Publicidad:
La Coctelera

Algargos, Arte e Historia


Material didáctico para la asignatura de Historia del Arte.

Categoría: 12.3.Neoclasicismo pintura

14 Mayo 2012

En CaixaForum Madrid se expone hasta el 9 de septiembre una muestra de más de 250 obras del genio italiano Giambattista Piranesi (Mogliano di Mesttre, cercano a Venecia, 1720 - Roma, 1778). La entrada es gratuita.

La muestra es muy recomendable, sobre todo si eres de los que disfrutas imaginando un mundo pasado fantástico, tanto el que fue como el que pudo ser. Porque Piranesi hizo un doble trabajo: reconstruyó académicamente las estructuras de lo que quedaba del mundo de la Antigüedad y fantaseó con cómo le hubiese gustado que hubieran sido. Aquí tienes un aperitivo.

En esto de imaginar los espacios y de recrear el mundo del pasado Piranesi engarzó con la tradición que provenía del Renacimiento y que se continuó en el Barroco. ¿O qué son si no los proyectos de Piero della Francesca diseñando sus frías Ciudades ideales?; ¿o qué pretendía Peter Brueghel imaginando la fastuosa Torre de Babel con el esqueleto del Coliseo?; ¿o qué fantasía llevó a Claudio Lorena a recrear las bucólicas puestas de sol sobre las aguas de un supuesto Puerto de Ostia?; ¿o finalmente, cómo no iba a influir en su obra las visiones idílicas de sus compatriotas venecianos que, desde Vittore Carpaccio a Canaletto, hicieron protagonista de sus composiciones a la ciudad?

Arquitecturas imaginarias, precedentes de Piranesi. De arriba a abajo: La Ciudad Ideal Renacentista de Piero della Francesca; La Torre de Babel de Peter Brueghel; El puerto de Ostia de Claudio Lorena.

Su vida y obra. Sus comienzos y su primera estancia en Roma.

Aunque todo el mundo conoce a Piranesi como grabador, se inició como arquitecto en Venecia con su tío Matteo Lucchesi, arquitecto e ingeniero hidráulico, y  posteriormente con el arquitecto palladiano y restaurador Giovanni Antonio Scalfurotto. Sin ninguna duda, fue la ciudad de Venecia y su teatral arquitectura la que potenciaron las facultades imaginativas que más tarde desarrollaría en sus arquitecturas imaginarias y capricci. Con el aguafortista Carlo Zucchi, mejoró la habilidad en el dibujo en perspectiva aplicado a la escenografía y aprendió el trabajo de grabador.

Giambattista Piranesi. Mausoleo antiguo erigido para las cenizas de un emperador romano. Prima parte di architetture e prospettive, 1743.

Pero hubiera sido un arquitecto veneciano menor más, si en 1740 no hubiese llegado por primera vez a Roma como delineante en el séquito de Marco Foscarini, embajador de Venecia en los Estados Pontificios y su primer protector. El descubrimiento de la antigüedad romana le provocó una fascinación sin límites y a ella se dedicó ya el resto de su vida. Era la época del nacimiento de los ideales del neoclasicismo, de las excavaciones indiscriminadas en el antiguo foro romano, pero también del estudio meticuloso de los más eruditos. El  joven Piranesi disfrutó los dos años que estuvo en la ciudad recorriéndola junto a los hermanos Domenico y Giuseppe Valeriani, pintores de ruinas, y trabajó como aprendiz con el mejor grabador de Roma, Giuseppe Vasi, quien le inculcó un estilo de dibujo más decidido y libre. Fruto de esta colaboración surge la primera serie de láminas realizada en 1743, Prima Parte di Architetture, e Prospettive (Primera parte de arquitecturas y perspectivas), que podemos ver en la exposición.

Piranesi. Magnífica arquitectura ideal en varios pisos y Rotonda para representación teatral de Prima Parte di Architetture, e Prospettive.

Dada la escasez de encargos arquitectónicos, Piranesi sustituyó las herramientas de arquitecto por el buril de grabador, lo que indirectamente también le permitió exponer sus ideas arquitectónicas e influir en el gusto contemporáneo. Su idea era realizar series de vistas de la ciudad destinadas a guías ilustradas, al tiempo que concebía gran variedad de arquitecturas fantásticas y composiciones visionarias innovadoras. Le interesaba tanto  destacar con gran realismo los restos y descubrimientos arquitectónicos y arqueológicos que se iban produciendo como crear también edificios imaginarios inspirados en los antiguos, a los que alterar la escala para hacerlos colosales. Además es habitual que yuxtaponga elementos de distintos edificios para originar interesantes soluciones arquitectónicas o que pequeños  ornamentos o estructuras sean el motivo de partida de novedosas combinaciones. En sus láminas todo cuenta, hasta las texturas de las vetustas piedras o las sombras que proyectan.

Piranesi. Bóveda/arco de puente y estructura de arcos y columnas a modo de logia de Prima Parte di Architetture, e Prospettive.

Su estancia en Roma concluye en 1743, teniendo que regresar a Venecia. Pero allí durará poco, porque ansía estar de nuevo cerca de las ruinas que excitan su imaginación; por lo que pocos meses después viajará a Nápoles para visitar las excavaciones de Herculano. Lo que se estaba descubriendo bajo las cenizas volcánicas le impactó enormemente y le reafirmó en su proyecto de recrear la Antigüedad clásica.

Vedute di Roma.

En 1745 regresó de nuevo a Roma, como agente del comerciante de grabados Joseph Wagner, para establecerse de forma permanente. Es a partir de entonces cuando empieza a tomar notas precisas de todos los aspectos de las ruinas y de los edificios de la ciudad con la idea de realizar libros de grabados o vistas, Vedute di Roma, que poco a poco saldrán a la luz en series. El primero, Antichità romane de’ tempi della Repubblica e de' primi Imperatori, lo hará en 1748. En él recoge básicamente los edificios de la vía Apia mostrando no sólo los restos tal como eran sino aquellos materiales y técnicas con las que fueron construidos. Las Vedute di Roma fueron completadas en años posteriores con otras series entre las que destaca Antichità Romane, publicada en 1756, que demostró al mundo, y sin dejar ninguna duda, la originalidad del arte romano.

La muestra nos ofrece varias vistas de la ciudad y nos permite compararlas con las imágenes actuales, gracias al fotógrafo Gabriele Basilico, lo que supone un curioso ejercicio de volver a recuperar la imagen tal y como pudo contemplarla Piranesi y lo que hoy en día conservamos.

Giambattista Piranesi. Restos del templo del dios Cánope en la Villa Adriana de Tívoli. Vedute di Roma.

Gabriele Basilico. Vista de los restos del templo del dios Cánope en la Villa Adriana de Tívoli. 2010.

Sus reconstrucciones denotan un gusto por la escala heroica y monumental, así como un dominio de la geometría y de la perspectiva, y un amplio conocimiento de la ingeniería romana. Sus arquitecturas además están habitadas: pobladas de carruajes, caballos y peatones. La vitalidad de los conjuntos se prolonga mediante los juegos de luces y sombras que matizan las fachadas y las posturas escultóricas que adoptan a veces ciertos viandantes.

Vista de la colina Capitolina de Roma con escalinata que va a la iglesia de Aracoeli. Vedute di Roma.

Gabriele Basilico. Vista de la colina Capitolina y de la iglesia de Aracoeli, 2010.

Carceri d´Invenzione

Al mismo tiempo que realizaba la reconstrucción arqueológica de la ciudad, Piranesi publica sus grabados más atrevidos, las  Prisiones (Carceri d'Invenzione, 1745-1760), en donde transformó las ruinas romanas en fantásticos y desmesurados calabozos dominados por enormes y oscuros pasadizos, empinadas escaleras que suben  a increíbles alturas y extrañas galerías que no conducen a ninguna parte.

Giambattista Piranesi. El puente levadizo. De Carceri-d´invenzione. Hacia 1761.

Sus prisiones no evocan recintos carcelarios conocidos, son como él lo subraya, invenciones; estructuras de desmedido tamaño desplegadas bajo una luz difusa dramáticamente graduada, cuyas extrañas y siniestras refracciones provienen del cambiante grosor de las líneas y de las distintas densidades que éstas evocan. Aunque es evidente que ganchos, cuerdas, cadenas, poleas e instrumentos de tormento, junto a la escasa luz crean un ambiente agobiante, casi doloroso, en el que se han inspirado muchas películas de terror. Gracias a un interesante video del estudio Factum Arte, que las ha recreado en 3D, podemos introducirnos en este laberinto y sucumbir ante la desesperación por no encontrar la salida. Es muy recomendable dedicarle algunos minutos a sumergirse en la pantalla gigante que ofrece la exposición, pero si no podéis acudir también lo podéis ver a continuación.

Los objetos de Piranesi.

La exposición va más allá de la exhibición de sus icónicos grabados y pretende refutar la impracticabilidad que se ha achacado repetidamente a los proyectos de Piranesi. A partir de las láminas de sus últimos trabajos de la década de 1770 dedicados a estudios de objetos y mobiliario, la empresa Factum Arte, dedicada a la reproducción de obras artísticas, ha elaborado prototipos de ocho objetos que Piranesi ideó y diseñó, pero que nunca antes fueron fabricados: dos trípodes, un jarrón, un candelabro, un altar, una cafetera y una magnífica chimenea provista incluso de morillos y rejilla. Este trabajo brinda a los visitantes la oportunidad de reflexionar sobre sus procesos creativos y comprender la originalidad y modernidad del «estilo Piranesi».

Giambattista Piranesi. Cafetera de plata (2010) realizada por Factum Arte siguiendo los diseños de Piranesi.

Trascendencia de su obra.

Visto lo anterior, se puede decir que Piranesi fue una figura crucial para la formación del gusto del siglo XVIII y anticipó, con sus métodos de trabajo, el papel de los arquitectos y diseñadores de la actualidad. La magnitud colosal de sus vistas y panoramas, así como el contraste entre el espíritu visionario y la ejecución realista de las láminas,  ejerció también una enorme influencia tanto en el Neoclasicismo como en el Romanticismo. Sus visiones sirvieron de estímulo tanto a arquitectos británicos neoclásicos como Robert Adam y John Soane como a artistas visionarios franceses como Boulée y Ledoux. Su influencia también se alargó al siglo XX, ya que sus estructuras abrieron el camino a los paisajes metafísicos y surrealistas de Giorgio De Chirico y Salvador Dalí.

6 Enero 2012

Desde la segunda mitad del siglo XVIII, con el neoclasicismo, el género del retrato empezó a dominar en la producción pictórica. El hacerse retratar se hizo imprescindible tanto para los reyes como para los grandes señores e incluso para la alta burguesía. Se pintaba expresamente para adorno de las habitaciones de los palacios y de las casas, pero, sobre todo, como seña de identidad y espejo de la personalidad y del gusto del retratado.

Del retrato neoclásico se esperaba que cumpliera dos objetivos:

  1. 1.- Que reflejara, con la aplicación técnica de un correcto dibujo y un atinado color (sin exageraciones ni estridencias), una semejanza con los rasgos físicos de la persona pintada. Sin embargo, el "decoro" imponía que se idealizara o embelleciera algo a las personas a las que les faltara hermosura para que su dignidad no se viera perjudicada. La pose debía ser apropiada y, a ser posible, sin afectación ni violencia. En el retrato del diplomático holandés Gaspar Mayer Jacques Louis David nos muestra un bello ejemplo de retrato simple y comedido, pero donde además introduce un matiz psicológico para adentrarse en la realidad del personaje: su apostura distante pero auotoconsciente de su propio valor.

David, Gaspar Mayer. 1795.

  1. 2.- El segundo objetivo es que representara la categoría social, su carrera o la significación de algún acto o las inclinaciones del personaje retratado. El vestido, las joyas, el uniforme, los signos de poder... eran elementos que determinaban la posición social. Sus aficiones y oficios también tenían cabida en la representación, por ejemplo: el pintor con sus pinceles; el coleccionista con sus tesoros; el amante de la música con un instrumento o una partitura; el pensador con sus libros....  Si era un personaje público, además, debía mostrar elementos simbólicos de su carácter o de su jerarquía social: columnas, cortinas y mesas daban importancia al personaje; fondos tempestuosos o movidos o de rocas se asociaban con la guerra y con el oficio militar; fondos con parques o paisajes naturales bellos servían para realzar la belleza femenina... Véase los ejemplos de abajo.

David, Napoleón como primer Cónsul. 1804. Sirva este retrato para compararlo con la de hombres de Estado realizados por Goya y ver sus semejanzas.

Sir Joshua Reynolds, ejemplo de retratista de la aristocracia inglesa de la segunda mitad del siglo XVIII. Retrato de Lady Sunderland, 1787. La dama luce sus mejores galas en un entorno natural idealizado.

El retrato neoclásico en Goya.

En este artículo me interesa destacar la obra de Francisco de Goya como retratista, un género insuficientemente  ponderado pese a ser parte fundamental de su producción y del éxito social que tuvo en su momento. Además, gracias a Goya conocemos la efigie de muchos de los personajes de la historia de España entre 1780 y 1830 e incluso podemos adentrarnos por medio de ellos en su personalidad. Las razones de este menor aprecio de la crítica al retrato tal vez se deba a que, injustamente, no se le han atribuido ni la modernidad ni las aportaciones geniales que no se le discute en otros géneros. Espero que este artículo sirva de desagravio.

Aunque se puede hablar de una evolución en los retratos de Goya, se aprecia también que desde los años 80 el pintor pugna entre los convencionalismos neoclásicos y un estilo muy personal, más sicológico y rupturista. Sirvan de ejemplo los siguientes cuadros que, además de ser magistrales, tienen en común algunos de ellos, la aparición del propio artista entre los retratados, como otro rasgo de la modernidad de un pintor consciente de su genialidad.

Retrato del conde de Floridablanca, 1783. El retrato oficial.

En 1783 Francisco de Goya llevaba ocho años en Madrid como pintor de la Real Fábrica de Tapices al amparo de su cuñado Francisco Bayeu. Había cumplido la edad de 35 y probablemente se sentía coartado en su proyección como artista entre los cartones para tapices y los frescos religiosos. Pero ese año recibió dos importantísimos encargos, nada menos que los retratos del primer ministro de Carlos IIIJosé Moñino, conde de Floridablanca y los de La familia del Infante don Luis. Con estas obras el destino de Goya cambió: se introdujo definitivamente en los ambientes de palacio y se convirtió en el retratista de moda.

Comienzo analizando el siguiente retrato de Floridablanca por ser paradigmático de lo que debía ser un retrato neoclásico y cortesano al uso, que se puede comparar muy bien con el de Napoleón como primer cónsul de David.

En este cuadro el atrevimiento de Goya sólo es grande al incluirse personalmente presentando, con un gesto muy respetuoso, un cuadro al conde, que se haya rodeado de planos y libros en pleno trabajo burocrático. Floridablanca es el centro de la composición y es iluminado bajo una luz intensa que realza el tono escarlata, muy subido, de su traje. Parece que los trajes rojos gustaban de verdad al ministro, lo que es un rasgo realista que además le sirve para realzar la jerarquía del personaje, ya que lo contrasta con el vulgarísimo marrón de las chaquetas de Goya y del ingeniero Sabatini en segundo término. La estatura de los personajes es otro recurso para realzar la categoría: el conde es más alto que Sabatini y éste más alto que Goya. Su mirada es directa y muestra voluntad e inteligencia, aunque tal vez sea más acertada la del otro retrato que realizó del ministro, que  podemos ver debajo.

El fin del retrato no es sólo captar su semblanza, sino, sobre todo, subrayar la eficacia del conde y su actividad. Los objetos del cuadro deben demostrar el activo interés de Floridablanca por las artes. En el suelo hay un tomo de Palomino, lo que da indicio de que el ministro lo está leyendo, y la presencia de Goya con su lienzo demuestra que además protege a los artistas jóvenes. Pero también en la mesa se amontona un mapa con el canal Imperial de Aragón, y hay cálculos para un presupuesto en uno de los papeles sobre la alfombra. El arte, la ingeniería y la economía se entremezclan en esta pintura y, por tanto, en la labor y el fomento del ministro ilustrado de Carlos III. Recalcar que es fiel servidor del rey es la finalidad del retrato oval que está por encima de todas las cabezas. El reloj es el símbolo de la precisión y de la meticulosidad  del ministro.

Francisco de Goya. Retrato de Jovellanos, 1798.

El contrapunto a este cuadro es el que realiza para otro ministro años más tarde (1798), su amigo y ejemplo de intelectual ilustrado Gaspar Melchor de Jovellanos. Es un retrato menos formal, mucho más íntimo, que refleja además la evolución técnica y estilística del pintor y del retrato oficial.

1. Sorprende en primer lugar la austeridad y simplicidad en el vestir del ministro con una elegante casaca gris, sin las condecoraciones y las bandas de Floridablanca. Ni al ministro ni al pintor les interesan destacar la categoría social.

2. Un sólo elemento simbólico le acompaña, pero que ocupa gran parte de la mesa, la estatua de Minerva, la diosa de la sabiduría. El mensaje es claro, estamos ante una de las mentes más preclaras del reformismo ilustrado y la diosa le protege con su mano.

3. El motivo central del cuadro es fundamentalmente captar la hondura psicológica del ministro con su postura melancólica y soñadora. Incluso podríamos decir que trasmitir la sensación de encontrarse un tanto apesadumbrado por la dificultad del trabajo que le espera para hacer las reformas necesarias en España.

4. Técnicamente, la pincelada es agilísima y vibrante. Los toques pincel denotan la influencia de Velázquez, el pintor que más apreciaban tanto el retratado como el retratista.

La familia del Infante don Luis, 1784. El retrato familiar.

El retrato de La familia del Infante don Luis, pintado a la vez que los de Floridablanca, es un cuadro muy distinto. Lo destaco en este artículo por su gran calidad y por ser el preludio también de ese estilo personal y moderno de Goya que debe tanto a la influencia de Velázquez. También porque, a su manera, es el enlace necesario para comprender el camino que hay entre Las Meninas y el gran cuadro de La familia de Carlos lV compuesto dieciséis años después.

La familia del Infante don Luis, 1784.Lienzo, 248 x 330 cm. Fundación Magnani-Rocca, Parma.

El lienzo recoge una escena familiar de don Luis, el hermano menor del rey de España Carlos III, apartado de la familia real en un seudo exilio en Arenas de San Pedro por su renuncia a la carrera eclesiástica y por su posterior matrimonio morganático con la joven María Teresa de Vallabriga. Don Luis aparece sentado a la mesa de perfil y jugando tranquilo con las cartas al solitario, mientras peinan a su esposa. Tras él aparecen sus hijos pequeños, María TeresaLuis María, que de mayores también retratará Goya como duquesa de Chinchón y arzobispo de Toledo respectivamente, y  la recién nacida María Josefa en brazos de una ama de cría. Completan el grupo algunas damas y caballeros de la pequeña corte del infante "descarriado".

Se trata de un momento de ocio donde se mezclan los señores de la casa, sus hijos que juguetean y los empleados o amigos. Sólo trabajan el barbero y el pintor, cuyos cuerpos inclinados dan vida al cuadro con un gesto velazqueño, que continúa la pequeña María Teresa de Borbón y Vallabriga que se ladea como una Menina. ¡Qué distinto este cuadro de los retratos oficiales que acaba de pintar Goya para Floridablanca! No hay lucimiento de joyas ni intención de mostrar jerarquía social, especialmente en doña María Teresa que viste solo un blanquísimo camisón.

Y, sin embargo, ciertos convencionalismos dominan en el cuadro.

  • La luz y el color subrayan de nuevo la categoría de los personajes representados. Se iluminan las caras de los miembros de la familia con luz intensa proveniente, sorprendentemente, de la única vela que hay sobre la mesa; las de los criados y demás personajes subordinados, menos. 
  • La composición se organiza a través de dos diagonales que se cruzan en el centro, lugar ocupado por doña María Teresa, lo que nos indica la importancia que tiene como eje de la familia y principal razón para el alejamiento del infante de la Corte.
  • Los objetos que hay encima de la mesa están individualizados y tienen gran protagonismo, por lo que hay que entenderlos en clave simbólica. La vela encendida se puede interpretar como la presencia del amor entre los esposos o la luz de la verdad en esta relación tan desigual de años y de extracción social; y las cartas echadas como si a través de este acto el infante estuviera queriendo ver su futuro y el de su familia.

Francisco de Goya. Retrato de Don Luis de Borbón y María Teresa de Vallabriga, 1783. Estudios preparatorios para el retrato colectivo de La familia del infante don Luis, 1784.

Goya individualizó perfectamente a cada uno de los personajes gracias a los retratos preparatorios que realizó en la larga visita que realizó a la familia en 1783. Se nota en el cuadro el afecto que profesa a la pareja y a los niños. En el cuadro creó un ambiente relajado, simpático y distendido a través de la intimidad de la luz y de la cotidianeidad de los actos, demostrando que participaba en las veladas de don Luis y haciéndonos partícipes a los espectadores del momento. No llegará a tal grado de informalidad en su siguiente gran retrato familiar, el de la familia de  los Duques de Osuna (1788), donde no hay tanta implicación emocional. Tampoco hay gran modernidad en los retratos de las decenas de aristócratas para los que pintará retratos muy formales en las siguientes décadas. A lo sumo los representa más distendidos, menos envarados, como a su protector el Duque de Alba, melómano conocido que se apoya relajadamente en un clave mientras abre una partitura de Haydn, su músico preferido.

Francisco de Goya. Retrato de José Álvarez de Toledo, Duque de Alba, 1795.

La familia de Carlos IV, 1800-01. El pintor de Cámara del nuevo siglo.

En 1789 llegó el reconocimiento para Francisco de Goya cuando consiguió su ansiado cargo de pintor de Cámara y en 1799 su consagración al ser nombrado Primer Pintor, la misma distinción que había obtenido Velázquez un siglo y medio antes. Por esta razón recibió inmediatamente el encargo de realizar varios retratos del rey y de los miembros de la familia real. Pero, sin duda, el más importante el que realizó entre 1800 y 1801 para congregar a todo el grupo familiar.

Los personajes retratados están presididos por los reyes en el centro, María Luisa de Parma y Carlos IV, junto a sus hijos menores, el infante don Francisco de Paula y la infanta doña María Isabel. En el grupo de la izquierda: se adelanta el joven príncipe de Asturias y futuro Fernando VII, vestido de azul; tras él el infante don Carlos María de Isidro, segundo en la sucesión al trono; la infanta doña María Josefa, hermana del Rey, asoma la cabeza y una mujer que vuelve la cabeza, posiblemente la esposa desconocida de Fernando; y, por supuesto, el propio pintor delante de un gran lienzo. En el grupo de la derecha: el infante don Antonio Pascual, hermano del Monarca; doña Carlota Joaquina de perfil, reina de Portugal e hija mayor de los Reyes; y los príncipes de Parma, la infanta doña María Luisa, que sostiene en brazos a su hijo el infante don Carlos Luis, y su marido don Luis de Borbón, futuro rey de Etruria.

Para tamaño cuadro el pintor hizo en 1800 diez bocetos preparatorios previos al natural sobre una imprimación rojiza de los que se conservan cinco en el Museo del Prado.

El retrato de La familia de Carlos IV parece captar una mezcla de informalidad, quizás unida a actitudes progresistas, y cierto tradicionalismo. Representa un día de gran gala en palacio, ya que el rey y algunos de los príncipes llevan uniforme y lucen las veneras de diversas órdenes militares y la banda de la orden de Carlos III. Y, sin embargo, algunos aspectos del cuadro realzan la falta de una formalidad excesiva en este grupo. No es un cuadro en que se subraye el poder del monarca con columnas y cortinajes o palio en el fondo, por ejemplo, como en los cuadros de La familia de Felipe V de Van Loo, o de la del mismo Carlos IV de Mariano Maella (1789) o de Vicente López para la Universidad de Valencia (1802). Es una habitación casi a oscuras. Tampoco se acentúa el status especial del rey con un bastón de general, ni se hace sentar a la reina para realzar la autoridad del varón soberano.

Vicente López. Carlos IV y su familia. Homenaje de la Universidad de Valencia, 1802.

La fealdad de sus figuras no aparecen de ninguna forma idealizada como en el cuadro de Vicente López. Son rostros reales y parece que sus protagonistas se vieron fielmente representados y pudieron quedar complacidos. Del rey quiere destacar su carácter bondadoso y sereno y de la reina su importancia dentro de la familia y su actuación como madre protectora.

El ejemplo que los monarcas proponen en este caso es familiar: el de una familia unida y cariñosa, lo que el tiempo desmentirá. La reina da con sus manos igual importancia a su hija María Isabel y al hijo menor Francisco de Paula. No se trata aquí de dar más categoría al heredero o a los hijos varones, como en el caso de los cuadros mencionados de Maella y Vicente López. Otro gesto íntimo y cariñoso es el del infante Carlos María de Isidro, que se agarra con la mano derecha a la cintura del príncipe Fernando.

Francisco de Goya. Retrato de la familia de Carlos IV, 1800-01. Autorretrato de Goya, Carlos María de Isidro y el príncipe Fernando.

En el fondo, a la derecha, la infanta Maria Luisa tiene a su hijo Carlos Luis en sus brazos, como si fuese normal que lo llevase así y le diese el pecho. Con este detalle se acentúan las actitudes modernas e lustradas de la familia, con respecto a la crianza de los hijos muy en la línea del retrato de La familia del Infante Don Luis (1783).

Hay jerarquía en este cuadro, pero igualdad también. La luz es natural y simbólica a la vez, lo que permite al pintor graduar la respectiva importancia de sus personajes además de variar su talla. Les distingue y diferencia sabiamente también con la gama de colores. Y, naturalmente, la cara del mismo Goya está en sombra. Es de todas la que menos se ve y menos status tiene. Y, sin embargo, Goya descuella por su altura en esta zona del cuadro, y no siente ya la necesidad de agacharse como en La familia del infante don Luis (1784), ni achatarse como en el retrato de Floridablanca (1783). Parece tener la misma altura que el rey en este caso: su estatura, ya que no su status, es parecida, lo que no hubiera sido posible sin el consentimiento de los mismos reyes.

La simplicidad en cuanto al simbolismo es paradigmática. Los cuadros del fondo no reflejan el simbolismo tradicional: uno de ellos es un paisaje y el otro quizá un motivo religioso. La presencia del pintor pintando pone también de relieve la importancia de las Bellas Artes para la familia, pero, sobre todo, su guiño de nuevo al cuadro de Las Meninas.

29 Mayo 2011

El Neoclasicismo fue el estilo dominante en el arte occidental desde mediados del siglo XVIII hasta 1820. Desde entonces cedió ante el arrollador avance revolucionario del romanticismo, cálido y colorista, sensible y poético. Sin embargo, perduró, de alguna manera, a través de las enseñanzas académicas hasta comienzos del siglo XX.

Neoclasicismo e Ilustración.

El Neoclasicismo nació como reacción contra el hedonismo y la frivolidad del rococó. Su impulso inicial no vino de la mano de los artistas sino de los filósofos, los representantes de la Ilustración en Francia. Hombres como Diderot y Voltaire protestaron contra el relajamiento moral del estilo rococó y, por asociación, contra el régimen que lo había engendrado. Reclamaban un arte racional, moral y con principios. Pedían un arte dirigido por la razón y no por el sentimiento, en el que la perfección técnica dominara sobre la improvisación y la imaginación.

David. La cólera de Aquiles, 1819. Kimbell Art museum. Texas.

Neoclasicismo y Antigüedad clásica.

Las normas que el artista ilustrado siguió las encontró en el espíritu de Grecia y de Roma. Los descubrimientos arqueológicos del siglo, como las redescubiertas Herculano (desde 1738), Pompeya (desde 1748) y Paestum, revelan una serie de obras que fueron aceptadas por las Academias como modelos y normas que toda creación artística debía de cumplir. Aún así, las pinturas tardaron en ser estudiadas y divulgadas. Sí que se poseían desde "siempre" las bellas esculturas, atesoradas por los coleccionistas y dibujadas por los pintores como ejercicio académico. Por esta razón, podemos decir sin ningún género de duda que éstas fueron más decisivas en la creación de la pintura neoclásica. También se sacralizó el Renacimiento, como otro periodo en el que había que ver la continuidad del arte supremo del clasicismo. Algunos pintores del Barroco no son desdeñados (Poussin, Lorena, Carracci...) porque supieron mantener las esencias clásicas en medio de la corriente imperante.

Templo de Hera en Paestum, por Antonio Joli, un preneoclásico italiano.

Wincklemann y Mengs, teóricos y precursores.

La semilla de este resurgimiento se plantó en Roma. Johann Wincklemann (1717-1768), un erudito alemán que trabajaba para el cardenal Alessandro Albani, un acaudalado coleccionista de antigüedades, sentó las bases teóricas en sus libros. Sus escritos proclamaban la superioridad del arte griego e invitaba a los pintores a "mojar su pincel en el intelecto". Estas ideas fueron secundadas por Anton Mengs (1728-1779), también afincado en Roma. Mengs pintó un fresco sobre el tema de Apolo y las Musas en el Parnaso (1760-61) en la bóveda de una sala nueva de la residencia Albani. Aunque a ojos del observador moderno pueda parecer insípido, el fresco fue notablemente influyente a la hora de promover el neoclasicismo al encontrarse en uno de los salones más visitados por todos aquellos viajeros que emprendía el Gran Tour por Italia. A diferencia de lo que se venía haciendo en los últimos150 años la imagen reflejaba una escena que aspiraba a la armonía y a la serenidad, alejada de perspectivas atrevidas, escorzos violentos o situaciones morbosas.

Mengs, Anton Raphael. Apolo y las Musas en el monte Parnaso. Villa Albani, Roma, 1761.

Características artísticas del neoclasicismo pictórico.

Al año siguiente Mengs publica su libro Reflexiones sobre la belleza y el gusto en la pintura (1762), donde expresará las ideas esenciales que deben inspirar esta manifestación atística. Del mismo se pueden extraer las siguientes características que definen el neoclasicismo pictórico:

  • La principal fuente de inspiración del artista debía ser la naturaleza, pero como esta es imperfecta se debía escogerse de ella lo mejor, sin dar cabida a la fealdad o a la imperfección. Las obras, pues, debían ser  realistas, pero idealizadas. Los personajes debían desarrollar musculaturas perfectas y proporciones canónicas, semejantes a las de las esculturas clásicas griegas. Los escenarios arquitectónicos debían recrear el pasado clásico de forma veraz. Los paisajes naturales habían de ser bellos y tranquilos.
  • Falta de expresividad. Los sentimientos no debían ser mostrados o si se mostraran debían ser contenidos y fríos. Cuando había que aportar pasión a la escena, algunos pintores utilizarán recursos teatrales, gesticulaciones grandilocuentes con los brazos, que todos entendían como parte del mensaje trascendente con el que se quería ennoblecer la escena. Pero, la mayor parte de las veces, los rostros adoptaban una actitud contenida e impasible, no importando cuán intenso fuese el sentimiento que podía dominar en el tema, puesto que así conservaban esa belleza ideal, sin que el dolor o la alegría deformara sus rasgos.

Pelagio Palagi, Los deposorios de Amor y Psique, 1808

  • Las composiciones eran concebidas de forma geométrica, equilibrada y estática. Cuando en un grupo había que establecer una relación de movimiento, resultaba mesurado y con posturas muy estudiadas. No hay temas anecdóticos que distraigan del motivo principal. Todo acontece en primer plano trasmitiendo rápidamente y sin duda el mensaje.
  • La luz era clara y fría, ya que si se adoptaran tonos dorados se introduciría en la obra una sensualidad que se rechazaba en la estética neoclásica. No se renuncia al claroscuro, que sigue utilizándose por algunos autores, porque la luz intensa dirigida permitía aclarar aún más la prioridad compositiva, dejando en penumbra lo más secundario.
  • Técnicamente, la factura era impecable; es decir, la superficie del cuadro parecía esmaltada porque difícilmente se apreciaban las pinceladas.
  • Predomina el dibujo, la forma, sobre el color. Los colores son pálidos, convencionales, y el dibujo es el objetivo prioritario del pintor. Contornos bien definidos, bellas líneas y cuidado del detalle... buscando una semejanza con la escultura.

Todo ello daba como resultado una estética distante del espectador.

Ribera. Juan Antonio. Cincinato abandona el arado para dictar leyes a Roma, 1806. Museo del Prado.

Características temáticas.

Las principales fuentes de inspiración para los artistas neoclásicos fueron:

  • En primer lugar, la Antigüedad clásica, los temas de historia y de literatura- mitología.  Una de las críticas más recurrentes de los filósofos ilustrados era que la visión que se tenía durante el Rococó del mundo clásico giraba en torno a fantasías eróticas y diosas desnudas. Ahora, sin renunciar al desnudo, se pondría en primer lugar la virtud, la moralidad o la heroicidad de la escena. Normalmente el tema escogido era una alegoría para tener en cuenta en el presente, por lo que a la función narrativa del hecho había que añadirle una intención moralizante.

Regnault, Jean Baptiste. El genio de Francia entre la Libertad y la Muerte, 1795.

  1. Los dioses mitológicos ahora son virtuosos ahora son virtuosos y se alzan imponentes por encima de los mortales. Los héroes aparecen victoriosos en el momento más trascendente de su hazaña.
  2. Los personajes históricos son ecuánimes, pacientes, sobrios y abnegados. Son ejemplos morales de conducta a seguir como Sócrates, los Horacios o Cincinato. Son los "nuevos santos y mártires" que ofrecen patrones de vida morales alejados de la corrupción, el lujo, el egoísmo o la lujuria.

Angelika Kauffmann. Cornelia, la madre de los Graco, presenta a sus hijos comos sus tesoros, 1785. Virginia Museum of Fine Arts, Richmond.

  1. Jacques-Louis David o Ingres hicieron coetáneo el carácter heroico del pasado de Roma con la Revolución francesa. Con Napoleón Bonaparte la pintura se convirtió en un arte al servicio de la propaganda del Imperio y del emperador.

Ingres, Auguste-Dominique (1780-1867).  Retrato de Napoleón en el trono imperial, 1806 (Musée de l'Armée, Paris).

  • El segundo género en importancia que se practica es el del retrato. Se busca la captación sicológica del retratado, aunque mostrándole muy idealizado. Poses y escenarios muy estudiados que pretenden trasmitir elegancia y serenidad. Hay pintores especializados en esta temática que consiguen un gran éxito social como François Gerard en la Francia del primer tercio de siglo.

Gérard. Retrato de madame Recamier, 1805.

  • El paisaje. Es un género menor que se justifica de forma independiente si es para recrearse en una naturaleza ideal que sirva de fondo a una escena o a una narración. Se pone de moda el paisaje de parajes con restos arqueológico reales  y fingidos que pretender recrear una idílica y melancólica campiña. Las vistas de ciudades con recreaciones costumbristas también son otro de los subgéneros con clientela en la que se especializan algunos pintores italianos y alemanes.

Johannn Chrstian Reinhart. El descubrimiento del capitel corintio por Calimaco, 1844-46.

Esquema de Autores

Os pongo en la pista de los principales pintores que trabajaron a lo largo de su carrerra en el estilo neoclásico. Algunos los podéis ver en esta presentación, pero otros habrá que rebuscar algo más para encontrarlos.

  • FRANCIA
  1. Robert Hubert (1733-1808). El precursor
  2. Jacques-Louis David (1748-1825).
  3. Jean-Baptiste Regnault (1754-1829)
  4. Antoine-Jean Gros (1771-1835).
  5. François-Pascal Simon Gerard (1770-1837).
  6. Pierre-Paul Prud´hon (1758-1823)
  7. Anne-Loui Girodet-Trioson (1767-1824).
  8. Jean-Auguste-Dominique Ingres (1780-1867).
  • ESPAÑA
  1. Anton Rafael Mengs (1728-1779). Trabajó en Alemania, Italia y España.
  2. Luis Meléndez (1716-1780).
  3. Juan Antonio Ribera (1779-1860).
  4. José Aparicio (1773-1838).
  5. Vicente López (1772-1850).
  6. José Madrazo (1781-1859).
  • ITALIA
  1. Giuseppe Borsato (1771-1849).
  2. Robert Lefevre (1755-1830).
  3. Andrea Appiani (1754-1817).
  4. Pelagio Palagi (1775-1860).
  • ALEMANIA
  1. Angelika Kauffman (1741-1807).
  2. Johann Christian Reinhart (1761-1847).
  3. Leo von Klenze (1784-1864).

Von Klenze, Leo.  Acropolis, 1846. Neue Pinakothek, Munich.

Sobre Algargos, Arte e Historia

Hola, encantado de conocerte, visitante.

Me llamo Alfredo García.

Te encuentras ante un blog educativo de un profesor que busca ilustrar y completar la asignatura de Historia del Arte de 2º de Bachillerato.

Imparto mis clases en el instituto "Dionisio Aguado" de la ciudad de Fuenlabrada en Madrid.

SI ERES ALUMNO O COMPAÑERO, en este blog tienes donde sacar imágenes, materiales didácticos y algunos textos, no eruditos, que te ayudarán en tus clases. Ayúdate del índice de categorías que puedes encontrar al final de esta barra lateral. Te será muy útil pinchar sobre los capítulos de cada tema que pongan índice, pues en ellos encontrarás en un esquema los enlaces que te dirijan a todos los artículos que hay en este blog sobre el tema concreto.

SI SÓLO TE ACERCAS COMO PASEANTE, creo que te puedes llevar bellas sorpresas y que no saldrás decepcionado porque terminarás aprendiendo y disfrutando.

Si este blog te ha gustado puedes dejar un comentario y si lo deseas puedes continuar tu camino en otros dos blogs que tengo blog de Geografía de España y blog de Historia de España, donde también serás bien recibido.



If your language is not Spanish, try to translate this blog with the help of this translator.





http://profesorfrancisco.wikispaces.com/file/view/circulocultural3.gif/123530605/circulocultural3.gif



ARTE EN LOS BLOGS


Loading


Visit ARQUEOLOGOS



Visit CLIO EN RED


miarroba.com

Dale al play


BATALLA DE TEOTOBURGO
Música de la Electric Light Orchestra

Cortesía de Frodocomarca67





STAR WARS EMPIRE AT WAR

Cortesía de Luisite 8




PÁGINAS HERMANAS




LOS BLOGS QUE SIGO





ALGUNOS ARTÍCULOS





ImageChef.com - Custom comment codes for MySpace, Hi5, Friendster and more


SÍGUE ESTE BLOG A TRAVÉS DE FACEBOOK Y DE TWITTER



Alfredo Algargos | Crea tu insignia




CALENDARIO PARA ALUMNOS





ALGUNOS DE MIS VÍDEOS





Categorías