel blanco y un plato. Del largo pasillo los dibujos de las baldosas del suelo que excitaban nuestra fantasía infantil. De aquella noche, que se convirtió en madrugada, la sensación de sentir la soledad apoyados en la barra de aquel bar...

Alejandra Caballero. Habitación azul. Óleo sobre lienzo, 84 x 65 cm. Detalle.

Los cuadros de Alejandra Caballero tratan de gente común, a menudo mujeres o niños, captada en momentos cotidianos de disfrute del instante. El verdadero tema de sus cuadros no se esconde en elegantes vestidos, o minuciosos objetos decorativos, sino en la sensación que nos dejó en nuestra mente un momento vivido con conciencia. Una sensación que todos alguna vez hemos experimentado. En la mujer que se pinta los labios ante el espejo o en la que tranquilamente se pone cómoda al llegar al hotel descubrimos el gozo de lo cotidiano.

Alejandra Caballero. Rouge Allure. Óleo sobre lienzo, 50 x 50 cm.

Sus escenas trasmiten una paz interior y serenidad que ensalzan los aparentemente insustanciales actos del día a día. Los que realizamos todos y que a menudo no recapacitamos en ellos. Sus cuadros recuerdan las palabras del maestro zen Thich Nhat Hanh en " El Milagro de Mindfulness "

"...Mientras aún estés en la cama, empieza poco a poco a seguir la respiración de manera lenta, larga y consciente. Levántate después lentamente de la cama (en lugar de saltar de ella como de costumbre) alimentando la conciencia con cada movimiento. En cuanto te hayas levantado, cepíllate los dientes, lávate la cara y haz todas tus actividades matutinas de una forma tranquila y relajada, siendo plenamente consciente de cada uno de tus movimientos. Sigue la respiración, obsérvala y no dejes que tu mente se distraiga. Ejecuta cada movimiento con calma. Cuenta tus pasos de manera lenta y silenciosa. Mantén una ligera sonrisa en el rostro.

Alejandra Caballero. Habitación de Hotel. 2011. Óleo sobre lienzo, 81x100 cm.

Pásate al menos media hora tomando un baño. Lávate con lentitud, sabiendo que lo estás haciendo, para que al terminar te sientas ligero y fresco. Después, si lo deseas puedes hacer tareas domésticas como lavar los platos quitar el polvo de las mesas y limpiarlas, fregar el suelo de la cocina y arreglar los libros de las estanterías. Sea cual sea la tarea que realices, hazla lentamente y con calma, sabiendo que la estás llevando a cabo, en lugar de intentar sacártela de encima cuanto antes. Decide hacerlo todo de manera relajada, poniendo toda tu atención en ello. Disfruta de la tarea y sé uno con ella. De lo contrario el día de plena conciencia no tendrá ningún valor. La sensación de que una tarea es un fastidio desaparecerá pronto si la realizas siendo consciente de ella."

Alejandra Caballero. Peinándose. Óleo sobre lienzo, 80 x 80 cm.

Blog y contacto con la pintora.

http://www.alejandracaballero.com/

http://alejandracaballerosantamaria.blogspot.com/

Otros artículos de Alejandra Caballero en este  blog:

15 Abril 2013

"Los sumerios, una cultura de ciudades y letras, que vivieron entre techos y textos para armarse contra el mundo."

La Obra Social ”la Caixa” ofrece un viaje en el tiempo y el espacio para descubrir la cultura mesopotámica, cuna de la civilización, en la exposición "Antes del Diluvio, Mesopotamia, 3500-2100 a. C." que se celebra del 27 de marzo al 30 de junio de 2013.

La exposición está pasando un poco desapercibida, tal vez porque no aporta grandes piezas, de esas espectaculares que permitan hacer llamativa la muestra, pero para mi gusto es la mejor que se puede ver en Madrid en estos días. El interés que me suscita radica en el esfuerzo verdaderamente didáctico que se ha hecho para acercar al gran público los distintos aspectos de la cultura que se desarrolló en las llanuras aluviales del Tigris y el Éufrates en los milenios IV y III a. C. El conjunto reunido es único y está bien expuesto. Son cerca de 400 pequeñas piezas procedentes de treinta y dos museos y coleccionistas de todo el mundo: estatuas, cerámicas, sellos cilíndricos, tablillas con textos en cuneiforme, joyas, objetos rituales y símbolos. La muestra supera los tópicos y presenta las investigaciones más recientes en torno a ese periodo. Finalmente, el conjunto se completa mediante otros medios como entrevistas filmadas y reconstrucciones en 3D, así como a través de obras de artistas contemporáneos, fotografías y filmaciones que son testimonio de la fascinación que todavía suscita esta civilización.

En este vídeo podemos ver un resumen visual de algunas de las piezas más interesantes.

Contexto  histórico-geográfico de sumerios y akadios.

Hace unos 5.500 años, en lo que hoy es el sur de Iraq, los pueblos mesopotámicos que hablaban sumerio y acadio crearon las primeras ciudades, en un espacio fértil y al mismo tiempo inhóspito, las zonas bajas e inundables del Éufrates y el Tigris. Todo parece indicar que, más que un pueblo con unas características étnicas, lingüísticas y culturales propias, en Mesopotamia convivieron tribus de distintas procedencias con lenguas y tradiciones diversas. No se sabe si los sumerios fueron un pueblo, procedente de la India o de Arabia, que se instaló en el fértil delta, o si, en tanto que pueblo o etnia, nunca existieron, sino que lo que hubo fue probablemente distintas tribus, asentadas en dicho territorio desde la prehistoria, que hablaban varios idiomas, entre ellos el sumerio y el acadio.

En lo que sí están de acuerdo los estudiosos es que la cultura urbana nació allí antes que en cualquier otro lugar del mundo, como demuestran los restos de la ciudad «sumeria» o «pre-sumeria» de Uruk. Con la primera ciudad, Uruk, se creó la primera red de comunicaciones, con sus vías y canales; se desarrollaron las jerarquías sociales y la división del trabajo, el capitalismo; surgió un poder fuerte (monárquico o imperial); se ideó la escritura, el cálculo, las unidades de medida del tiempo y el espacio, el valor de los bienes y el derecho..., manifestaciones culturales a través de las cuales el ser humano se fue desmarcando de la naturaleza, al mismo tiempo que la dominaba.

Tras la caída de Uruk, hacia el 2900 a. C., un buen número de ciudades-estado independientes crecieron en las riberas sureñas de los ríos Tigris y Éufrates, y en las marismas del delta. Quinientos años más tarde fueron unificadas en un primer imperio, el acadio, con su capital, Acad, asentada quizá en la actual Bagdad. De corta duración, fue reemplazado por un segundo imperio, llamado de Ur III —en el que la lengua de culto (y ya no habitual) volvió a ser el sumerio en vez del acadio—, gobernado desde la ciudad sureña de Ur.

ÁMBITOS DE LA EXPOSICIÓN

La exposición se divide en varios ámbitos o hilos argumentales que voy a sintetizar en cuatro partes.

1. Sobre el mito de la creación del mundo.

Comienza la exposición intentando explicarnos cuál era la explicación mágica que se dieron los sumerios sobre todo lo que les rodeaba y, por supuesto, en primer lugar, sobre el origen de su mundo. Los textos y los objetos rituales muestran: el origen divino de la ciudad, el enfrentamiento entre los dioses primigenios y las nuevas deidades, la creación de la humanidad, el mito del Diluvio, la reconstrucción de la Tierra y el nacimiento de la cultura como consecuencia de un pacto entre dioses y hombres.

Figuras fundacionales. La del centro es la de Ur-Namma con un cesto. Mesopotamia, ca. 2112-2095 a.C. Aleación de cobre | 27,3 cm. The Metropolitan Museum of Art, Nueva York, obsequio de Mrs. William H. Moore, 1947. © The Metropolitan Museum of Art/Art Resource/Scala, Florence, 2012

Relatos míticos contaban lo que aconteció en los inicios. Todos coincidían en que la vida se originó en una ciudad. Tras la creación, el universo había quedado inconcluso. Le faltaba vida. El mito del Paraíso sumerio cuenta que la tierra no poseía lo necesario para ser habitable. Los canales no acarreaban agua, el territorio no estaba parcelado y las ciudades no poseían murallas nítidamente trazadas. La creación del mundo tuvo que ser completada y corregida. Esta tarea incumbió al dios Enki. Los seres humanos, alentados por Enki, proseguirían con el trabajo.

Cabañas de las marismas del delta del Éufratres-Tigris. Ursula Schulz-Dornburg. Vanished Landscapes, detalle, 1980/2006. Series fotográficas sobre papel | Dimensiones variables. Colección de la artista. © Ursula Schulz-Dornburg

Enki era el ‘señor’ (EN) de la ‘tierra’ (KI). La tierra sobre la que reinaba era la tierra de las marismas del delta del Tigris y el Éufrates: una tierra cargada de limo. Fue una divinidad favorable a los humanos, a los que enseñó la agricultura y las artes para sobrevivir a las inclemencias venidas siempre del Cielo. Su símbolo era el toro.

Sello cilíndrico con escena de siembra. Período acadio, ca. 2200 a.C. Concha | 3,3 cm × Ø 1,7 cm © Visitors of the Ashmolean Museum, Oxford.

  • 1. El toro, emblema de fertilidad. Los toros vagaban por marismas y deltas. Su potencia sexual era legendaria. Se decía que los dioses creadores, en forma de toro, como Enki, habían llenado el curso de los ríos Tigris y Éufrates con su semen. La tierra daba frutos cuando toros tiraban del arado: su paso por la tierra mágicamente la fertilizaba. En el Mediterráneo, el toro era el animal más poderoso. Superaba en fuerza al león y al oso. Por ese motivo, era el emblema de los dioses creadores, que se manifestaban en forma de toro, y de todas las cosas poderosas, desde las ciudades santas hasta los ríos que bramaban. Una tiara hecha de cuernos de toro superpuestos distinguía a los dioses de los humanos.

El toro de Enki, finales del III milenio a. C..

  • 2. La creación del hombre (y su destrucción). Al concluir la Creación, el dios del Cielo y sus hijos se aposentaron en lo alto. Mientras, los dioses más antiguos, los Igigi, tenían que cuidar de la tierra y los canales. Se cansaron, se sublevaron. El Cielo buscó una solución. Enki cogió barro de las Aguas de la Sabiduría y moldeó siete figuritas que insertó en el vientre de su madre, la diosa-madre, donde fueron gestados. Los humanos fueron asignados al cultivo y el riego de la tierra, para producir alimentos con los que ofrendar a los dioses. Se multiplicaron. El Cielo decidió limitar su número porque competían con los dioses y desencadenó un diluvio. El dios Enki, amante de los humanos, ordenó a un sabio construir un arca y proteger a ejemplares de todos los seres vivos. Las aguas anegaron el mundo. Al séptimo día, la lluvia cesó. El arca se detuvo. Los seres vivos descendieron y repoblaron la Tierra, y fueron perdonados por el Cielo.
Vasija votiva en forma de embarcación. Templo, montículo V, Bismaya (la antigua Adab, Irak). Período tercera dinastía de Ur, 2112-2004 a.C.). Yeso | 14,5 × 22,5 × 8,3 cm. Oriental Institute Museum, Chicago. © Oriental Institute of The University of Chicago.

2. Las ciudades, el símbolo de la civilización.

La ciudad era una creación divina. La suerte de la ciudad dependía de la presencia del dios tutelar. Los dioses escogían el emplazamiento, ordenaban la fundación e incluso participaban en la construcción de templos y palacios. La creación de la ciudad fue una manera de romper con la naturaleza: un espacio ideal, ordenado por los dioses. En frente estaba la naturaleza que era pasto de monstruos y de fieras, y necesitaba ser intervenida. La ciudad no brotaba de la tierra, sino que la explotaba y se defendía de ella. La ciudad era la antítesis de la naturaleza: un lugar de convivencia. Los salvajes siempre vivían solos, en los riscos y los desiertos; por el contrario, los ciudadanos, (bien) vestidos, formaban comunidades y se regían por asambleas. La civilización en Súmer, en definitiva, existía porque existían las ciudades: centros de orden, poder y legalidad, desde los que se daba fe de lo que acontecía. Los seres humanos a través de su vida en las ciudades dominaban la naturaleza, pero también se daban la jerarquía para que los trabajos tuvieran un orden, por lo que surgieron los reyes/sacerdotes o patesis que les dirigían.

La ciudad de Khafaje, mediados del III milenio. Reconstrucción virtual del Templo Oval. © Luis Amoros y Miguel Orellana (404 Arquitectos), Barcelona y Vancouver, 2011.

Súmer se desarrollará como un conjunto de ciudades-estado en la baja Mesopotamia. La más antigua, Uruk, llegó a tener, ya en el IV milenio a. C., entre 35.000 y 80.000 habitantes; y la ciudad de Ur — donde según algunas leyendas habría nacido el bíblico Abraham—, entre 200.000 y 350.000 habitantes. Fue la ciudad más poblada del mundo hasta Roma, 2.000 años más tarde. Estas ciudades-estado estaban unidas por carreteras por las que circulaban mensajeros reales que disponían de postas en las que descansar, y por canales de regadío, por los que también se podía navegar en barcas de remo o a vela.

Reconstrucción virtual del Templo Blanco de Uruk, tal como debía mostrarse a mediados del IV milenio. Reconstrucción (3-D). © Luis Amoros y Miguel Orellana (404Arquitectos), Barcelona y Vancouver, 2011.

Las tareas de construcción incumbían a seres superiores: divinidades y reyes. En ocasiones, éstos colaboraban. Una vez iniciada la obra, los dioses responsables engendraban a divinidades menores que asumían trabajos muy específicos, desde el cuidado del fuego hasta la fabricación de los ladrillos. Nada se decía de los verdaderos artífices de las obras, los «arquitectos» o los constructores. Eran sólo peones. La razón de esas creencias residía en la importancia que se concedía al acto de edificar. La elevación de un edificio se asemejaba a la creación del mundo. El patesi Gudea de Lagash fue el mejor ejemplo de constructor/promotor y por ello aparece representado en numerosas obras ofreciéndose a los dioses.

Estatua del príncipe Gudea rezando. Girsu, actual Tell-Telloh (Irak). Período del reino de Gudea (2130 a.C.). Museo del Louvre.

Los rituales de fundación tenían mucha importancia y nos han dejado numerosas muestras arqueológicas. La obra, a punto de iniciarse, iba a robar una parte del espacio de los dioses del inframundo. Había que honrarles y comprar su benevolencia a fin que no echaran abajo los muros que se iban a levantar. El primer ladrillo era especial. Lo moldeaba el mismo rey, añadiendo leche, miel o cerveza. Textos con la descripción del ritual seguido, himnos en honor de los dioses y maldiciones contra los demonios eran escritos o inscritos en una de las caras.

Tablillas fundacionales de Il (monarca o ENSI de la ciudad de Umma), ambas con la misma inscripción dedicada a la diosa ∂TAG.NUN. Período presargónico, ca. 2430 a.C. © Oriental Institute of The University of Chicago.

El rey era representado transportando el primer ladrillo o cesto sobre su cabeza en señal de sumisión. También se hincaban unos pesados «clavos de fundación», quizá para ahuyentar a los malos espíritus, en las zanjas de los cimientos. A fin de proteger la obra, se distribuían fetiches de terracota en el interior de los muros: seres guardianes fabulosos que ahuyentaban el mal de ojo, así como «ídolos-ojo». Un elemento constructivo cubría una doble función práctica y mágica: el gozne de las puertas que daban al exterior. Fórmulas rituales se inscribían en la parte superior de la piedra para detener a los malos espíritus. Por fin, al concluir la obra, unos clavos de terracota se hundían en los muros: eran documentos de propiedad.

Cono de arcilla de Ur-Ba'u con inscripción Lagaš (Irak). Período segunda dinastía de Lagaš. Arcilla | 14,9 × 6,3 cm | © Trustees of the British Museum, Londres.

Se realizaban planos (plantas, alzados, detalles) casi siempre sobre tablillas de arcilla secadas al sol. Los sistemas de representación eran los mismos que hoy: proyecciones ortogonales, acotadas, aunque la escala no estaba indicada. Se han encontrado proyectos de ciudades, vías y canales, edificios públicos y privados, de viviendas modestas incluso. Las líneas se trazaban con un punzón sobre una superficie húmeda de arcilla, con la ayuda de una regla y un cartabón. Las formas y el emplazamiento de los elementos (muros, por ejemplo) se indican mediante el trazado de los contornos.

Plano de una casa. Adquisición sin datar, ca. 2000 a.C. Ceramica | 11,4 × 12,2 × 2,6 cm. Vorderasiatisches Museum, Staatliche Muséen zu Berlin. © Staatliche Muséen zu Berlin, Foto: Olaf M. Tessmer.

Los hogares se estructuraban alrededor de un espacio central, cubierto o al aire libre. En la planta baja se disponían talleres, la cocina y aseos. Las estancias privadas y los dormitorios se ubicaban en el primer piso. Escaseaban los muebles; no así cestos y cajas. Bajo la vivienda, se hallaban las tumbas de los familiares, niños, sobre todo. La casa acogía a generaciones pasadas y presentes.

Una pesa con forma de pato.

Estructurar y dividir el espacio era una actividad esencial. Aportaba seguridad física y psíquica. Para eso, fue necesario que el rey Šulgi (2094-2047 a. C.), de la tercera dinastía de la ciudad de Ur, unificara las distintas unidades de peso y de medida empleadas por las ciudades, a fin de poder organizar todo el Imperio neosumerio. La base era sexagesimal: aún hoy, el tiempo se divide en sesenta unidades. Las compraventas se efectuaban mediante el uso de plata en tiras dispuestas en espiral, que se portaban como brazaletes. Éstos se cortaban y se pesaban gracias a pesos calibrados en forma de animales. Unos diez gramos de plata permitían adquirir una tonelada de cereales.

Espiral de plata usada como moneda de cambio.

La escritura fue otro medio para apartarse de la naturaleza y crear un mundo propio, controlable por el hombre. Parece que fue inventada en el sur de Mesopotamia, a mitad del IV milenio a. C. La escritura mesopotámica, al igual que la egipcia, fue, en sus inicios, parcialmente pictográfica: los signos gráficos más comunes reproducían los rasgos más característicos de las cosas más habituales designadas. La escritura se habría inventado no para anotar lo visible, sino para acercarnos a lo invisible. Habría servido para otear el destino, una manera de exorcizar temores y esperanzas, de mediar con lo desconocido.

3.- La ciudad de Ur.

Ur se asentaba cerca del delta del Tigris y el Éufrates. Pudo incluso haber sido fundada en medio de las marismas, hoy retiradas por la bajada del nivel del mar. Canales de comunicación habrían atravesado la ciudad, uniendo dos puertos fluviales. Una extensa área sagrada y palaciega rodeaba la pirámide escalonada del zigurat. El tejido urbano, muy denso, se asemejaba al de un casco antiguo de una ciudad mediterránea. La trama seguía las primitivas vías procesionales que unían distintos santuarios. En el centro de Ur, hace 4.500 años, se ubicaron tumbas reales subterráneas (bien conservadas aún hoy), cerca de las cuales, 500 años más tarde, el rey Ur-Nammu mandó erigir el primer zigurat de la historia. La descomposición del burocrático imperio de Ur III, a finales del III milenio a. C., selló el fin del sur de Mesopotamia. Desde entonces y hasta la invasión árabe, en el siglo VII d. C., los centros de poder se desplazaron hacia el norte (Babilonia, Assur, Nínive) y el este (Persépolis). La ciudad fue abandonada en tiempos de Alejandro (siglo IV a. C.).

Reconstrucción virtual de la ciudad de Ur, tal como podía aparecer a finales del III milenio, situada en un paisaje marismeño, bordeada por el río Éufrates y un canal artificial. En primer término, uno de los dos hipotéticos puertos fluviales, no lejos del recinto sagrado dedicado al dios luna Nanna o Nannar. Reconstrucción (3-D). © Luis Amoros y Miguel Orellana (404Arquitectos, Barcelona y Vancouver, 2011-2012).

El templo era la casa de la divinidad. Eran organismos vivientes, comparados a montañas que llegaban al cielo, árboles cósmicos o columnas que unían el cielo y la tierra. Los templos apuntaban hacia determinadas constelaciones, manifestaciones de divinidades benéficas, como la Osa Mayor, o la estrella matutina. Una muralla aislaba el santuario, el cual comprendía las moradas de los dioses y de los sacerdotes, archivos, escuelas, almacenes, y talleres artesanos. Los humanos, salvo sacerdotes y reyes, tenían vetada la entrada. La divinidad estaba presente a través de la estatua de culto. El clero la alimentaba y la vestía diariamente. A partir del 2100 a. C., el santuario incluyó una pirámide escalonada, el zigurat, coronada por una capilla que ocupaba la divinidad cuando descendía a la tierra.

El zigurat de Ur según la maqueta de la exposición.

El zigurat era la mítica cumbre montañosa que salvó a la humanidad de ser ahogada bajo las aguas que cubrían el resto de la tierra castigada por el Diluvio, y que detuvo el curso errático del arca en la que se habían refugiado el sabio Utnapištim (el Noé sumerio) y representantes de todos los seres vivos: descendieron y repoblaron la tierra. La cumbre redentora recibía el nombre de zigurat, que significaba ‘construcción en lo alto’. El zigurat recordaba en la ciudad los peligros de los diluvios, pero también infundía confianza: refugiados en lo alto, los humanos podían sobrevivir. Los dioses también se beneficiaban del zigurat: les evitaba pisar la tierra embarrada cuando descendían hacia el mundo de los hombres, y descansaban en el santuario que coronaba aquél, evitándoles los peligros mortales del espacio humano.

El zigurat de Ur reconstruido en su primer piso.

Los templos albergaban estatuas de culto, pero no se han encontrado. Quizá estuvieran hechas de madera, revestidas de tela y ornadas de joyas, por lo que no se han conservado, puesto que el clima en Súmer era muy húmedo. Los orantes de piedra podían ser efigies divinas, pero es probable que representaran a seres humanos. Se depositaban a los pies de la estatua de culto, para que el dios los protegiera. Las manos juntas expresaban sumisión y piedad ante los dioses, o respeto ante los reyes, y las orejas exageradas, la adquisición de la inteligencia en contacto con la divinidad: el hombre sabio era todo oídos.

Estatua masculina de pie. Khafaje (Irak), templo de Nintu, nivel V. Período dinástico arcaico II, 2650-2550 a.C. Calcita o yeso, con incrustaciones de concha y masilla de bitumen | 26 × 12 × 6,5 cm | Penn Museum, Filadelfia. © University of Pennsylvania Museum of Archaelogy and Anthropology.

Las tumbas sumerias solo contenían un pobre ajuar funerario, signo de la misérrima «vida» que aguardaba al difunto. Un huevo de avestruz, no obstante, quizá suplicara un posible renacer. Las tumbas reales de Ur, del 2500 a. C., contenían, por el contrario, tesoros de oro y plata. Mas éstos no habían sido depositados para hacer la «vida» en el más allá placentera, sino que tenían que servir para comprar la benevolencia de los poderes infernales, lo que expresaba el terror ante una vida espectral.

Corona o tocado. Ur (Irak), tumba particular 800, cuerpo #1. Período dinástico arcaico IIIa, 2600-2450 a.C. Oro, lapislazuli, cornalina | 40 × 5 cm. Penn Museum, Filadelfia. © University of Pennsylvania Museum of Archaelogy and Anthropology.

4.- La otra exposición.

Además de las piezas sumerias, la exposición incluye algunas obras contemporáneas, fotografías y filmaciones que son testimonio de la fascinación del viaje a las fuentes de la cultura, o de lo que quede de ella: la serie de fotografías Mesopotamia de Ursula Schulz-Dornburg, el vídeo Shadow Sites II de Jananne Al-Ani, y Escultura de arena, una fotografía de David Bestué.

Vídeo Shadow Sites II de la videoartista y fotógrafa iraquí Jananne Al-Ani. Premio de la Bienal de Venecia. Está hecho por una serie de imágenes aéreas y satélites del desierto iraquí.  Escudriñando el territorio árido, se muestra intervenido por el devenir humano. La obra adquiere cierta evocación pictórica, escultórica también.

La muestra se complementa con documentación tal como ejemplares de textos árabes desde el siglo IX y cristianos desde el siglo XVI hasta los años treinta del siglo pasado, de viajeros que recorrieron, a partir del siglo XII, el sur de Mesopotamia. También se han incluido entrevistas filmadas a expertos en el arte sumerio, así como un diario de viaje filmado durante una visita a seis yacimientos sumerios (Ur, Uruk, Eridu, Tello, Tell al-’Ubaid y Kiš), en octubre y noviembre de 2011, a cargo de un equipo de la Universitat Politècnica de Catalunya y la Universitat de Barcelona junto a arqueólogos iraquíes, profesores de las universidades de Bagdad y de Samawa, y policías y militares.

Por último, el espectador podrá encontrar varias reconstrucciones virtuales en 3D elaboradas expresamente para la exposición y que recrean la ciudad de Ur y el Templo Blanco de Uruk, entre otros, así como una maqueta de la ciudad de Ur y un cortometraje de animación.

3 Abril 2013

Las pirámides son los monumentos más espectaculares de Egipto, pero esto es decir poco, son el símbolo de esta civilización y uno de los logros arquitectónicos más excepcionales de la historia de la humanidad. Desde sus orígenes han ejercido una fascinación mágica sobre todos los que las contemplaron, pero especialmente sobre científicos y arqueólogos..., y también sobre aventureros y soñadores de cualquier índole. La mayoría de ellas se construyeron en tan sólo nueve siglos, entre la Dinastía III y la Dinastía XII  (entre 2686-1786 a. C.), y las más imponentes de todas, las que se ubican en la necrópolis de Gizeh o Guiza, se construyeron en tan sólo setenta y cinco años (entre 2589-2514 a. C.), concretamente en los reinados de Keops (Quéope o Jufu) y sus hijos Kefrén (Quefrén o Jafra) y Micerino (Menkaura).

Como quiero hacer una estudio extenso de lo que nos podemos encontrar en Gizeh y puede que este artículo se hiciera interminable, voy a dividirlo en tres partes:
  • (I) La pirámide Keops y su recinto funerario (en este artículo, junto con la presentación de la meseta de Guiza).
  • (II) La pirámide de Kefrén y su recinto funerario. La Esfinge.
  • (III) La pirámide de Micerinos y su recinto funerario. Los barrios de los obreros y las canteras.
Sirva como aperitivo esta presentación en la que podemos contemplar con todo esplendor la majestuosidad de este conjunto arqueológico único. Recomiendo abrirla a pantalla completa para disfrutar de las vistas.

La idea de la pirámide y del complejo funerario. Las necrópolis.

La primera pirámide con su complejo funerario se erigió en Saqqara, la primera necrópolis importante de Menfis, la capital del Egipto unificado. Fue en tiempos del faraón de la III Dinastía,  Zoser (Djeser o Dyoser o Necherierjet) hacia el 2667 a. C. El modelo era novedosos puesto que por primera vez el faraón sobresalía sobre sus súbditos, que seguirían enterrándose en mastabas. Se trataba realmente de una serie de mastabas superpuestas o escalonadas que hacían sobresalir en altura la tumba del faraón (hasta 70 metros). En los años sucesivos y en otras necrópolis de Menfis como Dahshur, la pirámide escalonada fue evolucionando hasta dar lugar a "auténticas pirámides o con lados inclinados, que en otro momento podríamos analizar. No insisto más en la evolución de la arquitectura funeraria puesto que ya lo he tratado en otro artículo.

Primera pirámide o pirámide escalonada de Zoser en Saqqara.

La pirámide era sólo una parte, la tumba, del complejo funerario. También había templos para dar culto al faraón muerto, otros enterramientos de familiares y altos funcionarios, embarcaderos, avenidas procesionales y recintos diversos... Con el paso del tiempo surgirían en una franja de unos 40 kms de distancia en torno a Menfis auténticas ciudades funerarias (necrópolis) con las pirámides en el centro. Entre ellas destacan entre otras, y de norte a sur, las necrópolis de Abu Rawash, Gizeh, Abusir, Saqqara, Dashur y Meidum.

Las principales necrópolis y monumentos funerarios en torno a Menfis.

La meseta de Gizeh. La elección de Keops.

El faraón Snofru (Sneferu), fundador de la IV Dinastía, tuvo bastantes problemas para construir estable su pirámide en el nuevo emplazamiento de la necrópolis real de Dashur (hacia el 2613-2599 a. C.). Probablemente eso indujo a su hijo Keops (2589-2566 a. C.) a buscar un nuevo emplazamiento para su propia pirámide.

Pirámide de Snofru en Dashur. Una inadecuada cimentación hizo que estuviera a punto de desmoronarse este segundo proyecto de pirámide de Snofru como una primera que intentó en en Meidum. El arquitecto tuvo que rectificar el ángulo de inclinación de los 54º iniciales a los 43º, dando lugar así al inconfundible perfil de la "pirámide acodada" o "romboidal".

El nuevo lugar de enterramiento debía tener una serie de requisitos topográficos y logísticos:

  1. Debía estar cerca de la ciudad en la que se ubicaba la corte, Menfis, para que pudiera ser admirada. La razón es que este tipo de tumba además de tener la finalidad funeraria, debía cumplir una función política fundamental: demostrar la grandeza del faraón allí enterrado a sus súbditos, a los faraones venideros y, en definitiva, a toda la humanidad presente y por venir.
  2. Debía estar en la orilla oeste del Nilo, para que al ponerse el sol se produjera el espectáculo simbólico-religiosos en que se unían el astro y el faraón al que ya se le tenía como la encarnación del mismo Ra (dios sol). El nombre egipcio de la pirámide Ajet-Jufu ("el horizonte de Jufu") hace alusión al hecho de que era en su ápice donde los últimos rayos del sol se ocultaban formando una especie de rampa por la que el soberano y el astro ascendían hasta el cielo. Por otro lado, el ápice de la pirámide era el sitio donde se recogía el primer rayo de sol y desde donde el faraón salía en forma de sol.

Puesta de sol tras la pirámide de Kefrén donde casi se puede ver el efecto relatado. Siento no haber podido encontrar una imagen mejor para ilustrarlo.

  1. Además, el recinto funerario debía estar cerca del Nilo, para facilitar la labor de acarreo de aquellos materiales para su construcción que venían de lejos y de todos aquellos productos necesarios para la vida de un poblado de obreros de decenas de miles de personas. Si se necesitaba estar cerca del río, a su vez, debía elevarse a una altitud suficiente para que no le alcanzara la inundación anual ni a la base de los edificios como a las posibles dependencias subterráneas que se realizarían (la Gran Pirámide tiene una sala a más de 20 metros de profundidad de la base).
  2. Debía ser construida sobre un suelo estable. Es decir, debía tener unos cimientos de roca capaces de soportar las toneladas que recibirían encima.
  3. Tenía que estar cerca de canteras donde se obtuviesen gran parte de las piedras que se utilizaran en su construcción. A ser posible, las canteras de donde se extraían los sillares de caliza que constituirán la estructura debían estar al lado para facilitar tan basta obra. Otra cosa podía ser las canteras de materiales más especiales con los que se pensaba revestir la pirámide (la caliza blanca de Tura a pocos kilómetros al sur y en la orilla este del Nilo o el granito de la gran cámara de Asuam).
Gizeh desde el sur. En la foto se puede diferenciar claramente el nivel de inundación del río y el páramo calizo que queda fuera de ella donde el desierto es el amo y se ubicaron las necrópolis de Menfis.

El monarca se decidió por un páramo o mesa caliza llamado Gizeh, a 40 m de altitud en los cerros de Mokkatan, en el borde del desierto de Libia que se asoma sobre el Nilo. Actualmente es una barriada suburbial a unos 12 km del centro de El Cairo y a unos 20 kilómetros al norte de las ruinas de la antigua capital Menfis. El aspecto actual del lugar es el resultado de la configuración natural del terreno combinada con la acción del hombre, especialmente por su extracción de la piedra caliza del lugar, abundante en fósiles, que se utilizaba como material de construcción para pirámides y mastabas, y con su colmatación del yacimiento mediante los desechos de los constructores.

Vista del perfil del cerro o mesa de Gizeh en relación a la vega del Nilo y, debajo, de la ubicación topográfica del yacimiento. Ese puede apreciar el ancho wadi que sirvió como zona portuaria para recibir materiales.

El sitio se divide naturalmente en dos zonas elevadas bien definidas, puesto que las separa un ancho wadi que en su momento sirvió para canalizar las aguas del Nilo hasta allí y poder crear un pequeño puerto donde recibir materiales desde el río. En la zona norte se situaría el espacio noble de las pirámides de los faraones, la Esfinge, los templos y las mastabas de los altos funcionarios del Imperio Antiguo y al sur, sobre los montículos del sudeste, tumbas particulares y los poblados de los obreros que trabajarían en las obras.

Reconstrucción de la ubicación de Gizeh durante la construcción del complejo funerario de Keops. La cantera podría estar donde luego se ubicaría la zona templaria de Kefrén con su Esfinge.

La obra pudo comenzar sólo después de que el arquitecto hubiera terminado el plano y calculado la cantidad de materiales y hombres necesarios para la construcción. El suelo también debía nivelarse antes de que los astrónomos fijaran de forma precisa la orientación de los lados de la pirámide en relación con los puntos cardinales.

La Gran Pirámide de Keops. Datos. El exterior.

No entraré en los problemas técnicos y de organización que entrañaban la construcción de estas edificaciones que tanta literatura ha generado. Me limitaré al análisis formal de lo encontrado, desde un punto de vista arqueológico y artístico.

La Gran Pirámide de Keops fue la primera en ser construida sobre esta plataforma de Gizeh. Fue terminada en torno al 2560 a. C., pudiendo tardar en su edificación entre 10 y 20 años. Se atribuyen los trabajos al arquitecto Hemiunu, que tiene una mastaba en la necrópolis aledaña en donde atestigua en inscripciones que trabajó en la obra para Keops.

1. Dimensiones y magnitudes colosales. Es la mayor pirámide construida jamás en Egipto. Tiene una planta cuadrada de 230,38 m de lado, con una desviación media de 11 cm como máximo entre los lados paralelos que queda reducida a sólo 2,1 cm al nivelar la altura. La gran pirámide de Keops medía, originalmente, 146,6 m de altura, pero actualmente carece de la punta con el piramidón, por lo que pierde unos 10 m de altura. Para la construcción de esta tumba gigantesca se emplearon como material principal 2,5 millones de bloques de caliza numulítica local, con un peso de 2,5 toneladas como media, apilados en 210 hileras. Otros sillares como los del granito rojo traídos de Assuam para construir la Cámara del rey pesan entre 15 y 60 toneladas. Yo creo que con estos datos ya podemos hacernos buena cuenta del colosalismo de la empresa, tan solo para servir de tumba a una persona. Para más concreción y más medidas se puede consultar esta página.

2. Precisión mágica. Si fascinan las dimensiones de la altura, de su superficie y de la cantidad de materiales empleados, tal vez sorprende más la exactitud en otros cálculos más difíciles de realizar y plasmar en la práctica como el ángulo de su pendiente, de 51º 52´  igual en cada cara, o la alineación casi perfecta hacia el norte verdadero, no el magnético. Hay que tener en cuenta que la pirámide se construyó hace más de cuatro mil quinientos años, cuando los conocimientos matemáticos y de medición estaban en mantillas.

3. Decoración. Apenas se conservan restos de los bloques de caliza blanca que revestían la pirámide, puesto que fueron desmantelados en la Edad Media para servir de material de construcción a los nuevos edificios del cercano El Cairo. Tales bloques daban a las pendientes de la pirámide un aspecto liso y regular y posiblemente contendrían algunos relieves e inscripciones hoy perdidos. Rematando el edificio habría una pieza, conocida como piramidón,

La pirámide de Keops. Su interior.

Para seguir la explicación fíjate en los números entre paréntesis ( ) que hacen alusión a la sección de la pirámide numerada que viene debajo.

La entrada de la pirámide estaba oculta en el cara norte. Hoy se utiliza una galería practicada por los saqueadores de tumbas durante el periodo del califato (2), que parte de un nivel inferior que el de la entrada original (1), hoy obstruida. A través de este pasillo  horizontal se accede al lugar donde encontramos dos posibles rutas: un pasaje que desciende (4) hasta excavar 20 metros en la roca madre y llevarnos a una primera cámara funeraria (5) inacabada (posiblemente la idea inicial de Hemiunu); o, sorteando unos bloques de granito (3) que sellan el pasadizo, se puede ascender durante unos 38 metros hasta otro lugar de bifurcación (6).

La Cámara de la Reina posee una altura de 6,33 m en el vértice donde confluyen los bloques que conforman su techo como a dos aguas. El nicho de la pared en su origen sólo tenía un metro de profundidad, pero ha sido agrandado y excavado más allá por los buscadores de tesoros. En la imagen se puede ver los falsos conductos de ventilación que parten hacia el norte y hacia el sur.

De allí podemos tomar tres posibles direcciones:

  1. 1.- bajar por un pozo utilizado por los constructores de la tumba que lleva hasta casi la cámara subterránea (12);
  2. 2.- seguir ascendiendo por la Gran Galería (9) hasta el corazón de la pirámide; o
  3. 3.- continuar por un pasadizo bajo horizontal (8) que lleva a una segunda cámara, a la que se denomina erróneamente como Cámara de la Reina (7), sin que en ningún caso sea el lugar en el que fue enterrada la mujer de Keops y posiblemente fuera donde se depositó su doble escultórico. De esta cámara salen unos conductos cuadrados (7) de sección de 20 centímetros de lado. Según se ha podido explorar con cámaras dirigidas por robots éstos llevan hasta alguna otra cámara sellada, por lo que se descarta que sirvieran de conductos de ventilación. Éste ha sido el último descubrimiento arqueológico de tan misteriosa pirámide. Podéis ver el vídeo que os ofrezco a continuación que nos permite ver el interior de la pirámide actualmente y los esfuerzos tecnológicos por desentrañar sus lugares ocultos.

La Gran Galería (9) es un monumental pasadizo en pendiente de unos 47 metros de longitud y una altura de 8,5 m. El techo se construyó como una falsa bóveda por aproximación de hiladas. Las enormes dimensiones de la galería se explican por el hecho de que a los lados de la misma se apilaran los sillares necesarios (aproximadamente 25) para tapar la parte inferior del corredor después de enterrar al rey. Las pequeñas ranuras laterales de los muros corresponden a las fijaciones de las poderosas vigas de madera utilizadas para sujetar los bloque se impedir su deslizamiento prematuro.

La Gran Galería con sus muescas laterales y el techo de falsa bóveda.

Un corto y bajo pasillo (11) conduce desde le extremo superior de la Gran Galería hasta la cámara funeraria definitiva o Cámara del Rey (10).  Este pasillo tenía la función de contener tres losas de granito que se desplazaban para cerrar la tumba. Este obstáculo no detuvo a los saqueadores, que agujerearon las piedras. La cámara principal (10,5 x 5,20 m) se construyó íntegramente con granito rojo y está situada a 42 m por encima del nivel del suelo. En esta sala todavía reposa el sarcófago vacío y sin tapa del soberano (2,30 m de longitud). Se introdujo cuando las obras estaban en curso, ya que no habría cabido por ninguno de los pasadizos. Los angostos túneles que salen de las paredes norte y sur, como en la cámara de la reina, podrían ser para aportar aire, pero tienen también una función simbólica: asegurar la ascensión a las estrellas del espíritu transfigurado del faraón. Sobre la cámara se edificaron cinco cámaras de descarga y un techo a doble vertiente para desviar el peso de la piedra. En los bloques de descarga se han descubierto las inscripciones de cantera con el nombre de Keops, que prueban la atribución de la pirámide a dicho soberano.

La cámara funeraria del Rey con el sarcófago de granito.

El recinto funerario de Keops.

A diferencia de la pirámide, los recintos de culto de la parte oriental se conservan peor. Del templo funerario apenas queda el pavimento de basalto negro del patio. Consistía en un edificio de planta rectangular que se unía con el templo del valle o inferior a través de una vía procesional que se dirige hacia el norte durante unos 810 metros. Los restos de la calzada y del templo se han encontrado en la barriada de Nazlet el-Samman.

Actualmente la avenida que une los templos de Keops desaparece al bajar el desnivel de la mesetilla.

Junto al santuario se alzan cuatro pirámides menores o satélites (la última descubierta en 1991, por eso no viene en muchos planos) pertenecientes a reinas. La primera es la tumba de la madre del rey Hetepheres, y cuenta , en la cara sur, con un pozo que alberga la barca funeraria, así como los restos de una cámara en la cara este. La segunda se parece a la anterior y albergaba el cuerpo de la reina Meresanj. La tercera perteneció a la reina Henutsen y de ella se conserva la cámara mortuoria. La cuarta estaba tan destruida que sólo se ha sabido de ella tras una campaña arqueológica, más que una tumba, podría ser el vestidor del faraón fallecido durante el festival.

El recinto funerario junto a la pirámide de Keops. Las necrópolis de tres de sus lados, el templo y la avenida procesional, las pirámides satélites y las fosas de las barcas.

A ambos flancos del templo funerario y al inicio de la deteriorada rampa de acceso al templo se excavaron unos pozos para las barcas. También frente a la cara sur había otros dos pozos que fueron descubiertos en 1954 y que ocultaban todavía las desmembradas barcas funerarias de Keops. Una de ellas se reconstruyó en sus 1224 piezas y se instaló un museo sobre el antiguo pozo. La otra permanece en su foso. El excelente estado de conservación de la mera de cedro, de más de 4500 años de antigüedad, se debe a que las juntas de los 41 bloques de caliza que cubrían el pozo (alrededor de 20 t de peso) se cerraron herméticamente con mortero de estuco. de este modo, la medra quedó aislada de los efectos dañinos de la humedad y de los insectos. La nave de 43 m de longitud, posee un elegante contorno y presenta los extremos de la proa y la popa en forma de flor de loto. Los tablones de la barca se cosieron en hueco con cuerdas resistentes mediante una técnica especial, de tal modo que no hizo falta emplear clavos ni ningún otro tipo de pieza metálica para construir el casco. Unas pequeñas marcas en la parte inferior de los maderos indicaban cómo debían ser colocados. Los enormes largueros de la quilla (23 m de longitud) pesan más de cuatro toneladas. También se encontraron doce remos de grandes dimensiones con palas lanceoladas; los más largos servían de timón. Debajo de un baldaquín soportado por gráciles varas se situó el camarote (2,5 m x 9 m), que consta de dos cámaras. El capitán de la barca disponía de una cabina abierta en la proa.

El recinto de las pirámides refleja el orden social del país, que seguía vigente en al vida del más allá. De acuerdo con el rango divino del soberano, las pirámides sobrepasan en altura cualquier otra construcción. Las sepulturas de las reinas eran mucho más modestas y las de los altos funcionarios, simples mastabas situadas alrededor de la gran pirámide. Durante los reinados de Keops y Kefrén se siguió un plan de ocupación en las distintas secciones de los cementerios. El recinto oriental (este) estaba reservado a los miembros de la familia real. Mientras que el occidental (oeste) correspondía a los cortesanos. La ordenada disposición en calles de las tumbas se distorsionó con la aparición de construcciones anexas de finales del Imperio Antiguo.

Vista del cementerio oeste desde el aire.

Una de ellas, del cementerio occidental, fue la de Hemiunu (G4000) el arquitecto que llevó a cabo la obra. Otra perteneció a Kapunesut Kay (G4651), un sacerdote que sirvió bajo el reinado de los cuatro primeros reyes de la Dinastía V. Se halla decorada con hermosas pinturas que recrean diversas escenas de la vida cotidiana, por ejemplo una procesión de barcas encabezada por el fallecido, una ofrenda y una colección de regalos y, a la izquierda de la entrada de la tumba, la conmovedora escena en la que aparece una mujer abrazando a Kay. La de Senedjemib (G2370) es, tal vez, una de las más importantes.

Entrada a la mastaba de Senejemib Inti.

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La continuación de este artículo

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Otros artículos sobre Egipto en este blog

26 Marzo 2013

Los vasos canopos pueden ser unas de las obras de arte más bellas que tallaron los antiguos egipcios. Por la delicadeza de algunos de estos objetos parece increíble que los dedicaran para ser enterrados en las tumbas y para que nunca fueran contemplados por nadie. De hecho, la finalidad de estos jarrones era contener las vísceras de los individuos extraídas durante el proceso de momificación y que se introdujeran en una cavidad excavada en la pared o en el suelo o que fueran incluidos dentro de una caja, como la encontrada en la tumba de Tuthankamon.

La tumba de Tutankamon nos ofrece un completo ajuar funerario, de una época cercana a la obra principal que analizaremos. En la imagen, el cofre de alabastro con los cuatro vasos canopos de la tumba de Tutankamon. Detrás el templete de oro que los contenía.

Los cuatro órganos humanos que se lavaban, embalsamaban y guardaban en estos frascos fueron identificados con deidades específicas: el hígado se identificaba con Imsety (hombre), uno de los cuatro hijos de Horus bajo la protección de la diosa Isis; los pulmones con Hapy (babuino), el segundo hijo de Horus y la diosa Neftis;  el estómago con Duamutef (chacal), tercer hijo de Horus y la diosa Neith; y los intestinos estaban asociados con Kebehsenuef (halcón), el cuarto hijo de Horus y Selket. Curiosamente, el corazón nunca se eliminaba del cuerpo durante el proceso de momificación.

Vasos canopos de las dinastía XXI-.XXII, entre el 1070-712 A.C. Altura 48.3 cm. Founders Society Purchase, Bernard and Theresa Shulman Foundation.

Hasta el Primer Periodo Intermedio los  frascos eran simples, con tan sólo una inscripción del difunto, pero desde entonces  se empezó a darle forma humana. Será en el Imperio Nuevo cuando se ponga de moda que la tapa adopte la imagen idealizada del rostro del difunto. El paso siguiente fue a finales de este periodo, cuando se convierten en cabezas de los cuatro genios protectores.

Tapones de los vasos canopos de Tutankamon con su rostro idealizado.

Los vasos podían estar hechos de barro, madera, piedra común o alabastro.

El vaso canopo con figura femenina como tapa.

El vaso canopo que vamos a analizar procede de la tumba KV55, en el Valle de los Reyes, Tebas, y se encuentra actualmente en el Museo Metropolitano de Nueva York.

Cronología. Datado entre el 1352 y 1336 a. C. Imperio Nuevo. Período de Amarna. Dinastía XVIII. Reinado de Akenatón.

Materiales. Alabastro, vidrio azul, obsidiana y piedra no identificada.

Dimensiones. La tapa mide 18,2 cm de altura y  16,3 cm. de diámetro. El  tarro 52,1 cm de alto.

Aunque este frasco canopo fue pensado para un contexto funerario, la cara de la tapa fue tallada por un maestro con la habilidad y el cuidado que uno podría esperar en un retrato más público. Porque, sin duda alguna, es un retrato idealizado de una dama de la familia real. Cualquiera que fuese la edad de la propietaria a su muerte, se le dio un rostro juvenil para la vida eterna. La forma de la cara, con su nariz larga y delgada, los ojos azules oscuros y la boca sensual identifican la obra como un producto de la última mitad del período de Amarna. Inicialmente el objeto estaría identificado con una inscripción pero tanto el frasco, como la tapa, se alteraron en la antigüedad, por lo que es muy difícil identificar a la propietaria original.

La talla de la tapa del vaso representa una de las mujeres reales de Amarna. Su peinado de rizos superpuestos, conocida como peluca nubia, era usado sólo por personas adultas y era popular entre los miembros femeninos de la familia de Akhenatón. El agujero en el centro de la frente era el lugar donde iría una cobra o uraeus, cuya cola se apoyaría sobre la parte superior de la peluca. Este era un símbolo protector que era usado exclusivamente por reyes y reinas. Este símbolo fue arrancado.

Desde que el vaso fue descubierto en 1907, la cara ha sido identificada como perteneciente a la de la reina Tiye, madre de Akenatón; a la de la reina Nefertiti, su esposa principal; a la de la reina Kiya, una esposa secundaria; y a la de la princesa Merytaten, su hija mayor. Hasta durante un tiempo se le identificó con el mismo Akhenatón. Esta confusión es comprensible, ya que la inscripción del tarro que identifica a la propietaria fue casi completamente borrada. Se han distinguidos débiles  trazos de jeroglíficos que indican que la jarra se inscribió originalmente para Kiya, y la peluca nubia se asocia más frecuentemente con esta reina. Sin embargo, el rostro se asemeja a los rasgos y al estilo de las representaciones de Tiye, y es posible que la tapa originalmente perteneciera a su ajuar funerario y se colocara después en el jarro canopo de Kiya, dado que tapón y vaso no encajan bien.

El hipogeo KV 55.

La tumba en la que se encontró el frasco, la KV 55 en el Valle de los Reyes, es probablemente la más polémica de todas las tumbas egipcias. Si pincháis sobre el título os llevará a más pormenores sobre la misma.

Fue descubierta el 6 de enero de 1907 por Theodore M. Davis, un millonario americano aficionado a la arqueología, y por su joven arqueólogo,el inglés Edward R. Ayrton. Está ubicada a muy pocos metros de la entrada de la tumba de Tutankhamón (KV 62), descubierta años después por Carter (1922). Desde el comienzo entendieron que la tumba era poco común en el Valle de los Reyes, por el tamaño que no parecía propio de alguien de la familia real y por el revoltijo de enseres encontrado.

Una escaleras nos descienden a una puerta que da acceso a un pasillo de unos 10 metros de longitud y apenas 2 metros de ancho. Tras eliminar los cascotes que cubrían gran parte del corto corredor, los arqueólogos se toparon con una habitación no muy grande de 5 por 7 metros, la cámara funeraria, con muros únicamente enyesados, sin ningún tipo de decoración. El interior era caótico. Sobre el suelo se amontonaban decenas de objetos, muchos de ellos rotos. La causa de aquel desbarajuste debió de ser el deterioro producido seguramente alguna filtración de agua y posiblemente a la acción de los ladrones de tumbas en la antigüedad. Aunque una vez examinado mejor el lugar se llegaría a la conclusión que los objetos habían sido hacinados con precipitación y abandono y que nadie se tomó jamás la molestia en montarlos. También se especula que pudiera haber sido destruida intencionadamente para borrar la memoria del enterrado, lo que parece más creíble, dado que se conservaban algunos objetos de oro que los saqueadores no hubieran dejado pasar.

En la cámara se encontraban las partes desmanteladas de un santuario ajuar funerario inscrito para la reina Tiye, la esposa de Amenofis III y madre de Akenatón; ladrillos mágicos con el nombre de Akenatón; en un nicho lateral cuatro vasos canopos de estilo amarniense (incluido éste que estudiamos en el artículo, más los otros tres que se conservan en el Museo Egipcio de El Cairo); y y un ataúd de madera con incrustaciones que casi seguro se hizo para Kiya, una esposa segunda de Akenatón, con una momia anónima en su interior, que claramente no era femenina.

La explicación más plausible hoy en día es la siguiente. Puede ser que Tutankamón mandara trasladar este material a esta tumba tebana desde la de Akhenatón en Amarna, que parece haber sido saqueada poco después de la muerte del faraón. Los frascos y el ataúd de Kiya pudieron haber sido reutilizados en ese momento para el entierro de otro miembro de la familia real.

20 Marzo 2013

A finales de los años 1960 surgió en  Estados Unidos un grupo de artistas que pintaban con gran realismo objetos y escenas de la vida cotidiana utilizando la fotografía como base para la realización de sus obras. La consagración del movimiento, que hoy conocemos con el nombre de hiperrealismo, tuvo lugar en 1972 en la exposición titulada "Fotorrealismo, cuestionando la realidad", celebrada en la V Documenta de Kassel.

La exposición, que podremos ver en el Museo Thyssen-Bornemisza desde el 22 de marzo al 9 de junio de 2013, reúne 66 obras de tres generaciones de artistas, procedentes de diversos museos y colecciones particulares. Es, por tanto, una gran retrospectiva del hiperrealismo que va desde los grandes maestros norteamericanos de la primera generación, como Richard EstesJohn BaederRobert BechtleTom BlackwellChuck CloseRobert Cottingham, a su continuidad en Europa y al impacto en pintores de generaciones posteriores que nos lleva hasta la actualidad. Porque el hiperrealismo no es un movimiento acabado. Hoy, más de cuarenta años después de su aparición, continúan en activo muchos de los pioneros del grupo y nuevos artistas utilizan la técnica fotorrealista en sus creaciones. Las herramientas y los motivos han podido evolucionar o cambiar con el tiempo pero las obras continúan fascinando al público por su increíble definición, nitidez y detallismo.

Si quieres ver algunos de los cuadros de la exposición en detalle pulsa sobre la presentación de abajo y amplia a pantalla completa.

Las características.

1. Temática. Los motivos artísticos son instantes de realidad congelados en el tiempo y a menudo también sin la presencia de seres humanos: paisajes urbanos, escenas banales y artículos de consumo, fragmentos de la vida cotidiana en los Estados Unidos. Acristalados escaparates, restaurantes de comida rápida, relucientes motocicletas y coches, colorísticos juguetes de hojalata, pinballs o frascos de especias, caramelos y salsas se convierten en tema pictórico. Son asuntos que atraen al pintor porque es el mundo que le rodea y porque tales objetos le permiten recrearse en el contraste de colores. Al pintor hiperrealista le fascinan además las superficies metálicas de cristales y espejos que le permite recrearse en las imágenes deformadas de sus reflejos.

Tom Blacwell, Triumph Trumper, 1977.

Iconos especialmente significativos del hiperrealismo son los vehículos de todo tipo: automóviles, motocicletas, camiones, auto‐caravanas, trenes e incluso avionetas. Los vehículos significan movilidad, libertad y, por tanto, son una parte muy representativa de la sociedad estadounidense y de cómo se ve a sí misma. Además, los materiales utilizados en carrocerías, llantas o parachoques y los reflejos que se producen al recibir la luz les resultan fascinantes.

Algunos pintores adoptan una estética kitsch cercana al pop art, donde los ídolos y los tópicos de la cultura americana se reúnen en multitud de objetos decorativos.

David Parrish. Marilyn, 1988.

2. Técnica y fotografía. Estos motivos intrascendentes se captan primero a través de la fotografía y después se trasladan al lienzo mediante un laborioso proceso, utilizando recursos como la proyección de diapositivas o el sistema de trama. Son obras generalmente de gran formato, pintadas con tal precisión y exactitud que los propios lienzos producen una impresión de calidad fotográfica, pero realizadas mediante un proceso creativo completamente opuesto a la inmediatez de la instantánea fotográfica.

Ralph Goings. Los favoritos de América, 1989.

Considerada como una forma objetiva de documentar el mundo, desde su invención, el uso de la fotografía como punto de partida de la pintura fue una práctica habitual de muchos pintores, aunque pocos lo reconocían. Tras la utilización pionera de la serigrafía por los artistas pop, como Warhol o Rauschenberg, fueron los primeros hiperrealistas los que empezaron a usar la fotografía sin reparos, convirtiéndola así en un instrumento "legítimo". Partían a veces de fotos de revistas o periódicos pero pronto empezaron a captar ellos mismos las imágenes, una o varias que luego fusionaban en el cuadro. Hoy en día, son los programas informáticos y de arreglo fotográfico lo que les permite llegar hasta la minuciosidad propia de los maestros flamencos.

Utilizan el óleo, pero también la pintura acrílica por su secado rápido y su limpieza.

3. Precedentes. El hiperrealismo se desarrolló a partir de dos tradiciones artísticas: la pintura trompe l’oeil y la técnica meticulosa de superficies delicadamente acabadas de la pintura flamenca y holandesa desde los siglos XV al  XVII. Pintores como Van Eyck o Vermeer han ejercido gran influencia sobre todos ellos, con su observación detallada de la realidad. Su obra recoge también la tradición europea de la pintura del paisaje urbano desde sus orígenes en los pintores vedutistas del XVIII, con Canaletto a la cabeza. Precedentes modernos más cercanos a su pintura podemos encontrarlos en Charles Sheeler y en los pintores americanos de los años 1930, que se apoyaban con frecuencia en la fotografía para conseguir mayor precisión en la línea y en la forma.

Rod Penner. 212-Casa Nevada, 1998.

4. ¿Hiperrealismo o nuevo realismo? La fotografía es el punto de partida y el objetivo final de lo que intentan aparentar, pero en ningún caso el pintor hiperrealista aspira a competir con ella, su motivación es completamente diferente. Sus obras parecen reproducir la realidad pero, de hecho, se trata de una nueva realidad gráfica creada por el pintor. A través de ella empezaron a plantearse determinados problemas en torno a la percepción de la realidad: se interrogan por cuestiones como la objetividad y la autenticidad de las imágenes, o sobre cómo la fotografía ha cambiado la forma de ver y de relacionarse con el mundo. Algunos pintores trasmiten nostalgias por objetos y ámbitos que existieron o están a punto de desaparecer.

Richard Estes. People´s flowers, 1971. Detalle.

Los principales artistas. La primera generación norteamericana.

Robert Bechtle (1932-) empieza a producir en California los primeros cuadros auténticamente fotorrealistas a comienzos de los años 1960. Su pintura retrata la vida cotidiana de la bahía de San Francisco, área en la que ha transcurrido prácticamente toda su vida. Sus escenas tienen en las familias de la clase media norteamericana su tema fundamental, con una presencia casi obsesiva de los automóviles que, más allá de su carácter de símbolo del modo de vida americano, permiten a Bechtle recrearse en las texturas y los brillos metálicos que crea la cegadora luz californiana.

Robert Bechtle. Chrysler Alameda, 1981.

Casi al mismo tiempo, Richard Estes (1932-) comienza en Nueva York a trabajar en sus característicos paisajes urbanos en donde los automóviles, la forma de vestir, los carteles publicitarios, el metro, los puentes sobre el Hudson, Central Park y los escaparates representan el ambiente de la "Gran Manzana" y de una época. Una característica de su pintura es la compleja utilización de las superficies con luz refractada, desde 1967 comenzó a pintarlas, y desde entonces le han acompañado en sus obras, edificios reflejados en estructuras cristalinas y lisas como los escaparates, ventanales, cabinas telefónicas, capó de un coche o al paso de un autobús. También reproduce reflejos deformados y a veces difuminados en superficies no lisas y uniformes como son las olas de agua en movimiento.

Richard Estes. Cabinas telefónicas, 1967-68

El efecto ilusionista de las composiciones de Estes sugiere que han sido copiadas directamente de una fotografía, pero realmente éstas surgen de la combinación de varias tomas fotográficas que él mismo realiza in situ, pero que no le interesa copiar de forma literal, sino manipularlas y reconstruirlas para crear una imagen que, aunque sea científicamente incorrecta, parezca real al ojo humano; una imagen realista pero que no se corresponde en luz, color o elementos casuales a ningún momento determinado.

Richard Estes. En el  Ferry de Staten Island mirando hacia Manhattan (L'Embarquement Pour Cythere), 1989. Óleo sobre lienzo 100.3 x 185.4 cm.

Chuck Close (1940-) pinta sus famosos retratos poniendo una malla sobre la foto y sobre el lienzo y copia celda por celda. Sus primeras herramientas para ello incluían un pulverizador, retazos de tela, cuchillas, y una goma de borrar montada sobre una máquina taladradora. Su primer gran cuadro con este método fue su Gran Autorretrato, una ampliación de su cara en blanco y negro sobre un lienzo de 2.73 x 2.12 m realizado durante cuatro meses en 1968. Produjo otros siete retratos en blanco y negro durante este periodo. Se dice que utilizó pintura tan diluída en el pulverizador que los ocho cuadros se realizaron con un único tubo de acrílico negro. Los retratos de Close son gigantescos, son rostros que miran al espectador sin ningún tipo de emoción ni movimiento. Vistos desde cierta distancia poseen una gran veracidad fotográfica, pero de cerca se llenan de incontables marcas. Desde los años 70 empezó a incluir toda la paleta de colores.

Chuck Close. Autorretrato, 1968.

La única mujer de este grupo de pioneros, Audrey Flack (1931-), realiza grandes composiciones a modo de naturalezas muertas barrocas. Los objetos representados aparentan ser un revoltijo de formas y colores algo kistch, pero en ellos hay mensajes simbólicos de deseo, futilidad y emancipación femenina.

Audry Flack. Marilyn-Vanitas,1977. Óleo y acrílico.

Don Eddy (1944-) nos acerca a los paisajes de las ciudades de la costa oeste a través del legendario coche, "Escarabajo". Sus superficies pulidas y reflectantes hacen que nuestras miradas resbales hacia detalles en apariencia anodinos pero significativos de la ciudad. En la década de 1980, su trabajo fue más orientado a objetos como cristalerías, cubiertos y juguetes en una serie de estantes de vidrio donde se reflejan. A menudo sus obras adopta el formato de díptico o políptico, en donde yuxtapone imágenes en relación poética entre sí o "ecosistemas", que es como el artista llama a estas conexiones de los objetos y la estructura.

Don Eddy. Private-Parking-IV, 1971. Acrílico- sobre lienzo.

David Parrish (1939-) ganó el reconocimiento por sus óleos fotorrealistas de motocicletas en las que resaltaban sus relucientes superficies bajo los rayos del sol. Ángulos dinámicos y perspectivas en primer plano que sugieren ruido y movimiento vertiginoso. Su temática posterior se ha centrado en las atracciones de feria de los parques de atracciones, lo que le permitía seguir reflejando colores y superficies brillantes. También le han atraído otras imágenes de la cultura americana como son los iconos del pop como Marilyn Monroe, Elvis Presley y James Dean. Parrish los representa aporcelanados, con una estética kitsch.

David Parrish. Zipper, 2008. Óleo sobre lienzo.

Tom Blackwell (1938-) hace de la motocicleta un objeto de culto y pinta detalles y fragmentos concretos muy ampliados. También le interesan las avionetas y los escaparates donde pueda obtener todos los matices del color y jugar con los reflejos.

Ron Kleemann (1937-) traslada su interés a los coches de carreras y a los grandes vehículos agrícolas y camiones.

Jonh Salt (1937-), artista inglés pero que residió en Estados Unidos desde 1966 hasta 1978, se concentra también en los coches pero en contextos de abandono en barrios marginales o en desguaces.

Ralph Goings (1928-) pinta camionetas pick-up y auto‐caravanas, además de sus famosos restaurantes de comida rápida, los puestos de hamburguesas y los objetos que podemos encontrarnos en estos locales.

Ralph Goings. Miss Albany-Diner, 1993. Óleo sobre lienzo.

Charles Bell (1935-1995) se inspiró para sus grandes bodegones en los juguetes y los juegos de arcade. Sus óleos representan muñecas vintage, Barbies y figuras de acción dispuestas en escenas dinámicas e imaginarias. En otras series, Bell pinta máquinas de bolas de mascar de colores y canicas de gran tamaño sobre superficies reflectantes y fondos oscuros. Pero, la que es sin duda, su mejor serie y la más conocida es la de las máquinas de pinball. Resultan muy bellas las luces y las perspectivas y ángulos que ofrece de tan populares máquinas.

Charles Bell. Paragon, 1988. Óleo sobre lienzo, 127 x 244 cm.

Robert Cottingham (1935-) se interesa por los anuncios comerciales y los rótulos luminosos de la ciudad de Nueva York en donde creció. Sus rótulos no son tan neutrales como aparentan, los puntos de vista elegidos y las enmarcaciones parciales de las palabras nos aportan imágenes que penetrar más allá de los ojos del espectador y se alojan en la mente y el corazón. Cottingham está fascinado por el poder de diversas combinaciones de letras que aparecen como anuncios en las calles.

Robert Cottingham.  May Co., 1969.

John Baeder (1938-), inicialmente publicista, se dedicó de pleno a la pintura a partir de 1972. Pinta fundamentalmente el exterior de restaurantes de comida rápida americana. De esos restaurantes de carretera le interesa el realismo arquitectónico y aporta nostalgia sobre estos edificios que forman parte de la cultura popular americana.

John Baeder. Prout´s dinner, 1974.

Richard McLean (1934-) se especializó en pintura de caballos, pero también pinta a los cowboys y cowgirls modernos, como una manera de acercarse al mundo rural de Estados Unidos.

Jack Mendenhall (1937-) se interesa por el ambiente de los hogares estadounidenses de los sesenta.

La segunda y tercera generación de pintores hiperrealistas. La internacionalización del estilo.

A partir de los años 1980 se van incorporando nuevas generaciones que seguirán viéndose atraídos por la realidad cotidiana, pero que también muestran un mayor interés en lo formal, en trasladar al lienzo las fotografías con el máximo rigor en los detalles. El resultado final de las obras es una absoluta nitidez y una precisión mayor que la del ojo humano, gracias a  incorporar a su trabajo las enormes posibilidades que les brindan las nuevas tecnologías digitales y fotográficas. Predominan los pintores que se centran en paisajes urbanos de grandes dimensiones, uno de sus temas preferidos y para el que utilizan con frecuencia el formato panorámico. La escasa presencia de la figura humana, característica por otro lado bastante frecuente en el hiperrealismo, aumenta la impresión de frialdad y distanciamiento, aunque en algunos de ellos se entreve una cierta nostalgia por un pasado perdido. Los objetos y, sobre todo, los retratos pasan a un segundo plano, aunque cuando se realizan, alcanzan unas dimensiones colosales.

Ben Jonson. Trafalgar Square, 2011.

Davis Cone (1950-) dedica su obra a documentar las salas de cine norteamericanas de estilo Art Deco. Le encanta capturar estos establecimientos antiguos de las ciudades en distintas horas y desde una variedad de ángulos y momentos climáticos. Rinde homenaje especial a las luces de neón y a la grandeza arquitectónica. Estos cuadros de Cone sugieren la tradición cultural cinematográfica de Estados Unidos y transmiten la nostalgia de una época pasada. Su trabajo recuerda las atmósferas creadas por Edward Hopper.

Davis Cone. Thompson, 1990. Detalle.

Robert Gniewek (1951-) se siente atraído por los paisajes urbanos principalmente al atardecer o de noche, le fascinan los espectáculos de luz nocturnos. En la línea de Cone también le interesan las salas de cine de Detroit o como Baeder documentar los establecimientos de carretera (pequeñas cafeterías, comedores municipales, gasolineras y moteles) de la década de 1940 y principios de 1950. Parte de la idea de que son iconos de un pasado cercano, un recuerdo único del paisaje americano, que está desapareciendo rápidamente. El artista combina fuentes de luz cálida y fría - luz natural con luces de neón - para maximizar el impacto visual.

Robert Gniewek. Times-Square, 2010.

Don Jacot (1949-) pinta plazas y lugares urbanos famosos ambientados en los años 30 y 40, algunos muy concurridos por vehículos, pero él los representa sin apenas presencia alguna de la figura humana. También pinta nostálgicos juguetes antiguos cuyo brillo metálico y su pátina de colores esmaltados son otra oportunidad para recrear objetos de vistosos colores.

Don Jacot. Space-Guns, 2008.

Rod Penner (1965-) utiliza cámaras digitales de alta resolución para pasar al lienzo con acrílicos las calles y casas de los pequeños pueblos de Texas. En su obra se respira un halo de soledad y melancolía al escoger edificios en mal estado y grandes espacios como parkings vacíos donde la humanidad parece haber desaparecido.

Rod Penner, Panhandle Service Station,  2012.

El italiano Anthony Brunelli (1968-) fotografía los modelos con un objetivo gran angular, uniendo después varias imágenes en el lienzo; pinta así imponentes vistas urbanas de los diversos países en los que trabaja.

Anthony Brunelli. Candy Street (Hanoi), 2006.

Muchos son los artistas que se especializan en el paisaje urbano. El francés Bertrand Meniel,(1961-), a pesar de su origen, se interesa de nuevo por las grandes ciudades estadounidenses. Los ingleses Ben Johnson (1946-) o Raphaella Spence (1978-) se interesan por los paisajes urbanos preferentemente tomados desde el cielo. Las urbes preferidas de estos artistas son Londres, Nueva York o Venecia. Los ambientes urbanos y sus habitantes siguen centrando la atención de artistas, como el norteamericano Robert Neffson (1949) o el británico Clive Head (1965-).

Roberto Bernardi. Reunión, 2012. Detalle.

El italiano Roberto Bernardi (1974-) se centra en bodegones de objetos diversos, principalmente caramelos y golosinas en tarros de cristal. Mientras que el americano Peter Maier se interesa fundamentalmente por la representación de las calidades de las superficies sobre vehículos.

La figuración humana también está presente en la exposción del museo Thyssen a través de la obra del español Bernardo Torrens (1957-), que se ha especializado en el desnudo femenino y en el retrato.

Bernardo Torrens. Liz I, 2007.

Puedes ver más cuadros de todos estos artistas y de algún otro más en la siguiente presentación.

Otros pintores hiperrealistas en este blog.

7 Marzo 2013

En la época barroca una de las finalidades más específicas de las artes figurativas y de la arquitectura fue la de crear ilusión de realidad. Para ello los artistas se valieron de artificios visuales de perspectiva para transformar los espacios arquitectónicos reales o de trampantojos ("trampa al ojo", en francés trompe-l´oeil) para alterar la percepción de la realidad pictórica con tal fidelidad óptica que se crea la ilusión de estar ante objetos verosímiles. Los efectos ilusionistas aplicados al espacio resultan espectaculares por el efecto creado por construcciones pintadas en perspectiva en las paredes que nos hacen creer, por ejemplo, que la habitación se abre ante un paisaje o que el techo de una sala ya no existe y contemplamos en su lugar el cielo. Sin embargo, lo que realmente me maravilla de los pintores barrocos es cuando pintan lo cercano, cuando hacen presente los pequeños objetos del día a día como si pudiéramos adelantar la mano y tocarlos. En esos detalles de representar las calidad de los objetos como algo táctil, capaces de engañar a nuestros ojos, es donde se muestra la capacidad de un pintor.

Cornelius Gijsbrechts. Detalle de Trampantojo con pared del estudio del pintor y naturaleza muerte con Vanitas. Óleo sobre lienzo, 118 x 152 cm. Staten Museum for Kunst, Copenhague, Dinamarca. Si desplegáis la imagen se puede ver a la perfección el veteado de la madera, el reflejo metálico de la jarra, el craquelado del pequeño retrato y la sombra que proyecta. Debajo se muestra el cuadro entero.

Quiero compartir mi  admiración por uno de estos genios del trampantojo, Cornelius Gijsbrechts, del que reconozco que hasta hace poco era un auténtico desconocido para mí. Lo cual tampoco es tan extraño, ya que las noticias que se poseen sobre este pintor son muy escasas y poco fiables. Por indicios, parece que debió nacer en Amberes hacia 1630 y que debió morir hacia 1675 en Brujas. Su vida pictórica se conoce desde 1657 en que se datan sus cuadros más antiguos pintados en su ciudad de nacimiento. Su vida desde la siguiente década fue itinerante buscando encontrar el éxito. Ocurría que en los Países Bajos se concentraban muchos pintores de genio que tenían muy difícil descollar por la competencia existente entre ellos, por lo que algunos, como Gijsbrechts, optaron por la especialización temática y por emigrar en busca de nuevos clientes. Se sabe que en 1664 trabajaba en Ratisbona y que de 1665 a 1668 residió en Hamburgo. Su éxito llegó cuando desde ese año pasó a pintar para la corte danesa, cambiando su domicilio a Copenhague. Precisamente, fruto de los encargos del rey Federico III y Christian V de Dinamarca, es por lo que el Staten Museum for Kunst de Copenhague conserva los mejores cuadros de este pintor (hasta 20). Allí pintó para el monarca y su sucesor hasta 1674, año en el que se conoce pintaba en Breslau.  Finalmente en 1675 se fechan sus últimos trabajos en Brujas.

Cornelius Gijsbrechts. Trompe l'Oeil con trompeta, Globo celeste y proclama de Federico III. 1670. Los objetos parecen dispuestos en una estantería de madera de manera desordenada y sobresaliendo de su espacio.

Su estilo. Gijsbrechts se especializa en el género de la naturalezas muerta y en las vanitas, pero con una intención añadida de hacerlas presentes en la realidad mediante el trampantojo o los juegos ópticos. Este tipo de pintura se puso de moda entre coleccionistas y expertos de las cortes europeas de la segunda mitad del siglo XVII,  por lo que impulsó a un grupo de pintores de los Países Bajos amantes del detalle a captar este mercado. Entre los más destacados en este estilo están nuestro pintor belga y los holandeses Cornelis Brize (1622-1670) y Samuel van Hoogstraten (1627-1678).

Cornelius Gijsbrechts. Trompe l'Oeil de un gabinete del estudio del artista, 1670-1671. Óleo sobre lienzo, 132 x 1990 cm. Statens Museum for Kunst, Copenhagen, Dinamarca.

De Brize toma la idea de crear juegos compositivos con papeles y estampas clavados sobre paneles. Su cuadro más famoso es un trampantojo que colgaba en la misma Tesorería de Amsterdam para la que fue pintada, que mostraba colgados una variedad de papeles, cartas, notas, dibujos y monederos, todos ellos objetos habituales que se podían encontrar en la oficina de los interventores de la ciudad. Para entender el juego totalmente falta otro lienzo que se levantaba frente a esta pintura que habría reforzado el efecto trompe l'oeil. En ese cuadro se representaban paquetes de papeles que colgaban de ganchos de la pared.

Cornelis Brize. Documentos en el muro de la Tesorería del palacio Real de Amsterdam, 1656. Óleo sobre lienzo, 194 × 250 cm. Amsterdam Museum. Si se pincha en la imagen se abre el cuadro a pleno detalle.

De Hoogstraten recoge las ideas de los enredos visuales y juegos ópticos. A este pintor debemos una curiosa caja pintada, a la que se conoce como "peepshow", cuyo interior está pintado en tres lados, así como en la parte superior e inferior. Por medio de un sistema de espejos dentro de la caja y a través de unas mirillas que hay en los lados más cortos se conseguía ver convincentes vistas en tres dimensiones de una habitación de una casa holandesa. con puertas abiertas que dan a otras salas.  que proporcionan la ilusión de vistas tridimensionales del interior de una casa. que se encuentra en la National Gallery,

Samuel van Hoogstraten. Una "Peepshow" con vistas del interior de una casa holandesa, 1655-60. Naational Gallery. En la imagen superior se puede ver la vista frontal y ligeramente escorada de la caja y debajo las cinco vistas de la habitación con las que se configuraba el efecto tridimensional.

Con frecuencia sus composiciones presentan una tela que tapa parcialmente los objetos: tarjetas, cartas, partituras, instrumentos musicales, calaveras, flores... El recurso de la tela, tal vez tenga que ver con la leyenda que contaba Plinio el Viejo sobre la disputa que libraron en el siglo V a. C.  los pintores griegos Zeuxis y Parrasios sobre cuál de ellos era el más grande. Cuando Zeuxis desveló su pintura de uvas, parecían tan exquisitas y tentadoras que los pájaros bajaron volando del cielo e intentaron picotearlas. Zeuxis le pidió entonces a Parrasios que corriera la cortina de su pintura, tan sólo para que entonces Parrasios revelara que la cortina en sí era una pintura, y Zeuxis se vio obligado a conceder la victoria a su oponente porque: «Yo he engañado a los pájaros, pero Parrasios me ha engañado a mí».

Cornelius Gijsbrechts. Trompe l'Oeil. Partición de tablero con cartas y partituras, 1668. Óleo sobre lienzo, 123,5 x 107 cm. Statens Museum for Kunst, Copenhague, Dinamarca. Detalle superior izquierda y cuadro entero.

Este desbordado tablón con cartas, partituras musicales, almanaques, hojas sueltas y plumas de oca queda al descubierto al levantar la pesada cortina que lo tapa. El pintor la ha recogido para nosotros y nos engaña con su dominio total del medio pictórico. La imitación de la realidad es tan ilusoria que seríamos capaces de alargar la mano para tocar los papeles o echar la cortina. Los bolsillos del tablón también contienen peines de hueso. La reproducción de las materias que forman los objetos es perfecta: el lacre brillante, las vetas de la madera, los clavos metálicos y el grosor de los papeles plegados.

Un ejemplo particularmente extraño de su pintura en trompe l'oeil es una imagen de un caballete sobre el formato de tamaño natural (2,25 m de altura y 1,23 m en su punto más ancho) del mismo, donde parece reposar un lienzo con un bodegón. Visto de frente, la imagen da el pego porque podemos ver entre los listones del bastidor. En la repisa del caballete se depositan pinceles y notas y un trapo azul tapa parte del lienzo. Otro lienzo descansa dado la vuelta en el suelo apoyado en las patas del caballete. Cuando nos acercamos comprobamos que todo es una ilusión porque se trata de un pintura que ha transformado su marco al tamaño exacto del objeto que representa. Para que quede más claro el juego visual véase la imagen.

Cornelius Gijsbrechts. Trompe l'Oeil de caballete con bodegón, 1668-72. Óleo sobre lienzo, 225 x 123 cm. Statens Museum for Kunst, Copenhague, Dinamarca.

En la misma línea del engaño visual está la pintura de Cornelius Gijsbrechts titulada  el reverso de una pintura. En un lienzo de tamaño medio, el artista ha pintado la figura de un cuadro enmarcado, visto por detrás. Es un nido de rectángulos. En el exterior, se ve la carpintería del marco y dentro el lienzo en su reverso, gris oscuro-marrón. El dorso desnudo del lienzo sin tratar. Para crear el verdadero efecto juega con las luces que crea la profundidad tridimensional. Además, el artista ha buscado recrear con pequeños toques manchas y accidentes en la tela y el bastidor para crear efectos de realismo: pequeñas irregularidades, roces, grietas en la veta de la madera, hilos... y detalles maravillosos como los pequeños clavos doblados en ángulos diferentes que sostienen el lienzo. Pero lo que hace más auténtico el cuadro y da la gana de volverlo del revés es el trozo de papel, sujeto con un lacre, con el número 36, el número de catálogo para la venta. Así se completa el engaño óptico, de absoluta perfección.

Cornelius Gijsbrechts. El reverso de un cuadro, 1678-72. Óleo sobre lienzo, 66,4 x 87 cm. Statens Museum for Kunst, Copenhague, Dinamarca.

A primera vista, la pintura parece moderna al espectador de hoy. Sin embargo, no es una pintura abstracta como las bidimensionales suprematistas de Malevich. La representación exacta del armazón y de la tela muestran que la intención básica es totalmente diferente: que el pintor enfatiza por encima de todo el objeto real.

Para ver más cuadros de este pintor y más detalles de las obras comentadas no te pierdas esta presentación.

Rubens y la Pintura flamenca barroca en este blog.

Pintura holandesa barroca en este blog.

27 Febrero 2013

En 1994 un grupo de espeleólogos franceses descubrió una gruta, conocida hoy en día como de Chauvet en honor a uno de ellos, que albergaba un conjunto de pinturas rupestres que desde el mismo momento causó sensación entre la comunidad científica por su espectacularidad.

Sala Hillaire. Panel de los Caballos, detalle.

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La cueva, un antiguo cauce subterráneo de un afluente del río Ardeche, tributario del Ródano (Francia), había estado ocupada por el hombre y había permanecido sellada desde hacía más de 20.000 años por un derrumbamiento de su entrada.

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La importancia de esta caverna de Chauvet es de tal calibre que, incluso en su estado preliminar de estudio, puede asegurarse que los conocimientos obtenidos en ella sobre las primeras manifestaciones artísticas de la humanidad rivalizan en importancia con los encontrados en los dos santuarios "clasicos" de AltamiraLascaux. De hecho, en ella encontramos elementos originales que no poseen las cuevas anteriores y que podemos enumerar:

1. La localización de la cueva.

La localización de la cueva Chauvet en Ardèche modifica la óptica sobre la ubicación de las cuevas con pinturas rupestres. Hasta su descubrimiento, se consideraba que existían tres regiones mayores del arte de las cavernas que corresponderían con el Périgord-Quercy, los Pirineos y la costa Cantábrica. La Ardèche, la Meseta y el sur de España, el sur de Italia así como algunas cuevas dispersas constituían regiones menores. El descubrimiento ardechense, que sigue al de la Cueva Cosquer en 1985, cerca de Marsella, refleja que pueden todavía surgir cuevas originales de máxima importancia en otras regiones distintas de esos grandes centros ya definidos.

2. La antigüedad de las pinturas.

Sobre la base incuestionable de la datación por radiocarbono, la cueva parece haber sido ocupado por los seres humanos durante dos períodos distintos del Paleolítico: el Auriñaciense y el Gravetiense. La mayor parte de la obra de arte se remonta a la más antigua de las dos eras, el Auriñaciense (30 000 a 32 000 a.C.). Una datación que sorprendió a todos los prehistoriadores, dada la cantidad, la calidad y el realismo de las representaciones que sólo se suponía se habían alcanzado en el periodo final del Paleolítico, el Magdaleniense. Sin duda, estamos ante el conjunto más antiguo de pintura rupestre hasta ahora descubierto.

Sala Hillaire. Paneles de los Caballos, pared norte.

Ha habido quien ha argumentado que aunque los pigmentos de carbón con los que se realizaron las mediciones de carbono 14 fueron de entre 32.000 a 30.000, pudiera ser que hubieran sido reutilizados por hombres de época magdaleniense. Tal teoría ha sido totalmente descartada al comprobar que algunas pinturas están recubiertas por concreciones calcíticas que sólo se han podido formar con una antigüedad semejante.

3. Las huellas humanas.

La posterior ocupación gravetiense, que se produjo entre los años 25 000 y 27 000 a. C., dejó poco más que los restos carbonizados de hogares antiguos, las manchas de humo de las antorchas con las que el ser humano se iluminaba y, lo más importante, las huellas de un pie de un niño impresas en el barro petrificado. El rastro de pisadas que se puede seguir durante 50 metros nos han permitido reconocer a un niño de entre ocho y diez años, que medía alrededor de 1,30 metros y que se iluminaba con una antorcha. El carbón de la antorcha dejó sus marcas regulares a lo largo de la pared y gracias a ello ha sido posible datarlas. Puede que éstas sean las huellas humanas más antiguas que se pueden fechar con precisión. Luego de este momento la cueva dejó de estar ocupada por el ser humano y pasó a ser osera, como demuestran numerosos vestigios del paso de estos animales (esqueletos, afiladeros de uñas, camastros), hasta el derrumbe de la entrada hacia el año 20.000 a. C.

Huella de pie izquierdo, junto al cartel de centímetros.

4. Lo representado.

El bestiario representado en Chauvet se reparte entre los habituales animales de caza mayor como uros, caballos, megaceros (ciervos gigantes) y bisontes, pero, sobre todo, esta cueva posee el conjunto de animales potencialmente peligrosos o enemigos del hombre más importante que hasta ahora se ha encontrado. Rinocerontes, leones y osos son raramente representados en otras grutas y aquí suponen, incluyendo al mamut, hasta el 60 por ciento de los animales contabilizados. Pero también hay presencia de figuras humanas y de símbolos.

Hagamos un repaso a lo que podemos encontrar en la cueva y ayudémonos para ello de este plano. También podemos remitirnos al detalle que ofrece la página oficial que ofrece una visita aquí.

A pocos metros de la antigua entrada de la cueva se abre la primera sala de gran tamaño, la sala Brunel, que tiene cerca de cincuenta metros de largo. En ella lo más notable que encontramos son dos conjuntos de "puntillado" rojo. En realidad, se trata de huellas de la palma de la mano derecha que han sido estampadas con pigmentos ocres. Ciertos detalles anatómicos son visibles, como la separación del pulgar sobre el lado izquierdo, pequeñas manchas circulares en la parte superior de la huella, el rastro dejado por la primera falange del medio y el perfil ligeramente cuadrangular de la prominencia tenar. Las huellas del conjunto más pequeño, dada la modesta dimensión de la mano, son probablemente fruto de una mujer o de un adolescente, mientras que el otro panel, fue relleno por un individuo de mayor tamaño. La talla y posición de las huellas más altas podrían corresponder a un hombre de aproximadamente de 1,80 metros de alltura. En ambos casos, el colorante de consistencia pastosa, debía ser aplicado en capas suficientemente espesas sobre la palma. Los trazos dejados por los dedos permiten orientar cada huella así como imaginar la posición del artista. Esta técnica original, que no había sido encontrada hasta ahora en el arte parietal, confiere una dimensión simbólica al puntillado por ser a la vez, punto y mano parcial positiva.

Sala Brunel. Panel llamado del Sagrado Corazón. Concentra decenas de marcas rojas hechas con la palma de la mano en apenas seis metros de largo.

En un lateral de la sala Brunel se abre una estrecha entrada hacia un vestíbulo que conduce a un panel donde están dibujados tres magníficos osos de las cavernas pintados en rojo. Uno de ellos ha sido realizado casi al completo con trazo seguro. El contorno está animado con llenos y diluidos y, en algunas zonas, el difuminado proporciona volumen.

Sala Brunel. Vestíbulo de los osos rojos.

En la siguiente sala, conocida como de los Revolcaderos porque allí se han encontrado trazas de la estancia de reposo de los osos, pese al gran tamaño de la misma (otros 50 metros de largo) no se han encontrado rastros de expresión parietal más que en sus extremos finales donde da acceso a otras pequeñas salas. Destacan la cabeza de un oso de perfil parecido a los de la sala anterior y un panel que se ha venido a denominar de la hiena por el moteado, aunque el perfil del hocico es el de un oso, y una pantera? de rabo largo bajo la figura principal.

En el pasillo que comunica con la siguiente gran sala encontramos representados en la bóveda rinocerontes, felinos y mamuts, orientados en todos los sentidos. Se puede ver además manos en positivo y en negativo como la de la foto de abajo. Los pigmentos se han esparcido al soplarlos sobre la mano que se apoyaba en la pared. Se aprecia una línea negra dibujada por encima y, por tanto, posterior que se identifica con la silueta de un mamut (de izquierda a derecha: trompa, cabeza e inicio del dorso).

Al entrar en la Sala Hillaire las representaciones están basadas en el color negro y son más monumentales y abundantes. Al comienzo encontramos  unos paneles con grabados de caballos, un mamut y hasta un búho.

Al fondo de la Sala Hillaire, se abren  las magníficas composiciones de los Caballos. En una de ellas se representan a la izquierda, uros marchando y rinocerontes realizados bajo la técnica del difuminado. Cuatro cabezas de caballo se superponen con gran realismo, al que contribuye el difuminado e incluso que algunos de los contornos hayan sido trazados previamente con un buril de sílex.

Al lado una se halla otros tres caballos realizados bajo la técnica del difuminado. Una capa de calcita coloreada debido al óxido de hierro sella el dibujo atestiguando su antigüedad. Se puede observar el entrelazado existente entre los caballos y el gran león (A. alrededor de 1,60 m). Las cabezas de los felinos son muy expresivas.

A la derecha de la salida de la sala Hilaire hacia la galería de los megaceros aparecen esbozos de trazo rápido de uros, bisontes, caballos y cérvidos. La variedad de las especies  animales (catorce en toda la cueva) resulta impresionante y fuera de lo común.

Por una estrecha galería, llamada de los Megaceros por la representación abundante de estos ciervos gigantes aunque también hay íbices, caballos y rinocerontes llegamos a la Sala del Fondo. Aquí es donde encontramos concentrados en la pared oeste numerosos perfiles de felinos, rinocerontes y otros animales. El suelo estaba sembrado de grandes trozos de madera quemada, indicio de hogueras cuya probable finalidad fue obtener carbón para dibujar.

En esta sala los artistas pensaron con mucho cuidado, de forma deliberada, dónde pintar. En el extremo, tres grandes bisontes ocupaban toda una pared, mientras que en las paredes contiguas a la entrada  se veían leones, mamuts y bisontes, además de extraños símbolos geométricos en forma de W. Sin embargo, lo más sobrecogedor es la pared oeste donde una hornacina sirve de punto central de una basta composición con muchísimos animales. En la concavidad tan sólo hay un caballo en su fondo, pero a la izquierda se despliegan  leones de tamaño natural y hasta 17 rinocerontes; y al otro lado 14 leones más en relieve y cabezas de bisonte vistas de frente. Es el conjunto más importante encontrado hasta este momento en el que aparecen representado estos animales que en absoluto eran objeto de caza de nuestros antepasados, más bien al contrario eran peligros potenciales para ellos.

Leones y rinocerontes de la sala del Fondo.

En el corazón de la Sala del Fondo y ocupando un lugar privilegiado frente al gran friso animalario, justo en el extremo de un colgante calcáreo que se queda a 1,10 metros del suelo, se encuentra una representación muy especial: una figura de una "Venus auriñaciense".

Sala del Fondo con la foto centrándose sobre la estalactita de la Venus.

Sobre la estalactita distinguimos el dibujo en negro de una venus vista de frente. Sin duda, la imagen está muy vinculada a la topografía concreta y ejerce una jerarquía de algún tipo (todavía no hay una explicación plausible) sobre las obras que la rodean. La figura femenina se limita al triángulo del pubis y a las piernas. Un trazo grabado, que destaca en blanco sobre la superficie difuminada, revela el surco vulvar. La parte superior del cuerpo está ausente, aunque posiblemente no haya sido así siempre. Las nalgas podrían haber sido nimiamente esbozadas para ser eliminadas posteriormente. Estas supresiones voluntarias están asociadas al diseño de representaciones contiguas: dos felinos, un bisonte y, un poco mas alejado, un mamut. Las proporciones de la figura femenina son las "clásicas" de las venus escultóricas auriñacienses o gravetienses, dónde se resaltan exageradamente las caderas y el aparato reproductor. Con la que más parecido tipológico comparte es con el relieve de la Venus de Laussel.

5.- Las técnicas utilizadas.

En Chauvet apreciamos pinturas hechas fundamentalmente con dos colores de pigmentos, rojos (hematites u óxido de hierro) y negros (carbón), y también gran cantidad de grabados. Los dibujos rojos se concentran cerca de la entrada antigua, los de color negro en la parte interior de la cueva. Existen algunas superposiciones que prueban que la serie roja es la más antigua, si bien el color en sí no es un criterio para distinguir entre lo viejo y joven porque ambos colores podrían haberse utilizado al mismo tiempo. Son más decisivos para agrupar estas representaciones en distintos momentos razones estilísticas o temáticas. De hecho, entre las pinturas hechas con pigmentos rojos se encuentran los grupos de puntos, las especies de signos y las huellas de manos, así como las siluetas de animales más estáticas. En cambio en las pinturas negras hay otros tipos de signos y la representación de los animales se caracterizan por el naturalismo y algunas veces por el movimiento.

Un bisonte del Nicho de los Caballos, con sus proporciones, volumen y característica joroba magistralmente representados. También parece que corriera y mugiera como espantado.

6. La calidad estética.

La calidad estética, es decir la forma en la que los animales han sido representados, es también poco común. Son pinturas con gran detalle y expresividad, llenas de fuerza y vida, especialmente por el uso constante del difuminado para crear sensaciones volumétricas y el intento de representar escenas de animales en profundidad. También se aprovechan las protuberancias de la pared rocosa para sugerir el volumen o se orada la pared para crear los ojos o resaltar los contornos creando bajorrelieves. Las pinturas revelan una gran maestría en el trazo y un conocimiento asombroso de la anatomía y del movimiento de los animales. Hay que tener en cuenta la dificultad que tenía la persona que realizó estas pinturas que  trazaba en la semioscuridad y con sólo la ayuda de su memoria la síntesis realista de un animal. Es increíble la seguridad de las líneas con la que representa la cabeza y la joroba de un mamut, la testuz de un rinoceronte o el hocico de un león.

Sala del Fondo. Detalle de leones.

7. Otros elementos notables de Chauvet.

Un estilo muy definido. Existen gran numero de pinturas negras de tal parecido que sin ninguna duda han sido realizadas por un único y gran artista animalista, maestro del trazado, a menos que éste, haya sido acompañado de ciertas personas (acólitos, ayudas) que compartieron sus convicciones y sus técnicas.

La existencia de escenas. Muchos de los animales aparecen agrupados formando manadas que pastan, corren o por felinos que les acechan previos a iniciar la carrera de caza. Pero el ejemplo más claro de una composición narrativa es el de los rinocerontes que se encaran y se embisten en combate que se encuentran situados en la parte inferior de uno de los paneles más nutridos de imágenes de caballos.

Por último como colofón os animo a que os adentréis en la cueva de mano de esta pelícual, rodada para difundir el descubrimiento, ya que no puede ser visitada de forma normal. Hay una película completa llamada La cueva de los sueños olvidados de Werner Herzog más difícil de conseguir.

Grotte Chauvet por Pole_Projet_Chauvet

Enlaces importantes.

- La cueva de Chauvet (página oficial).

- Recopilación de reportajes en inglés sobre la cueva.

- Grandes yacimientos rupestres del paleolítico superior. (en este blog).

- El arte rupestre del paleolítico francés. (en este blog)

Sobre Algargos, Arte e Historia

Hola, encantado de conocerte, visitante.

Me llamo Alfredo García.

Te encuentras ante un blog educativo de un profesor que busca ilustrar y completar la asignatura de Historia del Arte de 2º de Bachillerato.

Imparto mis clases en el instituto "Dionisio Aguado" de la ciudad de Fuenlabrada en Madrid.

SI ERES ALUMNO O COMPAÑERO, en este blog tienes donde sacar imágenes, materiales didácticos y algunos textos, no eruditos, que te ayudarán en tus clases. Ayúdate del índice de categorías que puedes encontrar al final de esta barra lateral. Te será muy útil pinchar sobre los capítulos de cada tema que pongan índice, pues en ellos encontrarás en un esquema los enlaces que te dirijan a todos los artículos que hay en este blog sobre el tema concreto.

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