Es imposible comprender la obra de El Escorial sin tener en cuenta complejidad del propio rey que la encargó. En este artículo nos aproximaremos a algunos de los rasgos de la formación y la personalidad de Felipe II más tópicos, pero también algunos de los más desconocidos, que manifiestamente influyeron en la traza y en la esencia de nuestro edificio.

1.- En primer lugar, Felipe II era un hombre versado en arquitectura. Los viajes que había realizado el joven Felipe II por Europa le habían llevado a admirar la obra de los arquitectos más importantes del renacimiento italiano. Sus gustos estilísticos coincidían en gran parte con los de los arquitectos principales de El Escorial Juan Bautista de Toledo y Juan de Herrera. En esta obra no es difícil encontrar referencias a las obras de Bramante (claustro y templete de los Evangelistas y planta de la iglesia), Miguel Ángel (cúpula de la iglesia) o de Palladio (clasicismo colosal de las fachadas). La pasión que tenía por este arte le llevó a tomar parte activa en el diseño del edificio (simbolismo y austeridad clásica) y a supervisar personalmente las obras de construcción.

2.- Felipe II es un monarca formado en el humanismo renacentista. Desde joven se rodeó de intelectuales y colaboradores especialistas en distintas disciplinas. Algunos de ellos trabajarán en este mismo edificio. Entre ellos destacaría a Arias Montano, prestigioso filólogo que desde 1568 es quien supervisará la Biblia Políglota que saldrá a la luz en Amberes. La confianza de Felipe II en Arias Montano es tal, que el rey le protegerá junto a su discípulo, el padre Sigüenza, cuando la Inquisición inicie un proceso contra ellos por herejía evangélica. El rey le encargará de la organización de la biblioteca de El Escorial en 1576 (colección de mapas, libros y globos terráqueos). Seguramente también está detrás del complejo programa iconográfico de las pinturas de dicha biblioteca.

3.- También Felipe II era un entendido en pintura. Gustaba especialmente de la obra de pintores venecianos como Tiziano. Precisamente de éste adquirió una serie de cuadros de temática mitológica que hoy son la base de la colección de este pintor en el Museo del Prado. Puede que sorprenda que fuera capaza de admirar la belleza de estos cuadros, como entendido en arte que era, y que luego eligiera a pintores de segunda fila como Luca Cambiaso, Federico Zúccaro y Pellegrino Tibaldi para decorar la basílica. Es conocida la historia de Felipe II y el Greco, que puede servir para ilustrar en qué medida el rey controlaba todo lo que tenía que ver con el edificio, inclusive la iconografía.

El Greco vino a España en torno al año 1575 atraído por las perspectivas de trabajar en el gran palacio que Felipe II estaba levantando. En 1580 el rey le encargó  El martirio de San Mauricio con intención de otorgarle después el resto del retablo de la basílica. Era la ocasión que esperaba el pintor para ganarse el favor del monarca. El pintor se esmeró en este gran cuadro, pero Felipe II no quedó satisfecho. Le pagó el cuadro al artista, pero ni lo colocó en el lugar para el que estaba destinado ni le volvió a encargar más obras. Es evidente que el rey valoró la belleza artística del cuadro, que fue reservado para la sacristía, pero le pareció que la forma de representar el mensaje religioso no era la más adecuada para ser exhibido cara al público. La obra era muy bella, pero según la máxima de la contrarreforma “los santos se han de pintar para que no quiten las ganas de rezar”.

4.- Otro de los datos que nos permiten apreciar el talante de Felipe II es su interés por la ciencia de su época. En el siglo XVI el desarrollo de la ciencia va unido a todos aquellos saberes que aportan algún medio de conocimiento de la realidad. El palacio viene a ser una primitiva academia de todas las ciencias. Miles de volúmenes de todas las disciplinas se van reuniendo en la biblioteca. Se prepara al mismo tiempo por ilustres geómetras información par emprender un mapa geodésico de España. También se realizan en el palacio experimentos químicos y farmacéuticos. Incluso las ciencias esotéricas como la astrología, la alquimia, la cábala y el neoplatonismo tienen cabida entre esos muros. En realidad, El Escorial es el único lugar del Imperio en el que se puede leer y comentar la Biblia con absoluta libertad o realizar experimentos seudocientíficos gracias al patrocinio del monarca.

Deberíamos desprendernos ya de la leyenda negra que ha acompañado a este monarca.