Publicidad:
La Coctelera

Algargos, Arte e Historia


Material didáctico para la asignatura de Historia del Arte.

Categoría: 13.3.1.Siglo XIX pintura Francia

13 Junio 2013

A partir de mediados del siglo XIX, la burguesía se impone definitivamente en la sociedad europea y con ella un nuevo modelo de códigos en las relaciones sociales y familiares tanto en el ámbito público como en la vida privada. La burguesía quiere dejar a la posteridad la imagen de su éxito económico y social a través de la pintura y de la fotografía, pero también quiere plasmar gráfica o visualmente los comportamientos sociales. Es el momento en que se populariza la fotografía, aunque los retratos pictóricos todavía son muestra de buen gusto y estatus social. Ante el pintor o ante el fotógrafo, los sujetos retratados adoptan una serie de poses, vestimentas y adornos que son los signos de aquella imagen con la que como individuos quieren ser conocidos por el resto del mundo. Estas representaciones visuales pretenden además delimitar las funciones y áreas de ambos sexos en la sociedad burguesa: al hombre le corresponde la gestión de los negocios y la vida pública; a la mujer la administración del hogar y la esfera privada.

Edgar Degas. Retratos en la Bolsa, 1878-79. Óleo sobre lienzo, 100 x 82 cm. Musee d'Orsay (París). La Bolsa es uno de los ámbitos de la nueva sociedad capitalista burguesa. Aquí contemplamos su actividad, reservada sólo a los hombres.

La mayor parte de los pintores se muestran muy convencionales a la hora de representar a la mujer burguesa. Responden a un patrón propio de una cultura patriarcal en la que la mujer debía ser, de soltera, buena hija y novia bella e inaccesible y, de casada, buena madre y esposa. Salirse de estos estereotipos de representación y de lo que debe ser su papel en la sociedad es transgredir el sistema y entrar en el oscuro mundo de la mujer marginada, de la prostitución o de las clases bajas, que también atrae a los pintores.

Edgar Degas. Mujeres en la terraza de un café por la noche, 1877. Pastel sobre monotipo, 41 x 60 cm. Musée d'Orsay, París. Se trata de unas prostitutas que esperan a sus posibles clientes sentadas en un café. La composición se estructura a través de las columnas de la terraza que dividen la escena en varias franjas verticales y rompen el espacio para crear sensación de movimiento. De esta manera se muestra la influencia de los grabados japoneses, que solían disponerse similarmente. La perspectiva empleada es algo elevada, como si se tratara de una figura que avanza hacia el grupo - el camarero o un cliente - lo que crea un maravilloso efecto de inmediatez. Al ser un pastel sobre monotipo las masas de blancos y negros abundan en la escena, animada por las tonalidades malvas, rojas y grises. La luz artificial del local, de las farolas y de los escaparates es un gran logro del artista que refuerza así la comentada sensación de realismo.

Edgar Degás (1834-1917) es uno de los pintores más sensible por el mundo femenino. Conocido por especializarse temáticamente en la representación de bailarinas de ballet, sus pinceles también hacen protagonista a la mujer en muchos otros cuadros: a obreras trabajando (planchadoras); a mujeres anónimas y desnudas que realizan tareas íntimas en el cuarto de baño; a mujeres de la "noche" en cafés y locales de espectáculos; y, por supuesto, a mujeres concretas de su clase social a las que retrata.

Edgar Degas. Las planchadoras, entre 1884 y 1886. Óleo sobre lienzo, 76 x 81 cm. Musée d'Orsay, París. Es un cuadro en la estética realista de Courbet o Daumier. Nos presenta a las planchadoras en su duro trabajo, ajenas a los buenos modales o a la belleza refinada. Su trabajo es duro bajo temperaturas de más de 30º y teniendo que realizar mucha fuerza para que la ropa quede bien. Una de ella se duele del esfuerzo y se toma un reposo con una botella de vino. Resulta sorprendente la factura, casi de manchas, aunque existe una excelente base de dibujo como podemos apreciar en los brazos o en los rostros. El resultado consigue un efecto vaporoso motivado por el calor de las rudimentarias planchas.

A mi juicio, Degas es uno de los pocos pintores que en el género del retrato femenino burgués es capaz de captar con naturalidad a la mujer rompiendo convenciones y trasmitiendo sentimientos reales de las retratadas y del pintor a cerca de ellas. Esto es posible, tal vez, porque sus modelos son, con frecuencia, mujeres de su propia familia o amistades muy cercanas, lo que le libera en cierta medida del convencionalismo social. Esta actitud ante el retrato femenino es constante tanto en su etapa como pintor realista como cuando ya se decide por la ruptura vanguardista del impresionismo. A continuación hago un repaso de algunas de sus mejores obras en este tema.

Edgar Degas. La familia Bellelli. 1858. Óleo sobre lienzo, 200 x 250 cm. Musée d'Orsay (París).

En uno de sus primeros grandes retratos, el de la familia Bellelli, ya vemos cuán importante es para Degas dejar bien claro lo que siente ante las mujeres del cuadro. Es un cuadro de 1858, cuando el pintor completaba su formación como pintor en Italia. Los retratados son sus tíos, en concreto, su tía Laure, hermana de su padre, que había casado con el barón Gennaro Bellelli, junto a sus dos hijas, Guilia y Giovanna. La imagen nos muestra el salón de una familia burguesa no carente de cierto lujo en el mobiliario y en el alegre papel pintado azul celeste que domina la composición. Sin embargo, las figuras aparecen tristes y desconectadas de la realidad. Precisamente cuando Degas llegó a Florencia, donde vivían, Laure había tenido que marchar a Nápoles para cuidar de su padre, que fallecería poco tiempo después.

Domina el cuadro el grupo de la madre con sus hijas. Las mujeres aparecen vestidas de riguroso luto por la muerte del abuelo. En la pared se contempla un dibujo a tiza roja en la que se vislumbra el rostro del finado. Su tía. Laure, es todavía joven, pero tiene una mirada triste y su actitud es muy rígida. Su prima mayor, Giovanna, mira fijamente al espectador y mantiene la seriedad propia de la convención del momento y del mundo de los adultos.

La menor, Giulia, se distrae y rompe la pose tal vez atraída por un perro que se sale del cuadro por el margen inferior izquierdo. No puede estarse quieta y recoge una pierna para sentarse sobre ella. Un suave foco de luz ilumina estas figuras, mostrando la cercanía del artista hacia los miembros de su familia directa. No sólo la luz une a las mujeres sino que apreciamos un contacto físico entre ellas: la mano de la madre posándose en el hombro de Giovanna y la fusión entre las faldas de Laura y Giulia.

La frialdad que reina en esta familia no radica sólo en la muerte del abuelo. En el cuadro hay un drama escondido ante el que el pintor se pronuncia, dejando claro por quién toma partido y también su audacia como pintor que viene a romper con los convencionalismos de representación de una familia burguesa. Su tía Laure aparece de pie en la postura que debería corresponder al estereotipo masculino, su rostro es impresionantemente digno. Mientras que el barón Bellelli, el padre de la familia, aparece sentado, casi de espaldas y semioculto por la oscuridad. Su boda con Laure Degas es fruto de uno de los numerosos matrimonios de conveniencia que se daban en la época, existiendo una total falta de cariño entre los cónyuges. La figura de Gennaro ni siquiera  establece contacto visual con las mujeres, confirmando lo que piensa el pintor ante la indiferente de aquél por su familia.

Las imponentes dimensiones, los colores y los juegos estructurados de perspectivas abiertas (puertas y espejos) fortalecen el clima de opresión o de tensión que se vive entre el matrimonio.

Edgar Degas. Thérèse Degas, 1863. Óleo sobre lienzo 89 cm x 67 cm.  Musée d'Orsay, Paris.

En el retrato de Therese Degas, el pintor pidió a una de sus hermanas más jóvenes que posara ante él poco antes de su matrimonio. Este retrato es buen ejemplo de lo que debe ser una señorita de la buena sociedad burguesa. Es un retrato clásico que rivaliza con los de Ingres en su composición, iluminación y detallismo. Therese porta sus mejores galas dentro de una armonía entre grises, blancos y negros, que contrasta con la larga cinta de raso rosa atada bajo la barbilla, que le da el toque alegría y brillantez. Pero bajo esta aparente rigidez, aparece la sutileza psicológica. Muy sutilmente, Degas traduce la tensión interna que afecta a su hermana. Por debajo de su chal asoma tímidamente la mano izquierda en la que lleva el anillo de compromiso.

Edgar Degas. Thérèse Degas, 1863. Óleo sobre lienzo 89 cm x 67 cm.  Musée d'Orsay, Paris. Detalle.

El contraste entre el vacío del interior, anunciando la partida, y la luz del paisaje, símbolo de un futuro optimista, que asoma por la ventana (la bahía de Nápoles, hogar de su prometido) habla de su futura vida matrimonial y sus sentimientos ambivalentes. Esta dualidad también se ve reforzada por las dos técnicas pictóricas usadas juntas: la mano del anillo está pintada con gran cuidado, mientras que la otra, apenas está definida.

Edgar Degas. Retratos de Edmondo y Thérèse Morbilli, 1865. Óleo sobre lienzo, 116.5 x 88.3 cm. Museum of Fine Arts, Boston.

En 1865 Therese y su marido, Edmondo Morbili visitaron París y Degas pudo retratarlos. Therese se sienta, literal y figurativamente, a la sombra de su marido. Contrasta la expresión de su hermana, preocupada y triste por la pérdida reciente de un hijo que esperaba, con el aire de autosuficiencia de su marido. Therese era la hermana favorita de Degas y de la que más retratos realizó. Quizá por eso nos muestre con cierto rencor a quien se llevó a su modelo. El marido adopta una postura rígida y un rostro aburrido y desdeñoso. Sin embargo, en su hermana encontramos una mirad penetrante y cálida. Su gesto de llevarse la mano derecha a la cara es una postura de pose que indica ingenuidad, mientras que la otra mano apoyada en el hombro de su esposo confirma el sometimiento por entero a su voluntad. De nuevo, el pintor  juega con la pincelada para centrar nuestra atención en rostros y manos con un buen detalle de dibujo y, en cambio, apenas insinúa con pinceladas sueltas los ropajes, objetos y fondo.

Edgar Degas (1834-1917). Madame Jeantaud delante de un espejo, 1875. Óleo sobre lienzo 70 cm x 84 cm. Musée d'Orsay, Paris.

La Sra. Jeantaud, la esposa de un amigo del pintor, comprueba su apariencia en el espejo de un armario antes de salir. Degas describe con detalle el comportamiento de la elegante modelo y su reflejo en el espejo. La variedad de materiales y colores armoniosos de sombrero, capa y la funda de piel del regazo están trazados en muy pocas pinceladas. La composición es muy original. La mujer aparece vista de tres cuartos, con la cabeza vuelta para contemplarse en el espejo, pero a la vez para mirar directamente al espectador en un cruce de miradas. La figura como las ropas que porta ofrecen una vista  muy distinta de la realidad en el reflejo del cristal, un desenfoque en la pincelada y una esquematización que parece presagiar los retratos precubistas de Braque y Picasso.

Edgar Degas (1834-1917). Madame Jeantaud delante de un espejo, 1875. Óleo sobre lienzo 70 cm x 84 cm. Musée d'Orsay, Paris. Detalle, reflejo en el espejo.

La modelo de la mujer del florero es su prima y cuñada, Estelle Musson de Degas (casada con su hermano René Degas). Posa con un vestido sencillo, casi una bata beige de andar por casa. A su lado, una mesa sobre la que hay joyas y guantes, en la que se encuentra un jarrón multicolor que contiene un hermoso ramo de flores de color púrpura con hojas grandes exóticas. De nuevo Degas capta momentos de la vida de una mujer como si fuera un encuadre fotográfico. Tan es así que el jarrón acapara el primer plano y deja a Estelle en segundo plano. La sensación de indefensión que nos provoca la retratada no es casual. El desconcierto asoma en su mirada porque sufre una enfermedad ocular que la está dejando ciega. En otro cuadro, también con un florero como protagonista principal, la podemos ver deambulando por la casa  y palpando las flores a las que debía ser muy aficionada.

Edgar Degas. La mujer del jarrón. Retrato de Mlle. Estelle Musson Degas, 1872. Óleo sobre lienzo, 65 x 54 cm. Musée d'Orsay (París).

Para el retrato de una de sus amigas, la señorita Dihau, Degas eligió para representarla en el momento en que toca una pieza en el piano, de la que es una consumada concertista . La joven pianista lleva muy lindamente un sombrero con flores y parece mirar complacida al público que escucha su obra. El encuadre resulta totalmente novedoso y espontáneo.

Edgar Degas. Mademoiselle Dihau al piano, 1869. Óleo sobre lienzo 45 x 32.5 cm. Musée d'Orsay (París).

Con estas y otras muchas obras en las que Degas retrata a la mujer burguesa creo que queda totalmente desmontada la acusación de misoginia que ya en vida del pintor se le hizo por mantenerse soltero. El pinta a la mujer de verdad, no la belleza ideal académica.

11 Marzo 2012

De nuevo te ofrezco 10 cuadros para que investigues y comentes. Algunos los hemos visto en clase estos días, pero los que no, tienen un estilo tan reconocible que no dudo que sabréis atribuirle autor y hasta título como hicimos jugando en clase. Puedes consultar en los siguientes enlaces las presentaciones de Javier y los artículos de este blog.

Como ejercicio os propongo dos actividades:

  1. 1.- El comentario de la obra, resolviendo:

a) el título,

b) el autor y su nacionalidad,

c) el estilo y

d) dos características temáticas o artísticas propias del autor o del estilo que se reflejen en el cuadro.

Sólo permitiré un comentario por persona, por lo tanto pensad bien que foto vais a escoger y responded con corrección, porque si falláis o no contestáis de forma completa no habrá segunda oportunidad. Pero tampoco os retraséis mucho porque cada vez que haya un acierto, esa imagen ya estará resuelta y, por tanto,  ya no se podrá comentar sobre ella, quedando retirada del juego. Sigue vigente lo del comodín para las tres primeras respuestas correctas.

Ejemplo.

Imagen nº X

a) Estación de San Lázaro.

b) Cloude Monet. Francia.

c) Impresionismo.

d) Razones: El pintor busca captar el instante y se pone como reto cómo representar la luz y las formas a través del vapor y del humo. Los impresionistas pintan su vida cotidiana, en este caso una estación de tren de París. Realizó numerosas versiones del mismo cuadro.

  1. 2.- A los más trabajadores les ofrezco la posibilidad de contestar en una lista las diez obras con título y autor, pero, sobre todo, ordenándolas cronológicamente. El que primero acierte todas y las ofrezca en el orden pedido ganará dos puntos para el control, el segundo un punto y el tercero medio punto.  La lista con todos los cuadros debe ir en un comentario aparte, es decir si contestáis a la primera actividad no escribáis la lista en el mismo comentario

Se abre el juego. Podéis participar a través del apartado de comentarios que viene al final del artículo.

IMÁGENES YA DESVELADAS

Silvia (1) se ha adelantado a todos y ha contestado a la primera imagen, IMAGEN 6, ganándose el comodín correspondiente.

Paseo a orillas del mar, 1909
Joaquín Sorolla - España
Impresionismo español
Razones: El pintor retrata a dos mujeres paseando por la orilla del mar de Valencia. La mujer del velo de gasa, es su esposa Clotilde, que aparece con el rostro difuminado, oculto bajo una tela que mueve el viento y por su propio sombrero. En cambio, su hija María se presenta con el rostro más visible (en primer plano) tan sólo distorsionado por la luz del sol, los rayos perpendiculares del astro que no sólo sirven para iluminar la escena, sino para delimitar los contornos, para crear sombras y brillos e inclusive movimiento. Las dos mujeres, a las que acaricia la suave brisa marina (reflejada en el agitarse de los paños), son iluminadas por la luz que resalta aún más el color blanco de sus vestidos y se colocan frente al espectador en lo que podríamos denominar, desde el punto de vista de la perspectiva, en el centro del cuadro. Las características esenciales de la pintura de Sorolla son: su luminosidad, su colorido, la captación de la luz del sol, sus juegos entre luces y sombras, su afición al mar y a los paisajes marítimos y valencianos; además de la captación del volumen de los objetos. Los impresionistas pintan su vida cotidiana, en este caso un retrato familiar de un día de playa. Este cuadro también puede conocerse con el título de Paseo por la playa.

<<<<<<>>>>>>

Anabel C. (2) descubre la imagen 1 y obtiene comodín.

Se trata de La Olympia, cuadro pintado por Eduard Manet, de origen francés, pintor a caballo entre el Realismo y el Impresionismo.
Este cuadro está inspirado en la Venus de Urbino de Tiziano. Contrasta el negro con el blanco y representa el desnudo de una prostituta. A los pies de Olympia se encuentra un gato negro que simboliza a menudo la ambigüedad y la inquietud, estando implicado en relaciones veladamente eróticas. Este felino negro impresionó tanto al público que durante años Manet sería recordado aún como «El pintor de los gatos».

Comentario algo corto. Deberías haber insistido en qué se aproxima al realismo y en qué al impresionismo.

<<<<<<>>>>>>

Anabel (3) no ha esperado y responde la  Imagen nº 3, inutilizando el tercer comodín.

Tarde de domingo en la Grande Jatte.
Cuadro realizado por Seurat, pintor perteneciente al neo-impresionismo.
Representa una tarde de ocio, sus figuras muestran hieratismo. Se interesa por la representación de la luz, puso especial cuidado en el uso del color, luz y formas. Basado en el estudio de la teoría óptica del color. Muestra puntillismo, que es la fragmentación de la línea en puntos de color extremadamente pequeños. No se mezclan los colores en el cuadro, sino que se aplican unos junto a otros con pinceladas muy cortas, es decir, pequeñas manchas de colores puros, tan próximos que reproducen en el ojo del espectador la unidad del tono (luz-color). Sólo usan los colores primarios para que el ojo mezcle los colores. El espacio tiende a expandirse. En las partes bañadas directamente por el sol el color dominante se entremezcla con puntos de pigmento amarillo y naranja. En las zonas de sombra se combinan los azules. Unos cuantos puntos de naranja y amarillo plasman las partículas filtradas de la luz solar. A fin de producir el efecto óptico deseado, Seurat prescinde del marco convencional. Representa un día de sol y de fiesta en la orilla del Sena. Plasma la mentalidad científico-tecnológica del hombre moderno.

<<<<<<>>>>>>

Víctor Fer. (4) llega a tiempo para responder a la Imagen nº 4

"El Moulin de la Galette" obra de Renoir hecha en el año 1876 y es perteneciente al estilo del Impresionismo francés. Nos encontramos ante una representación del paraíso de la bohemia parisina habitado por artistas, literatos, obreros... etc. El deseo de Renoir era representar la vida moderna y en este cuadro lo consiguió de una forma espectacular. Su principal interés es representar a las diferentes figuras en un espacio ensombrecido con toques de luz, recurriendo a las tonalidades malvas para las sombras. El efecto de multitud ha sido perfectamente logrado, recurriendo Renoir a dos perspectivas para la escena: el grupo del primer plano ha sido captado desde arriba mientras que las figuras que bailan al fondo se ven en una perspectiva frontal. La sensación de ambiente se logra al difuminar las figuras, creando un efecto de aire alrededor de los personajes. La alegría que inunda la composición hace de esta obra una de las más impactantes del siglo XIX.

No quedan muy claras las características de la obra de Renoir, cuando hay muchas muy evidentes.

<<<<<<>>>>>>

Ana (5) realiza el comentario de la IMAGEN 5.

Esta imagen es conocida como "Bañistas en la playa de Trouville 1866".
Su autor es Eugène Boudin, de nacionalidad francesa.
Es un pintor impresionista correspondiente a la etapa realista.
Boudin ejecutó esta obra al aire libre, como la mayoría de la que pintó durante la década de 1860, sobre un panel de madera preparado con una fina base de pintura blanca. Esta obra se caracteriza por el tema marino, algo que apasionaba a Boudin. El pintor realiza el cielo a base de suaves pinceladas de gris azulado. Además consigue el efecto de profundidad jugando con el tamaño relativo de los personajes.

<<<<<<>>>>>>

Cristina R. (6) resuelve la  Imagen 9

Los acantilados de Etretat cuyo cuadro fue pintado por Claude Monet de origen francés a quien a partir de la mitad de su carrera artística se incluye en el estilo impresionista. Monet es uno de los primeros en profundizar sobre la captación del instante, para él los momentos solo se pueden capturar pintando al aire libre también por ello suele escoger motivos acuáticos para jugar con los reflejos de la luz a lo largo del día. Pinta los paisajes de donde reside y uno de esos lugares están presentes los acantilados de Etretat que los pinta más de cuarenta veces. Casi todas las pinturas de paisajes marinos están inevitablemente dotadas de una marcada horizontalidad, interpretando el horizonte, el límite entre cielo y mar, como elemento clave en la composición. Muchas obras de Monet de este periodo resultan impactantes por su intención de dejar de lado esta imposición y, aprovechando los espectaculares acantilados de la costa normanda. Una de las mayores contribuciones de Claude Monet al Arte moderno fue la introducción de la idea de “serie”, esto es, un mismo tema o modelo representado en distintos momentos, de manera que el objeto material representado va perdiendo importancia en aras de otros elementos inmateriales como la luz y el color, y cómo estos últimos varían con el paso del tiempo. El reparto de pinceladas es mucho mas variable predominan los colores brillantes y vivos, de este cuadro lo realiza en el concepto en serie ya lo pinto una gran cantidad de veces pero en momentos distintos del día o incluso en la noche, las formas se van perdiendo cada vez más.

<<<<<<>>>>>>

Alejandra (7) nos comenta la IMAGEN Nº 7

a) Cristo amarillo
b) Paul Gauguin, París. Francia
c) Post-impresionista
d) Los contornos están muy marcados y con ese color amarillo sigue la técnica del "cloisonné", inspirada en los esmaltes y vidrieras. El Cristo se convierte en el personaje de la escena. La figura del fondo intentando saltar, puede ser representada como la evasión. Predominan claramente los colores amarillos mezclados con naranjas y verdes.

Te he avisado en otras ocasiones sobre que le faltaba algo a tus comentarios y esta es la útlima vez que te lo digo. La próxima vez ante un comentario incompleto no te concederé los puntos, aunque aciertes la obra. Aquí falta señalar qué es lo que de Gaugin hay en este cuadro: el tema, el simbolismo, los colores ajenos a la realidad objetiva...

<<<<<<>>>>>>

Silvia (8) descubre la  IMAGEN 8 y consume su comodín.


Escarcha 1873
Camille Pisarro
Impresionista
Se representa a un campesino, caminando por unos surcos de tierra profundamente abiertos que aparecen recubiertos de escarcha. El pintor se siente atraído por el paisaje campestre, debido a la belleza y a la libertad de la naturaleza, por ello intenta captar el instante de una marcha invernal. Emplea las luces y las sombras para conseguir la sensación de volumen, a través de las diagonales ascendentes de los surcos que dividen la composición. El campesino aparece representado llevando una carga que parece aplastado por el peso de este paisaje de invierno. La pincelada es más amplia y al aire libre, puesto que el autor no puede dejar escapar el instante. Y el análisis de la luz es menos agudo, al captar un instante particular de una jornada invernal.

<<<<<<>>>>>>

Rubén (9) desvela la Imagen 2


Naturaleza muerta, de Paul Cézanne (pintor francés postimpresionista).
Esta obra pertenece a su etapa sintética (1888-1906).
En este bodegón destaca el uso libre del color (destacan los colores complementarios como el rojo y el verde) y la utilización de varios planos (los distintos elementos del cuadro, al estar representados bajo puntos de vista ligeramente diferentes, parecen distorsionados en cuanto a su forma). El color es el principal protagonista de esta obra, en la que los volúmenes tienen especial importancia. El color es aplicado a conciencia, resaltando la volumetría de cada uno de los elementos así como la autonomía de las diferentes piezas de fruta, avanzando así en su proceso de geometrización de la naturaleza.

<<<<<<>>>>>>

Nuria (10) cierra el juego y se lleva el punto final por contestar a la IMAGEN Nº 10

Título: Baile en el Moulin Rouge (Dance the Moulin Rouge).

Autor y nacionalidad: Henri Marie Raymond de Toulouse-Lautrec. Francés.

Estilo: Postimpresionismo.

Rasgos: Representa la vida nocturna parisiense de finales del siglo XX. Su concepto de dibujo llega a deformar la figura. Es una obra a la vez fotográfica (efecto paparazzi) que se corresponde con la espontaneidad y la capacidad de captar el movimiento en la escena y personajes. A esto hay que añadir la originalidad de sus encuadres influencia del arte japonés, que se manifiesta en las líneas compositivas diagonales y el corte repentino de las figuras por los bordes. Emplea colores que contrastan para definir los planos y formas.

¡¡¡Bravo, Nuria!!! Todas las características muy atinadas y bien aplicadas. Aunque el título no es exactamente ese. No lo voy a revelar porque puede influir para elaborar la lista de autores y obras por orden cronológico.


Terminamos este post dando el resultado de la segunda parte del juego.

La ganadora de los dos puntos es Silvia que ya tenía elaborada la lista desde el día 11. Tiene un pequeño error que voy a considerar un lapsus: el primer cuadro se lo atribuye a un tal Edouard "Monet", donde quizás quiso decir "Manet", pero hay que tener en cuenta que por simplemente una letra estamos hablando de pintores distintos.

  1. IMAGEN 1 Olimpia 1863 Édouard Monet Impresionista querrás decir Manet
  2. IMAGEN 5 Bañistas en la playa de trouville 1866 Boudin Realismo
  3. IMAGEN 8 Escarcha 1873 Camille Pisarro Impresionista
  4. IMAGEN 4 El Moulin de la Galette 1876 Renoir Impresionista
  5. IMAGEN 2 Naturaleza muerta 1880 Paul Cézanne Impresionista
  6. IMAGEN 3 Tarde de domingo en la Grande Jatte 1884 G. Seurat Posimpresionista
  7. IMAGEN 9 Acantilados de Etreat 1885 Claude Monet Impresionista
  8. IMAGEN 7 El Cristo amarillo 1889 Paul Gauguin Fauvismo
  9. IMAGEN 10 M. Lender bailando el bolero 1897 Henry de Tolousse-Lautrec Posimpresionismo
  10. IMAGEN 6 Paseo a orillas del mar 1909 Joaquín Sorolla Impresionismo español

Cristina R. ha sido la segunda en realizar su lista, pero ha cometido un error y una omisión, por lo que no puedo darle el punto del segundo puesto. Joel ha sido el tercero y ha contestado correctamente, con la salvedad de atribuir el Paseo a orillas del mar a un tal "Soroya", ¡¡¡¡ Por Dios !!!!. Mi decisión es que compartan el punto entre los dos.

7 Marzo 2012

Os dejo las presentaciones que preparó y explicó Javier García Lisón la semana pasada sobre el Impresionismo y Postimpresionismo para que os ayuden en el estudio del control del 14 de marzo sobre este tema. Javier nos saluda, dice que lo pasó muy bien con vosotros y que espera que hayáis salido satisfechos con su intervención.

Sin más os dejo las sesiones de estos cuatro días tal y como deberían haber sido. Recordad que podéis verlas a pantalla completa simplemente dando al cuadradito de abajo a la derecha.

Lunes, 27 de febrero.

View more presentations from JGL79

Martes, 28 de febrero.

View more presentations from JGL79

Miércoles, 29 de febrero.

Viernes, 2 de marzo.

View more presentations from JGL79

También os recuerdo que en este blog existen algunos artículos donde profundizar en la obra de algunos de los autores tratados.

A) Esquema básico para acceder a distintas páginas sobre el impresionismo francés.

B) Esquema básico para acceder a distintas páginas sobre el impresionismo en España.

C) Isaac Levitan. El alma del paisaje ruso. Entre el realismo y el impresionismo.

Sobre el Postimpresionismo hay sólo un artículo suelto dedicado a Van Gogh.

Vicent Van Gogh. Comentario sobre "Terraza de café, la Noche en Arlés".

El juego para repasar y ganarse la actitud y un poco de puntuación lo pondré para el fin de semana.

21 Febrero 2012

La Fundación Mapfre presenta desde el 9 de febrero y hasta el 29 de abril en su sede de Madrid (Paseo de Recoletos, 23)  la primera exposición monográfica que se dedica en España al artista francés Odilon Redon. Son ciento setenta obras, entre dibujos, grabados y pinturas, que nos permitirán conocer a uno de los creadores fundamentales en la génesis del arte moderno y, sin embargo, de los menos conocidos. Su obra será claro precedente de la pintura expresionista, de la pintura metafísica y del surrealismo, y hasta algunas de las obras de la última etapa se sitúan a dos pasos de la abstracción.

Exposición de Odilon Redon en la Fundacion Mapfre. 11 de febrero a 29 de abril de 2012. Pincha sobre la imagen para ver el "microsite" de la exposición.

Formación e influencias, 1855-1870.

Nació en Burdeos en 1840. Su nombre real era  Bertrand-Jean Redon, que sustituyó por  Odilon Redon en honor a su madre Odile. La intención de su padre era que se convirtiera en arquitecto, pero no consiguió aprobar el acceso a estos estudios en 1862 y, desde ese momento, se volcó en sus verdaderas inquietudes artísticas.

El mismo Redon nos descubre en Confidencias de un artista, texto autobiográfico publicado en L’Art Moderne (25 de agosto de 1894), a las cuatro personas que influirían en su personalidad y gustos artísticos e intelectuales:

  • En primer lugar su propio padre, Bertrand Redon, un hombre de espíritu aventurero que le abriría la imaginación. Comenta que siendo niño su padre le hacía ver en las nubes del cielo las «formas cambiantes» y la «aparición de seres extraños»;
  • Su segunda influencia decisiva para su desarrollo como artista fue la de Stanislas Gorin, el profesor de dibujo que le pusieron sus padres al cumplir quince años. Él le transmitiría la  pasión por Delacroix y por la vanguardia del momento: Millet, Corot y Gustave Moreau. De otros profesores, en cambio, no tuvo muy buena experiencia; por ejemplo, de su breve estancia en 1864 en el taller del pintor Jean-Léon Gérôme, no tenía más que malos recuerdos.

Odilon Redon. El carro de Apolo 1907-8. La influencia de Delacroix se manifiesta en este magnífico cuadro.

  • La tercera persona influyente en su vida fue su amigo y botánico Armand Clavaud, un individuo dotado de una inteligencia y sensibilidad superiores, «tan sabio como artista». Le introdujo en las ciencias naturales y en la obra de Charles Darwin. Sus estudios sobre los organismos microscópicos influyó notablemente sobre el pintor, que declaró que Clavaud le hizo amar «lo infinitamente pequeño». Él también le señaló las primeras lecturas importantes: los poetas hindúes; Flaubert, Shakespeare, Baudelaire y Poe; y los filósofos alemanes, Schopenhauer y Nietzsche;

Odilon Redon. Los orígenes III. El pólipo deforme, llegaba por las riberas cual suerte de cíclope sonriente y horrible, 1883. He aquí uno de sus seres inspirados en los microorganismos.

  • Por último, Rodolphe Bresdin que desde 1865 le inició en las técnicas del grabado y de la litografía. Por él conoció la obra de DureroRembrandt o Goya. Pero también dejó honda huella en Redon la personalidad libertaria del grabador: le calaron sus teorías sobre que el arte debía ser concebido como un sentimiento verdaderamente libre y que para ello el artista debía alejarse premeditadamente del mundo artístico oficial y del naturalismo entonces triunfante.

Redon. Araña sonriente, 1881. Las arañas de Redon sienten emociones y son parte del mundo de las pesadillas de muchas personas.

Los Negros, 1870-1890.

Después de la Guerra Franco-prusiana Redon se instala definitivamente en París. En esta ciudad desarrolló un arte a contracorriente de casi todos sus contemporáneos. Había rechazado el academicismo y el orientalismo de Jean-Léon Gérôme, pero también se desvinculará del realismo de Courbet y del plein air y la técnica colorista del impresionismo. Desde la década de 1870 hasta 1890, Redon trabajó casi exclusivamente en blanco y negro. Sus creaciones consistieron en dibujos de carboncillo y grabados pequeños, que él denominaba "Negros", con los que expresar su visión intensa y triste. Para expresarse en ellos recurría a un lenguaje genuino, espiritual y simbólico, basado en una amplia gama de recursos de la imaginación, del subconsciente, de la filosofía metafísica, de la literatura y de  las teorías evolutivas de Darwin.

Redon. Melancolía, 1876. Intenta captar el sentimiento que le embarga.

En su primer álbum de litografías, titulado En el sueño de 1879, se aprecia el sentimiento de soledad que le arrastra desde niño, así como su mundo creado de sueños y pesadillas. El álbum causó estupefacción en los ambientes más elitistas de la sociedad parisina por la carga misteriosa y simbólica. La simplicidad de sus composiciones y su monocromía le alejaban, no obstante,  de otro simbolista con éxito como Moreau, que había triunfado recientemente con su famoso cuadro La aparición de 1876. Y es que había un ambiente en círculos iniciáticos de París por este tipo de pintura que dejaba entrever  algo más que el materialismo y la rutinaria realidad tecnológica que les rodeaba.

Gustave Moreau. La Aparición. 1876.

En 1882 dedicó una serie de litografías a la obra de Edgar Allan Poe. Las seis obras no pretendían ser ilustración de los libros del poeta, sino un tributo a cómo había sentido sus lecturas. En estas obras comienza a aparecer el tema de los ojos, que le obsesionó hasta su muerte. Si los representaba abiertos eran símbolos de la conciencia universal y cuando los hacía cerrados eran símbolos de la vida interior y de la soledad. Otros símbolos de esta etapa son las arañas, de sentimientos y rostros humanos, y los hombres cactus y esqueleto, imágenes de una humanidad dolida y sufriente, al tiempo que amenazadora.

Redon. El ojo como un globo grotesco, se dirige hacia el infinito. Lámina I del álbum "A Edgar Poe",1882.

Con series de litografías  como "Los Orígenes" de1883, homenaje a Darwin, y el mismo "Homenaje a Goya" de 1885, Redon comienza a ser considerado como una de las grandes figuras de la representación fantástica. En un escenario artístico como el francés de los años ochenta, totalmente dominado por el color, la sombría austeridad de esta obra no podía encontrar muchos compradores. No obstante, sus carpetas de litografías, de una tirada no superior a los cincuenta ejemplares, se vendieron entre un círculo de clientes iniciados entre los que se encontraban Stéphane Mallarmé, el más notable de los poetas simbolistas, y J.K. Huysmans, autor de A Rebours (A contrapelo), auténtica "Biblia" del decadentismo finisecular.

Simbolismo, literatura y movimiento artístico.

He hablado en el párrafo anterior de algún concepto como el simbolismo y de ciertos escritores y obras de los que tal vez deberíamos saber algo más por lo determinantes que fueron en el contexto de la obra de Redon.

  • El Simbolismo es uno de los estilos en los que se podría encajar la obra de nuestro pintor, aunque el simbolismo como movimiento pictórico no existe como tal.  El término fue acuñado por el poeta y crítico francés Jean Moréas en un artículo que escribió para Le Figaro titulado "Le Symbolisme" en 1886 para aplicarlo a aquellos poetas que expresaban sentimientos profundos y personales "para revestir la idea de una forma sensual". El término pronto empezó a aplicarse también a cualquier estilo pictórico imaginativo e intuitivo que evitara la objetividad y el naturalismo. Los pintores que empezaron a llamarse así, como Pierre Puvis de Chavannes, Gustavo Moreau y el mismo Odilon Redon, desarrollaron la idea planteada anteriormente por Eugene Delacroix según la cual el color, la línea o la forma podía ser expresiva y a su vez descriptiva. Rechazaban el  realismo para poner énfasis en la imaginación. Evitaban el mundo exterior tangible y miraban en su interior para convertir los sentimientos y las ideas en puntos de partida para crear arte. Otros precedentes también se encuentran en Blake, los nazareos y los prerrafaelistas, artistas que propugnaron desde finales del siglo XVIII y a lo largo del siglo XIX una pintura de contenido poético.

Redon. Perfil sobre meandros rojos, 1900.

  • Joris-Karl Huysmans, autor de la novela À rebours en 1884, es quien más contribuyó a hacer famosa la obra de Redon, puesto que el  protagonista de la misma, el duque Des Esseintes, la encarnación del decadentismo por antonomasia, coleccionaba pintura y pasaba muchas horas extasiado en la sombría contemplación de obras de Gustave Moreau y de los carboncillos de Redon. De éstos llegaba a decir que «estaban al margen de todo; en su mayor parte saltaban más allá de los límites de la pintura, inauguraban una especialísima fantasía, una fantasía de enfermedad y de delirio …, evocaban en la memoria …, recuerdos de fiebre tifoidea, recuerdos de las noches ardientes, de las pavorosas visiones de la infancia». A raíz de esta mención, los máximos representantes de la estética y del movimiento decadentista se vieron cautivados por la extraña intemporalidad y misticismo de la obra de Redon.

Redon. Silencio, 1900.

  • El simbolismo, pues, estaba más relacionado con un enfoque artístico que con un estilo en particular, por lo que más bien fue un espíritu que desarrolló la libertad de creación de los artistas y multitud e de grupos e individualidades. Uno de estos grupos de artistas fueron los nabis, jóvenes pintores entre los que se encontraban Paul Gaugin, Emile Bernard y Paul Serusier, que trabajaron durante poco tiempo (1886-91) en Pont Aven, Bretaña. Estos experimentaban, como Redon, con imágenes obtenidas de sueños y recuerdos, pero a diferencia de éste usando el color, aunque mediante formas planas y simplificadas.

Paul Sérusier. El talismán, 1888. Grupo de los Nabis.

La aparición del color. La década de 1890.

Su cambio hacia la luz y el color comienza con "Ojos cerrados"(1890), que supone el punto de inflexión en su creación, aunque sin abandonar del todo sus Negros que le acompañarán toda su vida. Ojos cerrados se ofrece como cartel promocional de la exposición de la Fundación Mapfre. Es, sin duda, la continuación de sus mitos de veinte años ante, pero un paso hacia el uso decidido del color. Se trata de un retrato de su esposa Camille Falte, pero al que premeditadamente le ha introducido rasgos masculinos para crear un ser andrógino que pudiera representar la esencia del ser humano. Pero también es mucho más:

  1. Los ojos cerrados, por el sueño o por la muerte, evocan el mundo interior y la ausencia; pero a la vez es una imagen menos severa, más amable que sus inquietantes imágenes de años anteriores.
  2. El uso que hace de la extremada disolución de la pintura, que deja ver la malla del lienzo, convierte al personaje en un ser casi inmaterial, fantasmagórico.
  3. El busto parece flotar en un espacio que el artista deja indefinido, ¿una playa o la bandeja en la que se sirve la cabeza de San Juan Bautista?.
  4. El rostro, a su vez, hace referencia a los bustos del renacimiento italiano del siglo XV, a los mármoles de Francesco Laurana en particular. También guarda sin duda el recuerdo del Esclavo moribundo de Miguel Ángel, mostrado en el Louvre, que había conmocionado a Redon y del que había comentado en su diario el extraño de los "ojos cerrados"... Y de tantos hitos de la Historia del Arte.

Redon. Los ojos cerrados, 1890.

Durante la década de 1890, Redon empezó a explorar nuevos medios, como los óleos y los pasteles e introdujo el color en su obra. El impenetrable misterio que envuelve las obsesiones de los dibujos, se transfigura y halla su contrapunto en el profundo lirismo de los óleos, pasteles y acuarelas. Las composiciones son de tonos muy delicados, reflejo fiel de la exquisita sensibilidad del pintor. Su deslumbrante mundo poético sigue encontrando su filiación en los recovecos del sueño y de la imaginación, pero también se abre a las más variadas formas naturales (flores, insectos, moluscos y otros seres primigenios de las profundidades marinas) y a las leyendas bíblicas y los mitos y símbolos antiguos.

Redon. La celda dorada, 1891. Óleo sobre papel, 30 x 24 cms.

En estos años simplifica los perfiles femeninos a modo de retrato renacentista convirtiéndolos en iconos de bellísimos contrastes de color. Para mi gusto son las mejores obras que realizará. El uso del color le permite también utilizarlo de forma simbólico.

Odilon Redon. Beatrice, 1897. Fine Arts Museum of San Francisco.

Con la nueva estética su obra empezó a valorarse en todos los círculos y a ser muy solicitada, en especial sus piezas de flores coloristas y decorativas. También empezó a trabajar como decorador de algunas familias en el cambio de siglo. Por ejemplo, en la exposición se han dispuesto de una forma aproximada a como estuvieron los 15 paneles que pintó para el comedor del castillo de Domecy entre 1900 y 1901. Los colores son tenues basados en el amarillo y da la sensación de una serie de biombos japoneses. Su inspiración es el arte hindú y budista.

Redon. Figura flor amarilla, detalle. 1900-1901.

Redon falleció en el año 1916 en París.

Redon. Cíclope, 1898-1900.

3 Febrero 2012

El término orientalismo se usa para describir las obras de arte producidas en Europa durante el siglo XIX que parecían representar precisas imágenes del África mediterránea así como de Oriente Próximo.

El porqué del orientalismo.

  • Razones históricas.
  1. La razón del interés por pintar imágenes de esta zona del mundo ya venía de antiguo. Venecia había sido un emporio comercial desde la Edad Media y había traído consigo el gusto por lo exótico y por ese mundo lejano. Pero cuando se vuelve a poner de moda en el siglo XIX es en parte como consecuencia de la Revolución francesa y de las rivalidades entre Gran Bretaña y Francia. En concreto, Oriente se puso en la palestra política con la invasión de Egipto y Siria que llevó a cabo Napoleón Bonaparte entre 1798 y 1801. Esta expedición redescubrió las antiguas civilizaciones de hace miles de años con sus colosales construcciones y obras figurativas. El imaginario occidental se llenó de las glorias de imperios perdidos que podían ser comparados con los nuevos creados en Occidente. El interés arqueológico se multiplicó con el desciframiento del jeroglífico y el cuneiforme, pero también se reavivó el interés por las costumbres de los pueblos que actualmente habitaban en ese lugar.

Jean-Léon Gérôme. Napoleón ante la esfinge, 1886.

  1. Años más tarde, acontecimientos acaecidos en el Imperio Turco como la independencia de Grecia en la década de los 20 impulsaron aún más a artistas y literatos románticos a conocer o fantasear sobre ese mundo exótico y lejano.
  2. Con la invención del ferrocarril y del barco de vapor las distancias se acortaron y se abarataron los viajes. Muchos más artistas pudieron desplazarse a países como Turquía, Marruecos, Egipto o la península Arábiga y pintar de primera mano.

David Roberts. Una vista de El Cairo, 1840.

  1. Por último, desde los años 60 las potencias europeas intervinieron cada vez  más en la zona en su carrera por repartirse el mundo. Abrieron el Canal de Suez  y se convirtieron en ocupantes coloniales.
  • Razones culturales.
  1. El neoclasicismo fue la primera gran corriente pictórica que tocó el tema, aunque lo hizo a mayor gloria de las conquistas de Napoleón y como medio propagandístico de la grandeza del Imperio.
  2. En el romanticismo, la seducción por el oriente cumplió el mismo papel de alejamiento de la realidad que el historicismo medievalista. Oriente sería un lugar donde se vivían aventuras que no se vivían en el propio país, era un paraíso exótico lleno de misterios. Además la ubicación de una escena en esta localización del mundo permitía al pintor y a sus compradores expresar sus deseos ocultos o ilícitos como el erotismo que estarían mal vistos si fuesen contemporanizados en sus ambientes cotidianos occidentales.

Bernard Debat-Ponsan, El masaje, 1883.

  1. El academicismo consagró este género a mediados del siglo XIX cuando Jean Auguste Dominique Ingres, presidente de la Academia francesa, pintó sus escenas de baños turcos y odaliscas. Fue en ese momento cuando se convirtió en un género más de la pintura donde ensayar, fundamentalmente, el desnudo, el color, la luz  y los tipos populares.

Mariano Fortuny. Marroquí. 1869. Acuarela.

  1. Hacia finales del siglo XIX, la popularidad del orientalismo como movimiento artístico empezó a decaer, aunque las imágenes y los temas siguieron siendo influyentes hasta bien entrado el siglo XX e inspiraron todavía los viajes y las obras de Pierre-Aguste Renoir, Henri Matisse y Paul Klee.

Temática.

Del norte de África y Oriente Medio les interesaba todo. En  la siguiente presentación tenéis una pequeña muestra:

  • tanto los paisajes de  luz deslumbrante, como los interiores tenebrosos;
  • las complejas vistas urbanas como los insondables desiertos;
  • los colores fantásticos de los ropajes como las carnaciones en todos los tonos, del negro al blanco nacarado, pasando por el moreno;
  • los tipos populares cubiertos de harapos como los grandes sultanes lujosamente vestidos;
  • las tapadas y sumisas mujeres de los mercados como los voluptuosos desnudos de las mismas en los baños;
  • la violencia de sus combates a espada como la tranquilidad y reposo sensual de los harenes;
  • los temas escabrosos como el esclavismo y la vida cotidiana de la gente en la calle.

John Frederick Lewis. La comida de al medio día, El Cairo, 1875.

El estilo realista con el que se pintan estos temas confiere una sensación de fidelidad topográfica y etnográfica a las obras, tanto si son en realidad retratos exactos como si no. En realidad, algunas de las pinturas estaban basadas en ideas preconcebidas sobre Oriente y ponen de manifiesto claros prejuicios en las historias que narran.

Algunos pintores y cuadros.

Los artistas que trabajaron en el estilo orientalista eran predominantemente franceses y británicos, aunque también los hubo de todos los países occidentales: italianos, austriacos, norteamericanos y españoles. Veamos el tratamiento de algunos de ellos de distinta época.

El orientalismo en Francia.

Aunque la obra de Jean Auguste Dominique Ingres incluye motivos exóticos y sensuales desnudos desde 1814 con La Gran Odalisca, nunca viajó a Oriente. La pintura de El baño turco (1862) que podemos ver en este artículo es, por tanto, pura invención. Es un estudio más de los que realizó sobre la belleza femenina. Una composición densa y llena de voluptuosos desnudos. La forma circular de la pintura trasmite la impresión de que las mujeres están siendo observadas desde una mirilla y que la pintura fue creada para el placer del observador. El tono erótico de sus atractivos desnudos tendrá su continuación en su discípulo Theodore Chasseriau y en la pintura académica de pintores franceses de generaciones siguientes como Jean-Léon Gérôme.

Jean Auguste Dominique Ingres. El baño turco, 1862.

Jean-Léon Gérôme fue uno de los pintores franceses que más se interesó por los temas orientales. A partir de 1853 empezó a viajar regularmente a Turquía, Egipto y Asia Menor y sus pinturas de Oriente Próximo le dieron  renombre. Le interesaban los temas sensuales de los baños públicos y de los harenes, pero también las costumbres de los devotos musulmanes. En Plegaria pública en la mezquita de Amr, El Cairo (1870), retrata a la perfección el acto cotidiano de la oración con gran viso de autenticidad. Cuando Gérôme la visitó en 1868 durante su viaje a Egipto, la mezquita ya estaba en desuso. Es probable que esta pintura esté basada en varios dibujos y fotografías realizados durante sus viajes. Gerome manejaba con tal precisión el pincel y obtenía unos acabados tan suaves que muchas des sus pinturas dan lugar a superficies casi fotográficas. El efecto espectacular creado por las columnas confiere un ritmo a la composición que precipita la vista hacia la pared lisa del fondo. En la escena busca contrastar la pobreza del hombre santo, sólo vestido con un taparrabos y con el pelo al aire, con el hombre rico del primer plano que viste túnica roja y dorada al que acompañan unos criados. La atmósfera solemne y religiosa de la mezquita se ve interrumpida únicamente por el detalle realista de las palomas que revolotean y comen.

Bien diferente son las obras de Antoine-Jean Gros, autor de grandes escenas históricas. Sus pinturas son magníficas obras épicas destinadas a satisfacer las exigencias del imperialismo; aunque en ellas pueden verse motivos arquitectónicos e indumentarios islámicos, así como una iluminación y unas localizaciones norteafricanas, fueron diseñadas para justificar las campañas de Napoleón en Egipto y ensalzar la figura del Emperador.

Antoine-Jean Gros. Bonaparte visita a los apestados de Jaffa. 1804.

Delacroix también prefiere inicialmente el relato histórico, ya sea contextualizándolo en la guerra de la Independencia de Grecia como La matanza de Chios (1824), o ya sea trasladándolo a la antigüedad como La muerte de Sardanápalo (1827). Aunque desde que en 1832 visita Argelia y Marruecos sucumbe ante el exotismo y los temas costumbristas. Estos le permiten desarrollar todo el colorido, el movimiento y la pasión que siente y expresa por su pintura. En Mujeres de Argel (1834) refleja el interior de un harén pero, a diferencia de Ingres, modera la carga sensual de la escena y se centra en captar la penumbra de la sala, las encarnaciones de las pieles y las exóticas ropas.

Delacroix. Mujeres de Argel, 1834.

A menudo los cuadros de las últimas etapas se ubican en escenarios norteafricanos y con tipos musulmanes, pero son la excusa temática para realizar cuadros donde desbordar su energía pictórica, como podemos comprobar en este esbozo sobre una cacería de leones que tenemos debajo.

Delacroix, Eugene. Cacería de leones, 1854. Esbozo.

Artistas como Eugene Fromentin viajaron a Oriente Próximo y pintaron paisajes, monumentos y escenas contemporáneas que después expusieron como pinturas objetivas y documentales. En la escena callejera pintada por Fromentin La calle de Bab-El-Gharbi, Laghouat, unos soldados buscan un lugar sombreado para resguardarse del sol. También se pintaban paisajes norteafricanos y arábigos como localizaciones para retratar escenas históricas y bíblicas.

Eugène Fromentin. Una calle en El-Aghouat, 1859.

El orientalismo inglés

Uno de los primeros artistas interesados por obtener de primera mano imágenes de Oriente fue el ilustrador y pintor romántico escocés David Roberts, al que ya he dedicado un artículo en relación con su fascinación por Egipto. Tras su viaje por Egipto y Próximo Oriente ente 1838-39 se convirtió en el difusor de la gran civilización de los faraones rescatando paisajes arqueológicos bellísimos, pero también trajo consigo vistas de las ciudades musulmanas y de sus tipos que causaron conmoción en Inglaterra por su viveza y exotismo.

Roberts, David. Abus Simbel enterrado.1838.

El prerrafaelista Holmant Hunt visitó Oriente Próximo en tres ocasiones desde la década de los 50 para conferir un escenario real, lleno de detalles autóctonos, a sus obras de temática bíblica. En El chivo expiatorio, comentado en otro artículo, representa a una de las dos cabras que se ofrecían en sacrificio en los rituales celebrados durante el Día de la Expiación, tal y como aparecen descritos en el libro de Levítico y que simboliza al mismo Cristo. Hunt pintó la obra cerca del mar Muerto y recorrió largas distancias hasta encontrar una peculiar cabra blanca que poder representar. Su ambientación de El niño Jesús hallado en el Templo, recrea a la perfección la luz de Palestina y los tipos hebraicos.

William Holman Hunt. Jesús hallado en el templo, 1860.

Pero el pintor inglés que mejor recreó los tipos populares fue John Frederick Lewis. Sus imágenes idealizadas de la intimidad de las mujeres de los harenes, de los ricos vestidos, del detalle arquitectónico y del mobiliario causaron honda impresión en la alta sociedad británica que en cierta manera imitó en habitaciones que se decoraron a imagen de estos escenarios.

John Frederick Lewis. Vida de un Harem en Constantinopla, 1857.

El orientalismo español. Mariano Fortuny.

En 1860 estalla un conflicto bélico entre España y el reino de Marruecos. La Diputación de Barcelona decidió enviar a  Mariano Fortuny, hasta ese momento pensionado en Roma, como corresponsal gráfico. Debía realizar la crónica de la guerra en dibujos y pinturas y, principalmente, debía inmortalizar dos importantes batallas: la de Wad Rass y la de Tetuán.

Mariano Fortuny. El café de las golondrinas, 1869.

Fortuny aunque empieza a recopilar imágenes e información sobre las batallas, pronto se siente subyugado por el ambiente, las costumbres y, sobre todo, por la luz cegadora de África y pospone su proyecto inicial. En poco más de dos meses de estancia en Marruecos se ejercita en la realización de apuntes rápidos que interpretan y expresan el movimiento con toques certeros de color. Son apuntes, dibujos y acuarelas al aire libre, de la vida y costumbres de aquel país africano.

Fortuny volvió dos veces más a Marruecos y cada vez regresó más  cautivado por los efectos puramente plásticos y pictóricos que la luz. Su orientalismo se diferencia del de los otros cultivadores del género no por la temática, sino por su tratamiento a base de pinceladas sueltas, pinceladas de "impresión".

Algunos enlaces interesantes.

Orientalist Art of the nineteenth century.

11 Febrero 2011

Desde el 15 de febrero al 22 de mayo de 2011 el Museo Thyssen-Bornemisza presentará por primera vez en España una exposición monográfica sobre la obra del francés Jean-Léon Gérôme (1824-1904). La muestra es un proyecto conjunto de este museo con el Musée d'Orsay, la Réunion des musées nationaux y el Paul Getty Museum, aunque -todo hay que decirlo- se trata de una versión reducida de la gran retrospectiva mostrada en Los Ángeles y en París a lo largo de 2010. Su intención ha sido rememorar la primera exposición monográfica dedicada al pintor y escultor francés celebrada en 1972 en el Dayton Art Institute, Ohio, Estados Unidos. Como muestra de lo que nos espera aquí tenéis el video promocional de la exposición recientemente cerrada en París.

En otro artículo ya he hecho semblanza de la biografía de Gérôme y de su obra, junto con la de Boguereau, otro de los pintores "malditos" desde que se impuso la pintura de las vanguardias. Por ello, este artículo lo desarrollaré sobre dos ejes: en entender la paradoja del éxito y del olvido de nuestro pintor en cuestión de apenas décadas  y, claro está, en la exposición que podremos ver en el museo Thyssen.

Gerome. Napoleón y sus generales en Egipto, 1863.

De alabado a denostado. La crítica artística contemporánea y Gerome.

Ha tenido que pasar mucho tiempo para que se reivindique la contribución que tuvo Jean-Léon Gérôme al arte contemporáneo. En 1904, año de su muerte, estaba en la cumbre y se puede decir que era uno de los artistas preferidos de la burguesía y de la aristocracia parisina; quince años después su nombre era borrado y olvidado por los clientes y el mercado del arte. A este rápido descenso a los "infiernos del arte" contribuyeron varios motivos:

1.- Su actitud crítica contra los impresionistas y especialmente por el papel que tuvo al erigirse en el líder de los academicistas que se oponían a admitir en las colecciones estatales el legado Caillibotte. Este pintor, muerto en 1894, legó al estado francés una completísima colección de sus cuadros y de otros pintores impresionistas. La Academia, que ya se había opuesto frontalmente al movimiento desde los años 60, se negó durante años a aceptarlos por considerar que “derivaban de un arte malsano”. Pocos años después el establishment artístico había cambiado y le devolverá el desprecio.

Pollice Verso (1872)

2.- Su visión de la historia de la antigüedad y de Oriente en dos vertientes contradictorias, por un lado, la intimista y de lo cotidiano y, en el otro extremo, la excesivamente teatral o escenográfica. Este apego a lo grandilocuente o a lo costumbrista no encajaba en los planteamientos académicos ortodoxos, pero tampoco en la nueva pintura del siglo XX. Sin embargo, su evocación de otras épocas tendría su acomodo indirectamente en otro arte contemporáneo más narrativo y sugeridor de imágenes, el cine. De hecho, los directores de las grandes producciones históricas de Hollywood de los años 30 a 60 se inspiraron en su obra para realizar filmes como Cleopatra (1934) o los Diez Mandamientos (1956) de Cecil B. DeMille ; Quo Vadis (1951) de Mervyn LeRoy; o Ben-Hur (1959) de William Wyler. Muchas escenas de estas películas muestran un paralelismo evidente con óleos como La muerte de César (1867), Pollice Verso (1872), Carreras de carros (1876), La última oración de los mártires cristianos (1883). o sus paisajes de Egipto… No olvidemos también la semejanza entre aquellas películas  y cuadros de Gérôme que se ambientaban en el reinado de Luis XIV (Los Tres Mosqueteros de George Sidney, 1948) o el exótico Oriente Medio (Simbad el marino de Richard Wallace, 1947).  Lo que demuestra que este pintor ha ejercido indirectamente una gran influencia  sobre nuestro imaginario colectivo.

La última oración de los mártires cristianos (1883)

3.- Su concepción de la pintura  como objeto de consumo. Su suegro era Adolphe Goupil, algo más que un marchante de arte, podríamos decir que fue un pionero en la comercialización de reproducciones de arte en masa por medio del grabado y la fotografía. Así fue como se hicieron tan famosas muchas de sus obras.

El encantador de serpientes, 1870.

4.- Y, en definitiva, por el desprecio generalizado de los historiadores del arte contra aquello que supuso la pintura academicista a partir del comienzo del siglo XX. El triunfo de las vanguardias exigía rechazar totalmente todo lo anterior como anacrónico, retrógrado o propio de un “arte muerto”. Gerome, como representante de este tipo de pintores, era considerado la definición negativa de los nuevos valores del arte.

Desde los años 70 este planteamiento tan injusto y dogmático comenzó a ser revisado, pero hemos tenido que esperar a 2010-2011 para poder disfrutar sin complejos de esta exposición en museos de acreditado prestigio. Bienvenida sea la reparación que la Historia de la pintura tiene con este artista.

Napoleón y la Esfinge de Gizeh. 1886.

La exposición.

Se presentan 55 obras que abarcan toda la trayectoria artística de Gérôme y todos los ámbitos en que trabajó: pintura, dibujo y escultura. Destacan entre ellas las que marcaron un hito en el academicismo francés y las que le acreditan como uno de los grandes creadores de imágenes que más influyeron sobre otras artes visuales, la fotografía y el cine.

Pelea de gallos (1846). Belleza, pero a la vez afectación e intrascendencia.

La exposición del Thyssen arranca en el taller de Delaroche, donde el joven Jean-Léon Gérôme se educó bajo los preceptos académicos de Jean-Dominque Ingres. En estos inicios, el pintor francés cultivó tanto el género de la pintura histórica como el del retrato. Con el cuadro Pelea de gallos (1846), que se presentó en el Salón de 1847 y que le hizo ganar una medalla de tercera clase, comenzó a recibir sus primeros encargos oficiales.

Recepción del Gran Condé en Versalles, 1878. ¿No podría pasar por una escena de los Tres Mosqueteros?

El núcleo central de la muestra del Thyssen lo constituye la pintura de historia y los tres grandes temas que abordó en este género: la Roma antigua, las escenas napoleónicas y las del reinado de Luis XIV. Son momentos heroicos y muy dignos para la pintura "grande" de historia, mas nuestro pintor denota en ellos una tendencia que no termina de agradar a todos los académicos: en lugar de centrarse en el hecho culminante del momento histórico, lo trascendente, el artista prefiere representar en sus cuadros la anécdota, la escena inmediatamente anterior o posterior. Esta representación trivial o costumbrista de la Historia creó seguidores en otros pintores más jóvenes como Alma Tadema, del que ya hemos hablado en otros dos artículos (1) y (2).

La muerte de César, 1867. El momento ideal para un académico hubiese sido el momento en el que se comete el magnicidio, no lo que sucede un minuto después. Sorprende además en este óleo que la luz y la composición  no se centra sobre el cadáver de Julio César, sino sobre las espaldas de los asesinos que abandonan la escena.

A la calidad del dibujo y el dominio del color unió su interés por plasmar la veracidad arqueológica en sus obras. Se basaba rigurosamente en las investigaciones científicas y arqueológicas de la época para crear sus escenarios; coleccionaba objetos a lo largo de sus viajes a Italia, Turquía o Egipto; tomaba apuntes del natural en sus viajes; es de los primeros pintores que utiliza la fotografía para recrear con mejor exactitud sus cuadros.

Paseo del Harem, 1869. Bellas entonaciones del atardecer, que recuerdan los de los paisajes de otro orientalista como Roberts. El Egipto arqueológico de los faraones y el Egipto musulmán en la misma imagen.

Las representaciones orientales son bastante singulares. Bajo la apariencia de exactitud, Gérôme inventó escenas orientales inspirándose en la literatura de su tiempo. En cierta manera es el oriente que soñó un romántico como Victor Hugo en Les Orientales (1829), enriquecido con el color de Delacroix. Pese a su conocimiento real del "verdadero" Oriente de su tiempo, sus imágenes se manifiestan en clave fantasiosa y  sobre todo con gran erotismo. En este tipo de obras se camufla el desnudo femenino que no podría ser admitido en ningún caso por la "sociedad bien" en  otro contexto. Aún así, cuadros como el que tenemos debajo tienen que enmascarar la finalidad de recrearse en un sensual desnudo femenino, contextualizando el cuadro con el título bíblico de Betsabé.

Bethseba o Betsabé, 1889. El desnudo femenino es el objetivo del cuadro. Si sólo contemplamos la primera imagen es  una escena de baño típica de Gérôme de una mujer en un harem, aunque extrañamente ubicada en el exterior. Pero si miramos el cuadro entero y leemos su título comprendemos que nos narra el episodio bíblico del rey David cuando descubre bañándose a Betsabé, la esposa de su general Urías, y la siguiente historia de adulterio y asesinato.

Por último, la exposición dedica una atención especial a la escultura de Gérôme, disciplinan que emprendió con mucha dedicación e ilusión a partir de 1878, ya con 54 años, con motivo de la Exposición Universal. Sus primeras obras son meros traslados de sus obras pictóricas al bronce o al mármol (Los gladiadores, 1878). Pero a partir de 1890 dio la espalda al dogma dominante en la escultura moderna y utilizó el color en sus obras en mármol, como se hacía en la Antigüedad clásica. De estos momentos data el busto de Sarah Bernhardt, (1895) o la inquietante obra de abajo, Corinthe (1903-04), que es su último trabajo antes de morir. Recientemente (2008) fue adquirida por  el Museo de Orsay de París en subasta de Sotheby's por 456.750 euros.

Corinthe, 1903-04. 47,5 x 33 x 30 cm. La personificación de la ciudad de Corinto como una mujer enigmática de ojos penetrantes, muy al gusto de los simbolistas del cambio de siglo.

-----

Para un catálogo completo de su obra y obtener buenas imágenes

en Art Renewal Center Museum.

19 Enero 2011

Vincent  Van Gogh (1853-1890), uno de los artistas menos afortunado de todos los tiempos, tuvo tras su muerte un destino excepcional. En  vida no vendió ni un solo cuadro, salvo a su hermano Theo y al doctor Gachet, que le cuidó en sus meses finales. Sin embargo, a partir de comienzos de siglo XX su obra será sublimada convirtiéndose en un referente de las vanguardias como el expresionismo alemán y uno de los pilares del arte moderno.

Van Gogh. Autorretrato a lo oriental o a lo bonzo. Arlés, septiembre de 1888.

Se le incluye en el postimpresionismo, un  término que agrupa a una serie de pintores (Paul Cezanne, Georges-Pierre Seurat, Paul Gauguin, Paul Signac y Henri de Toulouse-Lautrec) que tomaron el relevo de los impresionistas a partir de la segunda mitad de los años 80. Sin embargo, estos artistas ni formaron un grupo o movimiento cohesionado ni compartieron un objetivo o estilo común.

El objeto de este artículo es el de acercarse a Van Gogh a través de uno de sus cuadros que más me gustan, Terraza de café por la noche, Arlés, 1888. Una de esas obras alucinantes por el color y por rebosar optimismo y ganas de vivir. También veremos otros óleos relacionados de esa misma etapa que nos ayuden a entender el cuadro en su contexto.

Van Gogh, Terraza de café por la noche. Arlés, Septiembre de 1888.

Ficha técnica.

Título. Terraza de café por la noche, Place du Forum de Arlés.

Fecha. Septiembre de 1888.

Datos técnicos. Óleo sobre lienzo, 81 x 65,5 cm.

Ubicación. Rijksmuseum Kröller-Müller, Otterlo, Paises Bajos.

----

El contexto artístico.

No toda su obra fue así de vitalista. Su ánimo se debatía por una extraña enfermedad entre la euforia y la desesperación que le llevaría al suicidio. En el siguiente documento de Scrib puedes encontrar una esquemática biografía del artista que te ayude rápidamente a conocer algunos datos necesarios de su vida y obra.

Van gogh esquema biografía

La etapas de París y Arlés (marzo de 1886 a diciembre de 1888)

En 1886 Van Gogh, pese a  sus 33 años, todavía era un aprendiz de pintor que no tiene definido su estilo. Admira la obra de Millet y también, como todos los pintores de su tiempo, las estampas japonesas. En marzo de ese año  deja las clases de pintura que tomaba en Amberes y se traslada a París para continuar su aprendizaje. Allí se enriquece técnicamente y se relaciona con un círculo de pintores jóvenes que ya trabajan en superar las conquistas del impresionismo. Vincent no se adhiere a las nuevas tendencias, ya que sigue en la búsqueda de un estilo personal, aunque no podemos negar que hace suyas algunas de sus ideas. De los sintetistas  como Bernard o Gauguin toma el uso del color arbitrario; mientras que de los divisionistas o puntillistas como Seurat o Signac le interesa la aplicación del óleo con pequeñas pinceladas separadas.

Van Gogh. La cosecha o la  llanura de Crau en Arlés. Junio de 1888.

París, no obstante, se le hace insoportable y en febrero de 1888 decide trasladarse a la ciudad de Arlés en la Provenza. Allí es donde forjará su estilo en interminables sesiones de trabajo experimentando con nuevas técnicas y proponiéndose retos atrevidos. Pinta puentes, campos de cultivo, interiores, retratos...No tiene descanso. En poco menos de un año pinta 200 cuadros y escribe otras tantas cartas. Intenta contagiar su entusiasmo por el lugar a otros amigos pintores a los que invita a viajar hasta allí, haciéndose eco sólo Paul Gauguin con el que trabajará entre octubre y diciembre.

El tema.

El cuadro refleja varios temas que encajan en las tendencias temáticas del impresionismo y en los retos que se impone Van Gogh ese verano de 1888:

  • Reflejar una escena casual. El instante real de una tranquila noche en una terraza de uno de los cafés más concurridos de la ciudad de Arlés, donde unos clientes disfrutan de una consumición mientras contemplan a los vecinos que pasean.
  • Captar los matices de la luz artificial. Un farol de gas ilumina la escena y provoca el colorido fantástico: lo iluminado se trasforma en varios tonos de amarillo intenso, mientras que las sombras se transforman en azules, verdes y malvas. Días antes había realizado un lienzo con las mismas intenciones, pero ubicando la escena en el interior de otro café.

Van Gogh. El café de l´Alcazar de noche, interior, Septiembre de 1888.

  • Lo que hace especial a la nueva vista es que ya aparece uno de los retos que le obsesionan, como así se lo hace saber por carta a su hermano: pintar la oscuridad de la noche del natural sin utilizar el color negro. En nuestro Café de noche, exterior, el cielo azul estrellado todavía no tiene el protagonismo que tendrá en Noche estrellada sobre el Ródano, cuadro realizado pocos días después. pero ya se adelanta lo que será. Un cielo plasmado en gamas de azules en el que las estrellas se abren como flores creando un halo de luz.

Van Gogh. Noche estrellada sobre el Ródano. Arlés, Septiembre de 1888.

La técnica sobre los detalles del cuadro.

Van Gogh interpreta la luz reluciente del farol y se recrea utilizando los tonos de amarillo, su color favorito, sobre el toldo y las paredes. Los reflejos sobre el caballo del carruaje y sobre los transeúntes tornan verdes o rojos puros. El color es exagerado para conseguir un efecto decorativo y expresivo que preconiza el fauvismo y el expresionismo.

Las siluetas de las personas y de las mesas y las sillas están perfectamente contorneadas con trazo ágil, pero no detalladas. Resultan esquemáticas pero a la vez dinámicas y realistas.

El artista se sirve de una perspectiva desconcertante para dirigir la mirada del espectador hacia el interior de la composición. La mitad inferior de la pintura está repleta de líneas convergentes. La que forma la canaleta del centro señala directamente al camarero, que se convierte en el personaje principal y atrae la luz sobre su mandil.

El efecto de la luz sobre el empedrado viene dado por el uso de unas pinceladas de diferentes colores que no se mezclan, sino que se yuxtaponen unas junto a las otras como los divisionistas.

Pinceladas de color azul oscuro sobre azul claro se disponen vertical y horizontalmente en el cielo de la noche. La pintura está aplicada en capas muy gruesas, sin alisar después la superficie creando relieve. Es un cielo rugoso, matérico cargado de expresividad abstracta.

22 Agosto 2010

En 1874 fue descubierta en la colina Esquilina de Roma una estatua de un desnudo femenino, que se identificó con el de Venus, y que inmediatamente pasó al acervo iconográfico del mundo clásico y a ejercer una notable influencia sobre la pintura de final de siglo.

Cuatro vistas de la Venus Esquilina.

El descubrimiento arqueológico. La "Venus".

La obra fue encontrada en un lugar que se supone fue uno de los jardines imperiales, los Horti Lamiani, que ya había sido un gran yacimiento arqueológico desde el siglo XVI. Aquí se sacó a la luz también una variante del Laoconte y del Discóbolo y el busto de Cómodo con los atributos de Hércules. La escultura pasó a la colección del Museo Capitolino donde se exhibe hoy en día.

La Venus Esquilina en todo su esplendor.

Sus brazos no se han encontrado, aunque los restos de la mano izquierda en la cabeza sugieren que tenía los brazos alzados y estaba atándose una cinta. Por el estilo se puede datar entre el siglo II o I a. X., siendo ésta una copia romana de un original griego neoático. En el helenismo se difunde este tipo de figura erótica femenina: curva praxiteliana, torso musculado, pechos pequeños y muslos apretados. Una estatua sin cabeza y sin parte de las piernas, que se conserva en el Louvre, confirma que era un prototipo habitual de desnudo femenino de la escultura griega.

Venus del tipo Esquilina del Museo del Louvre.

Se desconoce con exactitud a quien representa, aunque existen varias teorías:

  1. La diosa romana Venus, posiblemente en forma de Venus Anadiómena o saliendo del mar.
  2. Una simple bañista mortal en actitud de atarse una cinta la cabello.
  3. La imagen idealizada de Cleopatra VII, la última de los soberanos de Egipto.

Venus como inspiración desde el Renacimiento.

Por todos es sabido que el Renacimiento y el Neoclasicismo buscaron la inspiración, cuando no la imitación del mundo clásico.  A falta de referencias de calidad en pintura, la escultura se convirtió en la clave para encontrar la esencia grecorromana. En la obra de Ghiberti, Botticelli o de Miguel Ángel palpitan los hallazgos arqueológicos del momento, aquellas piezas que sus mecenas atesoraban como coleccionistas. El descubrimiento de Pompeya y Herculano en el siglo XVIII volvió a impulsar la emulación de estas obras.

Detalles del Nacimiento de Venus de Botticelli y de la Venus Capitolina.

La diosa Venus fue la representación más inspiradora desde el Renacimiento, tal vez porque era la excusa perfecta para la representación de un desnudo femenino en tiempos en los que éste era tabú. Desnudos bellísimos de Botticelli, Tiziano, Correggio, Rubens, Velázquez, Ingres... causaron escándalo, pero se toleraron al fin y al cabo, porque se trataba de recrear la belleza de una diosa de la Antigüedad.

Jean Auguste Dominique Ingres. Venus Anadyomene, 1848.

Lo que no se conoce tanto es que a finales del siglo XIX, coincidiendo con un nuevo empuje científico de la arqueología que puso al descubierto ciudades míticas en Grecia, Italia y Egipto, también hizo crecer el interés de los pintores por el mundo Antiguo y, por tanto, se produjo un nuevo renacer. Pero la sociedad comenzaba a transformarse y los pintores se hacían cada vez más atrevidos. Una buena prueba es la actitud provocadora de Eduard Manet al presentar en la década de los 60 dos cuadros de desnudos, Desayuno en la hierba y Olimpia, inspirados en cuadros del siglo XVI.

La Venus Esquilina y la pintura de finales de siglo XIX.

Como ya he comentado al comienzo,  en 1874 se produjo el descubrimiento de la que conocemos como Venus Esquilina e inmediatamente tuvo una repercusión muy directa en los pintores.

Los pintores más académicos como William Adolphe Bouguereau interpretaron el tema en clave mitológica, como el Nacimiento de Venus (1879). La belleza y sensualidad de la diosa se perdona al amparo del tema y de la tradición. Esta obra triunfa en los Salones Académicos de París porque no pretendían representar una mujer "real".

William Adolphe Bouguereau, Nacimiento de Venus (1879).

Sin embargo, otros pintores también de técnica académica que la recrearon no tuvieron tanto reconocimiento e incluso les fue difícil vender su obra. La razón es que interpretaron la obra en clave humana.

Lawrence Alma Tadema, que fue el primero de los pintores en ver la obra en directo (invierno de 1875/76) y en pasarla al lienzo (1877), la concibió como una modelo que posa mientras que el escultor la contempla intentando captar su belleza. La obra provocó una célebre respuesta del obispo de Carlisle y de numerosas cartas a la prensa de rechazo, cuando la obra se exhibió en Líverpool en 1878. Estas son las palabras del obispo que reflejan la hipocresía de la sociedad victoriana del momento: "que un artista vivo exponga una representación de tamaño natural y casi fotográfica de una hermosa mujer desnuda es algo que golpea mi conciencia no artística como un acto malicioso".

Lawrence Alma-Tadema. La modelo de un escultor, 1877.

Edward Poynter tampoco tuvo mucha suerte cuando utilizó la misma estatua como prototipo para el desnudo femenino de Diadumene (1884), la versión femenina de la obra griega masculina de la conocida obra de Policleto, en la que un atleta masculino se ataba una cinta en torno a la cabeza. La polémica contra el desnudo volvió a desatarse en las cartas al director de The Times de Londres, aunque el pintor argumentara que sólo pretendía rendir un homenaje arqueológico a Policleto y a Praxiteles. En 1893 Poynter se vio obligado a cubrir la Diadumene, seguramente porque no encontraba comprador para la versión desnuda.

Edward Poynter, Diadumene (1884).

Sobre Algargos, Arte e Historia

Hola, encantado de conocerte, visitante.

Me llamo Alfredo García.

Te encuentras ante un blog educativo de un profesor que busca ilustrar y completar la asignatura de Historia del Arte de 2º de Bachillerato.

Imparto mis clases en el instituto "Dionisio Aguado" de la ciudad de Fuenlabrada en Madrid.

SI ERES ALUMNO O COMPAÑERO, en este blog tienes donde sacar imágenes, materiales didácticos y algunos textos, no eruditos, que te ayudarán en tus clases. Ayúdate del índice de categorías que puedes encontrar al final de esta barra lateral. Te será muy útil pinchar sobre los capítulos de cada tema que pongan índice, pues en ellos encontrarás en un esquema los enlaces que te dirijan a todos los artículos que hay en este blog sobre el tema concreto.

SI SÓLO TE ACERCAS COMO PASEANTE, creo que te puedes llevar bellas sorpresas y que no saldrás decepcionado porque terminarás aprendiendo y disfrutando.

Si este blog te ha gustado puedes dejar un comentario y si lo deseas puedes continuar tu camino en otros dos blogs que tengo blog de Geografía de España y blog de Historia de España, donde también serás bien recibido.



If your language is not Spanish, try to translate this blog with the help of this translator.





http://profesorfrancisco.wikispaces.com/file/view/circulocultural3.gif/123530605/circulocultural3.gif



ARTE EN LOS BLOGS


Loading


Visit ARQUEOLOGOS



Visit CLIO EN RED


miarroba.com

Dale al play


BATALLA DE TEOTOBURGO
Música de la Electric Light Orchestra

Cortesía de Frodocomarca67





STAR WARS EMPIRE AT WAR

Cortesía de Luisite 8




PÁGINAS HERMANAS




LOS BLOGS QUE SIGO





ALGUNOS ARTÍCULOS





ImageChef.com - Custom comment codes for MySpace, Hi5, Friendster and more


SÍGUE ESTE BLOG A TRAVÉS DE FACEBOOK Y DE TWITTER



Alfredo Algargos | Crea tu insignia




CALENDARIO PARA ALUMNOS





ALGUNOS DE MIS VÍDEOS





Categorías