En la siguiente presentación podrás estudiar las características más peculiares de la escultura barroca española, poniendo el acento en la imaginería religiosa. Hay una atención especial a la obra de Gregorio Fernández, Juan Martínez Montañés y Francisco Salzillo, entre otros autores. También se comenta un retablo (el de Pedro Roldán para el Hospital de la Caridad  de Sevilla), ya que esta presentación escénica de nuestra escultura es una singularidad muy hispana . Al final hay un capítulo sobre la escultura profana generada para la monarquía de los Austrias y de los Borbones.

La escultura española tiene su mayor esplendor en el siglo XVII. En toda Europa adquieren renombre nuestras  imágenes religiosas policromadas (imaginería) y talladas en madera. Durante este siglo pasarán, de un naturalismo clásico a principios de la centuria, al más exaltado barroquismo, ya en la segunda mitad.

Destaca en Castilla el escultor Gregorio Fernández, autor de imágenes llenas de dramatismo, al que ya hemos estudiado comparándolo con el italiano Bernini. Sus Cristos y pasos de Semana Santa, con sus versiones de La Piedad y de la Dolorosa, son sus mayores aciertos. También destaca como generador de nuevos modelos de santos populares y recién canonizados como Santa Teresa y San Ignacio de Loyola . Sus retablos son muy apreciados y será objeto de un artículo especial, aunque aquí se puede ver su obra más notable, el retablo del convento de Las Huelgas en Burgos.

La escuela sevillana está representada principalmente por Juan Martínez Montañés, escultor que ejerce un papel muy influyente en Andalucía. Su estilo se distingue por la serenidad y el equilibrio de sus esculturas. Sus Cristos emanan emoción sin recurrir al exceso trágico y sus santos y Virgen Inmaculada también dejarán modelos a seguir. A su muerte dejó en marcha un gran taller del que salieron numerosos y excelentes discípulos como Juan de Mesa, escultor de imágenes procesionales de gran impacto como la de Jesús del Gran Poder. Saliendo de la  escuela de Montañés pero trabajando en Granada hay que destacar a Alonso Cano y su discípulo Pedro de Mena, ambos destacan por la delicadeza de sus figuras y su actitud contemplativa

En el siglo XVIII, con la nueva dinastía de origen francés, podemos señalar dos corrientes contrapuesta: la que continúa la imaginería popular y la que apuesta por un barroquismo italo/francés.

La tradición imaginera tuvo su mejor expresión en el murciano Francisco Salzillo. Sus pasos de Semana Santa como La Santa Cena, La Oración en el Huerto o el Cristo amarrado a la columna tienen un espíritu teatral que encajan más en la gesticulación italiana que en el naturalismo hispano.

La monarquía va a ser mecenas de la escultura, pero tanto los austrias como los borbones prefieren a escultores italianos y franceses antes que a los escultores locales. Para el retrato ennoblecedor y ecuestre se recurre a Bologna, Tacca o Michel. Los borbones imponen un gusto francés de representaciones en plomo, bronce y mármol de escenas  mitológicas o ensalzadoras de la monarquía, que decoran fuentes, parques y crestería de los palacios de La Granja en Segovia y de Oriente en Madrid.