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La Coctelera

Algargos, Arte e Historia


Material didáctico para la asignatura de Historia del Arte.

Categoría: 03.0. La civilizacion egipcia.

19 Septiembre 2011

La escritura de los antiguos egipcios ha fascinado siempre a la humanidad. La forma y la variedad de los signos dieron pie durante mucho tiempo a diversas tentativas de interpretación, después de que su significado cayera en el olvido tras la clausura del último templo pagano en el siglo VI de nuestra era (año 535, Templo de Isis en Philae). Los primeros intentos de descifrar la escritura jeroglífica fracasaron po el error fundamental de considerar que todos los signos tenían un significado sagrado. El filósofo griego Plotino (s, II d.C.), por ejemplo, pensaba que cada dibujo expresaban un concepto complejo, y el jesuita Athanasius Kirchner (1602-1680) decía que se trataba de símbolos que "permiten transmitir (...) grandes ideas y profundos misterios.

Relieves rehundidos y pintados del templo de Khonsu. Cartuchos.

La situación cambió radicalmente en 1799. Durante la campaña egipcia de Napoleón Bonaparte, uno de sus oficiales realizó el hallazgo de una piedra con inscripciones que contenía un decreto sacerdotal del noveno año del reinado de Ptolomeo V (196 a.C.) en escritura jeroglífica, demótica (escritura egipcia simplificada) y griega. Esta podía ser la clave para descifrar los jeroglíficos del Antiguo Egipto. Se la denominó piedra de Rosetta por la localidad al este de Alejandría en donde se encontró. La losa en cuestión incautada por los ingleses en 1801 tras derrotar al ejército francés en Egipto y fue mandada a Londres para ser expuesta donde actualmente puede verse,  el Museo Británico.

Piedra Rossetta,  Museo Británico. 112,3 cm de alto (máximo), 75,7 cm de ancho, 28,4 cm de grosor.

El texto griego era perfectamente legible y comprensible, por lo que se trató de descifrar las otras dos escrituras comparando los nombres de lugares y personas. El inglés Thomas Young, el sueco David Akerblad y el francés Silvestre de Sacy se enzarzaron en una reñida competición por hacerlo en primer lugar, pero fue finalmente Jean-François Champollion (1790-1832) quien desentrañó el problema.

Leon Cogniet. Retrato de Jean-Francois Champollion.

Champollion se sentía subyugado por Egipto desde que era un niño. A los 13 años comenzó a estudiar diversas lenguas orientales, además de griego y latín. Más tarde se dedicó al estudio del copto, la última variante lingüística del egipcio antiguo. Con tan sólo 19 años fue nombrado profesor suplente de historia antigua en Grenoble, pero tuvo que renunciar al cargo poco después por motivos políticos. En 1821 visitó en París a su hermano mayor que trabajaba como secretario particular del filólogo clásico Bon Joseph Dacier. Allí se consagró al estudio de la "Piedra Rosetta" sobre las copias grabadas de la piedra Rosetta y acabó por encontrar la clave para descifrar la estructura elemental de la escritura jeroglífica, o lo que es lo mismo, descubrió que se trataba de una combinación de signos fonéticos y semánticos. En septiembre de 1822 informó del éxito de sus primeros intentos por descifrar la escritura. En concreto, la grafía del nombre del rey Ptolomeo, resaltada en el texto jeroglífico mediante un marco orbicular denominado cartucho, le permitió averiguar los primeros valores fonéticos del alfabeto. Al transferir el valor fonético de los signos griegos a los jeroglíficos, logró hallar su significado. Una vez descubierta la clave, Champollion pudo leer y entender otros textos, en parte gracias a su dominio del copto. Procuró abarcar la mayor cantidad posible de textos escritos y en 1824 obtuvo el permiso necesario para estudiar los objetos egipcios de la colección Drovetti de Turín (hoy Museo Egipcio) donde perfeccionó su método de traducción. En 1828-1829 viajó a Egipto y a Nubia con un equipo de dibujantes y copió todas las inscripciones que le fue posible, para que su lectura convenciera incluso a los más escépticos.

Piedra Rosetta. Detalle de textos demóticos y griegos.

A pesar de que la lengua egipcia evolucionó notablemente a lo largo de los milenios, se puede apreciar una continuidad en el vocabulario y en determinadas estructuras gramaticales. En la actualidad se distinguen cuatro variantes de escrituras imbricadas en el tiempo. Los testimonios escritos más antiguos son jeroglíficos que se remontan al año 3.100. A lo largo del  Imperio Antiguo convivirán la escritura jeroglífica y la hierática. A partir del  Primer milenio la influencia griega y de los pueblos del Mediterráneo fue haciendo evolucionar la escritura hierática hacia fórmulas más sencillas, primero al demótico y más tarde a la variante más moderna, el copto.

Piedra Rosseta con escritura jeroglífica (arriba) y demótica (abajo).

  • La escritura jeroglífica es la más antigua y duró hasta el siglo VI d. C. Se empleaba al comienzo en todos los ámbitos, aunque con el tiempo se la reservó para los textos de carácter religioso, monumental  o conmemorativo. Sus signos se esculpían o se gravaban en piedra, tanto en relieve como en hueco en las paredes de los templos, tumbas y palacios, así como en estelas, estatuas, utensilios, cofres, sarcófagos, joyas y amuletos. El egipcio no renunció a este complejo sistema durante más de 3000 años por el carácter tradicional y sagrado de este tipo de escritura, pero también porque supo apreciar el potencial decorativo del mismo.

Vasos canopos de alabastro en su cofre de piedra. Tumba de Tutankamon.

  • La escritura hierática fue la versión simplificada de la escritura jeroglífica durante el Imperio Antiguo y Medio para poder ganar velocidad en los textos comunes privados y en los de la administración. Se trazaba a mano con junco y tinta sobre los soportes más diversos: papiro, tablilla, cerámicas, muro...

Escritura hierática papiro Edwin Smith, dinastía XVII, hacia el 1600 a. C. En zoom detalle.

  • El término demótico proviene del griego ("popular"). Se trata de un tipo de escritura que simplificó aún más el hierático, sin  guardar ya apenas similitud alguna con la forma jeroglífica original. Poco a poco fue desplazando a la escritura hierática: al principio, aparecía sólo en los textos de carácter legal y administrativo, pero después se extendió a los textos literarios y religiosos.

Texto demótico sobre papiro.

  • Durante la época grecorromana, el griego sustituyó definitivamente al egipcio como lengua administrativa, y la escritua griega fue adquiriendo poco a poco mayor importancia. La fonética egipcia se transcribió al alfabeto griego más 6 letras adicionales procedentes del demótico constituyéndose el copto, la última variante idiomática del egipcio. Por primera vez la lengua de los antiguos faraones  incluía vocales que nos permiten reconstruir mejor el sonido de los antiguos escritos. Los primeros textos son rituales máginos destinados a asegurar la correcta pronunciación de determinadas palabras, frases y pasajes. Luego lo utilizó la iglesia ortodoxa egipcia que lo ha conservado hasta nuestros días.

Estela funeraria del arquitecto Euprepios, siglos V-VI d. C.

El sistema jeroglífico está integrado por una combinación de signos fonéticos e ideográficos. Las imágenes más frecuentes son las de los denominados signos que representan sonidos consonánticos, que forman una especie de alfabeto o fonograma. Las vocales no se escribían. Algunos signos tienen un significado simbólico y representan un único concepto o varios más complejos, como por ejemplo, el "disco solar", que suele ser la imagen del dios sol, pero también puede ser utilizado para indicar las horas del día. La disposición de los jeroglíficos depende de factores prácticos y estéticos, en función de los cuales pueden variar también el tamaño de los signos y su posición con respecto al resto. La escritura se podía leer de izquierda a derecha o viceversa, y también en sentido vertical de columnas. El número, la forma y la ejecución tanto de los signos jeroglíficos como de los hieráticos fueron cambiando con el paso de los siglos. La complejidad del sistema no impidió que se escribiera acerca de casi todas las cuestiones, de tal modo que los antiguos egipcios están más cerca de nosotros que los pueblos de otras culturas antiguas.

13 Octubre 2010

Egipto. Tebas. Año 1336 A. C. Tutankamón, el joven faraón, ha muerto tras ocupar apenas nueve años el trono. Hay que darse prisa, los complicados preparativos de su viaje hacia la eternidad deben concluir a los 70 días exactos. Arquitectos y artesanos trabajan día y noche para rematar los detalles de una tumba en el Valle de los Reyes que por su tamaño y falta de decoración no había sido hecha para albergar a un faraón. El espacio es reducido y hay que amontonar los objetos y terminar de pintar la cámara funeraria al menos. La tumba debe quedar sellada para la eternidad.

Un hipogeo de dimensiones muy pequeñas: un pasillo de 13,60 m. de longitud; la antecámara de 28,8 metros cuadrados; el anexo lateral de 11,6 metros cuadrados y la cámara principal del sepulcro, de unos 26 metros cuadrados con su habitación del Tesoro de 14 metros.

3259 años después, en el Valle de los Reyes, viernes 17 de febrero de 1923. Dos de la tarde, un inglés, egiptólogo y pobre, de nombre Howard Carter, que desde hacía seis años vagaba por el desierto en busca de la tumba, en compañía de otro inglés, lord Carnarvon, también arqueólogo pero rico, está a punto de ver convertido su sueño en realidad: el mayor descubrimiento arqueológico de la historia de la Egiptología.

La historia entre estos dos ingleses había comenzado en 1909. En aquel año formaron una sociedad para excavar en Egipto. Lord Carnarvon ponía el dinero para las campañas  y  Howard Carter la labor científica sobre el terreno.  La sociedad no había dado todos los frutos deseados y Carnarvon había otorgado una última campaña para encontrar algún resto interesante. Howard Carter rebusca desesperado en el Valle de los Reyes la tumba de un faraón casi desconocido, llamado Tutankamón. Es noviembre de 1922.

Howard Carter (izquierda) y lord Carnarvon (derecha) ante el muro derribado de la cámara sepulcral.

El 3 de noviembre de 1922 Carter empezó a derrumbar los restos de las chozas de los obreros que trabajaron en la tumba de Ramses VI de la XX dinastía. Seis años antes los habían descubierto y no continuaron con una excavación más en profundidad para no entorpecer las visitas turísticas que se hacían a las otras tumbas. Ahora era casi el único sitio que le quedaba por explorar de un hipotético triángulo en donde suponía podría encontrar la tumba. La expectación se dispara cuando debajo de una de estas cabañas se halló un escalón de piedra. En la tarde del día 5 se habían quitado tantos escombros que a Carter no le cabía duda de que había encontrado la entrada a un hipogeo no identificado. Pero, ¿no sería acaso  una tumba inacabada? ¿o no habría sido saqueada como tantas otras? Al llegar a la duodécima grada se empezó a percibir la parte superior de... ¡una puerta cerrada, cubierta con argamasa y sellada! Se había descubierto la tumba KV62 (King Valley nº 62).

La tumba de Tutankamón cegada por los escombros.

A la mañana siguiente Carter envía este telegrama a su mecenas que estaba en Gran Bretaña: "Realizado en Valle descubrimiento maravilloso. Tumba sorprendente con sellos intactos. He cubierto todo hasta su llegada. ¡Mi felicitación!". En un viaje relámpago, el día 23 lord Carnavon y su hija  llegaban a Luxor y al día siguiente los obreros desescombraron de nuevo toda la escalera. Esta vez desenterraron hasta el último escalón encontrando el sello del propietario, Tutankamón, pero también descubrieron... que alguien se les había adelantado. Se podía ver que los saqueadores de tumbas habían penetrado haciendo una galería de ancho de una espalda y la habían cubierto de nuevo. Diez días tardaron en desalojar los escombros del pasillo de unos trece metros que había tras la puerta, hasta llegar a una segunda puerta. También esta presentaba los sellos de Tutankamón y se podía reconocer por donde los visitantes inoportunos habían penetrado.

Sellos de las puertas de la tumba.

Sus esperanzas eran modestas, a pesar de lo cual la tensión aumentaba a medida que se quitaban escombros y más escombros de la segunda puerta. Con manos temblorosas practicaron una pequeña abertura en el ángulo superior izquierdo de la misma hasta dar con una cámara de aire. Carter encendió una vela, la asomó por el agujero y echó una mirada en el interior de la nueva sala. Quedó mudo, ni una sola palabra o exclamación. Todos los que le acompañaban estaban ansiosos. Lord Carnavon, que no podía soportar por más tiempo la ansiedad le preguntó.

- ¿Ve usted algo?

Y Carter, volviéndose lentamente, dijo con voz débil.

- ¡Sí, algo maravilloso!

Uno tras otro pudieron acercarse para ver lo que había dentro: fantásticas cabezas de animales proyectaban sus sombras sobre las paredes, dos estatuas rígidas, como centinelas, presentaban la maza y la vara como símbolo del poder faraónico sobre cofres, camas, carros, jarros... ¡cuántas enseñanzas encerraba todo aquello para la investigación! Utensilios de uso común, junto con otros suntuosos. El saqueo se había producido, pero debió ser abortado por los sacerdotes. Tarros volcados y un hatillo con joyas eran los testigos mudos del robo.

Objetos amontonados que se encontraron en la antecámara. Reconstrucción según las fotografías de la época.

Durante días examinaron sistemáticamente todas las paredes y descubrieron que, entre los dos centinelas del rey, había una tercera puerta sellada sin signos de expolio. Además comprobaron, abriendo un agujerito por debajo de uno de los catafalcos, que había otra cámara lateral completamente atestada de objetos de todas las clases... Sólo en la antecámara había depositadas de seiscientas a setecientas piezas. Todos quedaron embriagados por los descubrimientos, pero también fueron conscientes desde el primer momento que les quedaban jornadas y jornadas de catalogación, conservación, restauración  y trabajo científico por delante. Sólo con lo que habían visto necesitarían para sacarlo a la luz de varios inviernos de excavaciones. Por ello,  los arqueólogos decidieron cubrir de nuevo la tumba el 3 de diciembre hasta no estar preparados para hacer un trabajo científico.

El 16 de diciembre se volvió a abrir la tumba con la ayuda de un  equipo de expertos conservadores y egiptólogos. El objetivo era inventariar y desmantelar por completo la antecámara. El  día 18 el fotógrafo Harry Burton, del Metropolitan Museum of Art, hizo las primeras fotografías del interior. Sus fotos nos ilustran a partir de entonces sobre la excavación y han servido de base para hacer este pequeño vídeo.

A mediados de febrero de 1923 la antecámara quedó desalojada. Se había logrado espacio suficiente para el trabajo que todos esperaban con el mayor interés. Ahora sería posible abrir la puerta sellada entre los dos centinelas y se sabría con seguridad si la cámara siguiente contendría la momia. Con mucha formalidad y ante un selecto grupo de veinte personas Carter y Carnarvon empezaron a retirar los primeros cascotes de la tercera puerta el 17 de febrero.

La sorpresa de Carter fue que se encontró ante lo que creyó una pared de oro macizo. Tardó tiempo en comprender que tal pared era un gigantesco féretro de madera dorada, cuyo interior contenía otros tres ataúdes o capillas más y el sarcófago de cuarcita propiamente dicho con otros tres sarcófagos y la momia del faraón. Carnarvon moriría en abril de 1923, generándose a continuación la leyenda de la maldición del faraón, que recaería sobre aquellos que osaron molestarle. Carter continuó con las labores.

El catafalco funerario de Tutankamón con las cuatro capillas sepulcrales  y los sarcófagos de piedra, oro y madera.

Los primeros féretros fueron desmontados meticulosamente y retirados. Los sellos estaban intactos, lo que quería decir que esta vez sería el primero en descubrir la momia colocada hacía más de tres mil años antes. Sobre el monolito de cuarcita reposaba una losa de granito. Cuando la retiró en febrero de 1924 dejó al descubierto la máscara del faraón niño de oro e incrustaciones de piedras semipreciosas. Este trozo del  documental de Discovery Chanel nos puede dar idea mejor que nada de lo encontrado.

En el otro extremo de la cámara encontraron una puerta baja que conducía a otro depósito de riquezas. Los mayores tesoros de la tumba se encontraban allí. Anubis protegía la estancia. En un monumento chapado en oro, , custodiado por cuatro diosas, se encontraban los vasos canopos, los recipientes de las vísceras del faraón.

La cámara del Tesoro.

Todavía se tardarían casi diez años más en dar por finalizados los trabajos arqueológicos en la tumba. Los objetos allí encontrados, más de 5900 finalmente, se encuentran en el Museo Egipcio de El Cairo.

Para saber algo más.

La Historia del descubrimiento en un documental de Discovery Chanel

Las fotos de lo encontrado en el Archivo fotográfico de Howard Carter, fotografías de Harry Burton

Para hacerse una idea muy veraz de todo lo encontrado hay una exposición itinerante con réplicas de sus tesoros (actualmente puede visitarse en Madrid) o ver a través de este vídeo de Ushebtis sobre la Exposición Tutankamón y los tesoros de su tumba en Barcelona.

14 Octubre 2009

David Roberts (1796 –1864)

Fue un pintor escocés romántico de óleos, acuarelas y litografías.  En el siguiente vídeo he recogido algunas de sus litografías más bellas fruto de su viaje el año 1838 a Egipto. Estas obras, junto con la expedición napoleónica de 1798-1800 y el descubrimiento  por Champollion de la escritura jeroglífica (desde 1821), influyeron notablemente  para desvelar esta civilización y crear un interés inusitado por ella en la sociedad europea. La música del vídeo es Inmortal Egypt (1998) de Phil Thornton and Hossam Ramzy. Disfrútalo y luego si quieres continúa leyendo el artículo que viene debajo.

Orígenes y formación artística.

Roberts nació cerca de Edimburgo en 1796. Su origen fue muy humilde, su padre era zapatero, razón por la cual no tuvo una formación académica normal como pintor. Durante su  adolescencia tuvo que alternar su trabajo por el día como pintor de brocha gorda con sus estudios nocturnos. Sin embargo, en 1815 hizo valer sus cualidades como artista y consiguió su primer trabajo como ayudante de decorador de escenarios teatrales. En 1819 ya era el escenógrafo del Teatro Real de Glasgow. En este trabajo aprendió dos cosas fundamentales que aplicaría a sus obras posteriores: a trazar perspectivas arquitectónicas y a considerar que la realidad a veces había que enmascararla para no hacerla tan vulgar.

El paisajismo romántico.

A comienzos de la década de los 20 empezó a pintar óleos y a se dio a conocer en el mundillo pictórico escocés con cuadros de paisajes al estilo romántico de ruinas medievales (La Abadía de Dryburgh),. En 1824 visitó Normandía (en Francia) y de su viaje trajo consigo cuadros como una vista de la Catedral de Rouen que le valió ganarse una reputación como paisajista. A finales de la década  pudo incluso dejar la escenografía y dedicarse a tiempo completo a la pintura de taller.

Alhambra y Albaicín, 1833.

El Guadalquivir y la Torre del Oro, 1833.

En los años siguientes tuvo el acierto de interpretar por donde se encaminaba los gustos de la burguesía y de la aristocracia británica e ir  a buscar y a ofrecerles los temas más atractivos. Entre 1832 y 1833 realizó un viaje a España y Tánger donde tomó bocetos de edificios y tipos populares con los que trabajará en los años siguientes para sacar a la luz numerosos óleos y acuarelas. En España dejó honda huella entre pintores como Jenaro Pérez Villamil. En 1837 publicó estos bocetos a través de cuadernos litografiados (Picturesque Sketches in Spain), haciendo que su obra llegara a un público mas amplio.

Porqué Egipto. El viaje de 1838-39.

Ante el éxito de este cuaderno, el pintor William Turner le animó a que buscara  paisajes aún más espectaculares y evocadores y que marchara a Egipto. Egipto, como todo lo oriental, estaba de moda en la sociedad de la época. La expedición napoleónica de finales de siglo XVIII había desvelado a Europa una civilización apasionante. La descripción que hicieron de las “antigüedades egipcias” los artistas que visitaron en aquellas fechas Egipto todavía seguía siendo casi 40 años después la referencia fundamental de aquel mundo misterioso.

En Septiembre de 1838 Roberts llegó a Alejandría. Desde allí comenzaría un viaje a través de Egipto, Nubia y Tierra Santa dibujado todos los paisajes, tipos y edificios que encontrara a su paso. Comenzó con El Cairo y los restos cercanos de Gizeh, para ir bajando a lo largo del río hasta llegar en noviembre de ese año a Abu Simbel.  En diciembre dejó Egipto para dirigirse a Palestina, Jordania y Siria donde continuó tomando notas de todos sus rincones. En mayo de 1839 dio por terminado su viaje  y regresó a Gran Bretaña. Consigo traía cientos de dibujos y bocetos.

El Cairo vista Oeste, 1838.

En Edimburgo, su amigo Robert Scout Lauder le retrató con la vestimenta árabe con la que se movió por todo Oriente (1840). Su fama como pintor se acrecentó a partir de su vuelta y en 1841 fue nombrado miembro de la Royal Academy.

Retrato de Roberts vestido de árabe por Lauder, 1840

Con todo el material que trajo de su viaje trabajará en las siguientes décadas y alcanzará un éxito notable. Durante los años 40 (1842-49) publicó junto con el litógrafo Louis Haghe hasta seis volúmenes de litografías de este viaje y numerosos óleos y acuarelas.

Pilonos y sala hípetra del templo de Isis en la isla de Filé, años 40.

Características artísticas.

Su estilo era muy libre y al mismo tiempo muy romántico. Para acentuar los detalles más pintorescos y atractivos no dudaba en:

- Añadir elementos idealizadores de luz y formas que embellecieran los paisajes y monumentos.

- Aumentar la escala de los edificios introduciendo figurillas a un tamaño menor.

- Contrastar las ruinas del Antiguo Egipto con tipos populares ataviados con los ropajes árabes.

- Variar el color y hacer borrosas aquellas estructuras menos atractivas.

Sala hipóstila del templo de Isis en Filé. Años 40.

Nuevos trabajos en las décadas de los 50 y 60.

En 1851 y 1853 viajó a Italia y visitó sus principales ciudades recogiendo nuevas vistas de paisajes ciudadanos y de interiores de edificios. Su trabajo se completa con vistas de Escocia y Londres en la segunda mitad de la década de los cincuenta y los primeros años de los 60. En 1864 moría en Londres de una apoplejía mientras pintaba vistas de la ciudad desde el Támesis.

Interior de San Juan y San Pablo, Venecia. 1851.

Para ver más imágenes de la obra de Roberts en Egipto y Tierra Santa.

Egipto al descubierto

Historia clásica

Roberts trabajando en Egipto.

 

22 Julio 2009

El clima y la geografía desempeñaron un importante papel en el desarrollo de la civilización egipcia.

Egipto forma un oasis fluvial en el desierto.

La pluviosidad en Egipto es insignificante, ni siquiera en el delta se superan los 200 milímetros al año.  En zonas como Asuam, muy en el interior, se registran 0 mm. De no ser por el Nilo la agricultura  y la vida serían imposibles.

Pero también gracias al desierto que le rodea el país estuvo aislado de sus vecinos, manteniendo sus tradiciones sin contaminar durante milenios y evitando invasiones a gran escala hasta el siglo XIII a. C.

Las condiciones del delta y del valle no han experimentado cambios fundamentales en los últimos 5.000 años. Recorramos Egipto a través de esta presentación de Slide.

  • Primero sobrevolaremos el Delta o Bajo Egipto, que destaca por su potencia agraria desde la antigüedad. Su extensión de tierras aprovechables supone dos veces más que las del valle. Aún así hay zonas de dunas y de pantanos cerca de su desembocadura. Las pirámides de Gizeh asomarán a través de las alas de nuestro avión y nos avisan que nos acercamos al valle.
  • El Valle o Alto Egipto son cientos de kilómetros entre acantilados que delimitan el desierto y la franja cultivable donde hay vida. Muy al sur encontramos Luxor, la antigua Tebas, capital de esta región y buen sitio donde retomar el viaje en barco a través del Nilo. Río arriba llegaremos a Asuam y a los encantadores templos de Filé.  La presa construida para regular las crecidas del río estuvo a punto de engullir multitud de templos, que la UNESCO salvó en unas campañas arqueológicas fulgurantes en los años 60 y 70. Los colosos de Abu Simbel elevados del nivel de las aguas nos reciben para dar acabado nuestro recorrido.

20 Julio 2009

Este artículo es la introducción de un conjunto de presentaciones sobre el arte egipcio, sus características y obras principales.

Egipto,  junto con Mesopotamia, son los dos grandes focos culturales de la Antigüedad durante la primeras edades del metal (Cobre y Bronce). Allí se produce el nacimiento de las primeras civilizaciones urbanas tras la revolución neolítica. La invención de la escritura, jeroglífica en Egipto y cuneiforme en Mesopotamia, permitirá a estas regiones trasponer el umbral de la Historia.

A través de la presentación que viene a continuación podrás entender la trascendencia de cuatro conceptos claves para entender el arte egipcio porque resumen el espíritu de la civilización egipcia: el Nilo, que determina la existencia de esta civilización; la religión, que invade todos los ámbitos de la vida y de la muerte; el faraón, que es el señor todopoderoso de Egipto además de un dios; y el conservadurismo en las tradiciones culturales que explican que este pueblo mantuviera un mismo espíritu durante más de 3.000 años, a pesar incluso de haber atravesado por momentos de crisis profundas y de desunión política.

También se aporta en este artículo una cronología simple para no perderse por la historia de esta civilización y se destaca algún hecho histórico notable a tener en cuenta.

CONTEXTO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO.

Su medio geográfico: el NILO.

El río Nilo fue la razón de ser de Egipto. En medio de inhóspitos desiertos donde no cae ni una gota de lluvia, el río da lugar a un largo y estrecho oasis de extraordinaria fertilidad. Una vez al año, el Nilo experimenta una enorme crecida debido al deshielo en las montañas de Abisinia que inunda el valle. Cuando las aguas vuelven a su estado normal, las tierras quedan cubiertas de un limo negro en donde crece con facilidad cualquier producto agrícola. Una riqueza agraria tan notable hizo que surgiera una civilización próspera y  un sólido poder estatal que controlara la inundación, canalizara las aguas, organizara los drenajes y compartimentara los campos.

El Nilo al mismo tiempo es el camino que comunica zonas separadas por más de mil kilómetros de distancia. También es el generador del relieve y del paisaje egipcio, creando dos territorios diferenciados, que en ocasiones vivieron historias separadas:

- El Alto Egipto. Era el valle encajonado del Nilo navegable entre la primera catarata y el lugar donde el río empieza a abrirse en brazos antes de llegar al mar. La ciudad más importante que ejerce de capital durante cientos de años es Tebas.

- El Bajo Egipto. Era el delta, una extensión agrícola de más de 200 kms de llanura bien regada durante todo el año por un sistema de canales. Su capital fue Menfis,  justo en la confluencia con el Alto Egipto. En los últimos siglos tomó relevancia la ciudad de Alejandría abierta al Mediterráneo.

La religión.

Egipto era una civilización politeísta en la que existía multitud de dioses locales, de entre los que destacaban los de las ciudades más importantes. Además también se veneraba a animales (zoolatría), que representan fuerzas y espíritus de la naturaleza. También se divinizó, cómo no, al Nilo y al soberano de Egipto, el faraón, que recibía el nombre de Horus.

El culto tendía a concentrarse en algunas divinidades que fueron asociadas por sus características parecidas (v. g. culto de Amón-Ra: Amón, dios sol de Tebas, y Ra, dios sol de Menfis) o porque se creó en torno suyo una teogonía o historia mitológica que los unía. Uno de los dioses más populares fue Osiris. Este dios del bien y de la agricultura fue muerto y despedazado por su hermano Set, dios del mal y del desierto. La esposa de Osiris, Isis, diosa luna, rehizo su cuerpo amortajándole y le devolvió a la vida con ayuda de otros dioses, pero sin poder devolverle al mundo de los vivos. Desde entonces reinó entre los muertos.

Esta historia genera la idea más importante de la religión egipcia que influye decisivamente sobre las artes egipcias: la creencia en la resurrección eterna de los seres humanos en un más allá. Para lograr esa vida eterna el difunto debe pasar una prueba (el juicio de los Muertos) y tener asegurado en la tierra un soporte material (una momia, una estatua, una pintura o hasta el mismo nombre). Como el egipcio acomodado quiere seguir disfrutando en el otro mundo del lujo y de las comodidades que tiene en éste se construye una casa para la eternidad (su tumba) y se hace rodear de sus riquezas y criados (ajuar y representaciones de sirvientes).

El faraón. La sociedad.

El faraón es el personaje central de la vida de Egipto. Su autoridad es absoluta y se le identifica con Horus, el sol naciente, hijo de Osiris. Posee todas las tierras, las aguas y las vidas de los egipcios. Se le representa siempre perfecto y con atributos que confirman su poder temporal como rey del Alto y el Bajo Egipto: las coronas, el cetro y el báculo, el buitre y la cobra, los colores rojo y blanco, etc. No se puede mentar su nombre ni mirarle directamente a los ojos. Él es el que pone en marcha los proyectos arquitectónicos más notables y como patrocinador de los mismos debe estar representado solemnemente en esculturas y relieves, que hagan propaganda de su persona.

Estatuas sedentes de Ramsés II delante de la entrada al templo de Amón en Luxor

Bajo el faraón encontramos un grupo de gentes privilegiadas de funcionarios y sacerdotes que reciben tierras del faraón y se enriquecen. Estos intentan imitar al faraón y asegurarse la vida eterna y  también encargarán tumbas, esculturas y hermosos frescos.

El grueso de la sociedad estaba compuesto por campesinos y obreros artesanos, que a duras penas podían ahorrar para ser momificados y ganar con ello el otro mundo. Si tenían suerte sus señores podían representarles en pequeñas estatuillas.

El escalón más bajo lo constituían los esclavos, que aunque se piense que pudieran ser muchos, posiblemente no superaran el diez por ciento de la población.

La cronología de Egipto.

Puedes consultar la siguiente presentación si necesitas una localización más exacta de los monarcas y de los periodos en los que tradicionalmente se divide la historia de Egipto. Si no necesitas tanta concreción sigue leyendo debajo.

El valle del Nilo estaba habitado desde el Paleolítico, pero no será hasta en torno al año 3.000 cuando, coincidiendo con la invención de la escritura, se produzca el primer sometimiento de todo Egipto bajo la autoridad del faraón Narmer. Se inicia así el primer Imperio, denominación que sirve para designar a un periodo de la historia de Egipto en la que el estado es poderoso y se encuentra unificado el Norte y el Sur. A tres grandes periodos de Auge o de Imperio, les suceden fases de crisis o  periodos intermedios, donde ocurren revoluciones, invasiones de pueblos extranjeros y separaciones. La sistematización de la historia se agrupa también en las dinastías reinantes.

- En el Imperio Antiguo (aprox. 2800-2300 a. C., para simplificar el III milenio a. C.) se levantaron las grandes pirámides de Saqqara y de Gizeh, obra de los faraones de la III y la IV dinastía. La capital era la cercana Menfis.

- En el Imperio Medio (aprox. 2040-1570 a. C., para simplificar primera mitad del II milenio a.C.) se vuelve a la unidad bajo una dinastía local de Tebas. Desde el punto de vista artístico es el menos importante de los periodos imperiales. La dinastía más brillante sería la XII.

- En el Imperio Nuevo (aprox. 1500-1085 a. C., para simplificar segunda mitad del II milenio a. C.) encontramos faraones con gran personalidad. Incluso uno de ellos, Amenofis IV-Akenatón, intentará cambiar la religión politeísta por un culto monoteísta al dios Atón. En este periodo Egipto rompe su aislamiento tradicional y mantiene una política exterior que le hace llevar sus fronteras hasta Nubia y Siria, donde choca con los imperios asiáticos. Es el periodo de construcción de los grandes templos de Luxor y Karnak en Tebas. El apogeo llega con las dinastías XVII y XVIII.

En el último milenio antes de Cristo la historia de Egipto entra en un periodo menos brillante o de decadencia que, sin embargo, artísticamente es muy provechoso. Los pueblos invasores se suceden: asirios, persas, griegos-macedonios y, por último, los romanos. El último monarca independiente será la famosa reina Cleopatra, de la dinastía ptolemaica, que se suicidará al no poder impedir la conquista de su reino por Octavio Augusto el año 30 a. C.. Durante la historia de Roma en Egipto (30 a. C. al siglo V d. C.) el proceso de romanización y de cristianización terminarán haciendo desaparecer su cultura milenaria, incluso la escritura jeroglífica caerá en el olvido.

Sobre Algargos, Arte e Historia

Hola, encantado de conocerte, visitante.

Me llamo Alfredo García.

Te encuentras ante un blog educativo de un profesor que busca ilustrar y completar la asignatura de Historia del Arte de 2º de Bachillerato.

Imparto mis clases en el instituto "Dionisio Aguado" de la ciudad de Fuenlabrada en Madrid.

SI ERES ALUMNO O COMPAÑERO, en este blog tienes donde sacar imágenes, materiales didácticos y algunos textos, no eruditos, que te ayudarán en tus clases. Ayúdate del índice de categorías que puedes encontrar al final de esta barra lateral. Te será muy útil pinchar sobre los capítulos de cada tema que pongan índice, pues en ellos encontrarás en un esquema los enlaces que te dirijan a todos los artículos que hay en este blog sobre el tema concreto.

SI SÓLO TE ACERCAS COMO PASEANTE, creo que te puedes llevar bellas sorpresas y que no saldrás decepcionado porque terminarás aprendiendo y disfrutando.

Si este blog te ha gustado puedes dejar un comentario y si lo deseas puedes continuar tu camino en otros dos blogs que tengo blog de Geografía de España y blog de Historia de España, donde también serás bien recibido.



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