Este artículo es la introducción de un conjunto de presentaciones sobre el arte egipcio, sus características y obras principales.

Egipto,  junto con Mesopotamia, son los dos grandes focos culturales de la Antigüedad durante la primeras edades del metal (Cobre y Bronce). Allí se produce el nacimiento de las primeras civilizaciones urbanas tras la revolución neolítica. La invención de la escritura, jeroglífica en Egipto y cuneiforme en Mesopotamia, permitirá a estas regiones trasponer el umbral de la Historia.

A través de la presentación que viene a continuación podrás entender la trascendencia de cuatro conceptos claves para entender el arte egipcio porque resumen el espíritu de la civilización egipcia: el Nilo, que determina la existencia de esta civilización; la religión, que invade todos los ámbitos de la vida y de la muerte; el faraón, que es el señor todopoderoso de Egipto además de un dios; y el conservadurismo en las tradiciones culturales que explican que este pueblo mantuviera un mismo espíritu durante más de 3.000 años, a pesar incluso de haber atravesado por momentos de crisis profundas y de desunión política.

También se aporta en este artículo una cronología simple para no perderse por la historia de esta civilización y se destaca algún hecho histórico notable a tener en cuenta.

CONTEXTO GEOGRÁFICO E HISTÓRICO.

Su medio geográfico: el NILO.

El río Nilo fue la razón de ser de Egipto. En medio de inhóspitos desiertos donde no cae ni una gota de lluvia, el río da lugar a un largo y estrecho oasis de extraordinaria fertilidad. Una vez al año, el Nilo experimenta una enorme crecida debido al deshielo en las montañas de Abisinia que inunda el valle. Cuando las aguas vuelven a su estado normal, las tierras quedan cubiertas de un limo negro en donde crece con facilidad cualquier producto agrícola. Una riqueza agraria tan notable hizo que surgiera una civilización próspera y  un sólido poder estatal que controlara la inundación, canalizara las aguas, organizara los drenajes y compartimentara los campos.

El Nilo al mismo tiempo es el camino que comunica zonas separadas por más de mil kilómetros de distancia. También es el generador del relieve y del paisaje egipcio, creando dos territorios diferenciados, que en ocasiones vivieron historias separadas:

- El Alto Egipto. Era el valle encajonado del Nilo navegable entre la primera catarata y el lugar donde el río empieza a abrirse en brazos antes de llegar al mar. La ciudad más importante que ejerce de capital durante cientos de años es Tebas.

- El Bajo Egipto. Era el delta, una extensión agrícola de más de 200 kms de llanura bien regada durante todo el año por un sistema de canales. Su capital fue Menfis,  justo en la confluencia con el Alto Egipto. En los últimos siglos tomó relevancia la ciudad de Alejandría abierta al Mediterráneo.

La religión.

Egipto era una civilización politeísta en la que existía multitud de dioses locales, de entre los que destacaban los de las ciudades más importantes. Además también se veneraba a animales (zoolatría), que representan fuerzas y espíritus de la naturaleza. También se divinizó, cómo no, al Nilo y al soberano de Egipto, el faraón, que recibía el nombre de Horus.

El culto tendía a concentrarse en algunas divinidades que fueron asociadas por sus características parecidas (v. g. culto de Amón-Ra: Amón, dios sol de Tebas, y Ra, dios sol de Menfis) o porque se creó en torno suyo una teogonía o historia mitológica que los unía. Uno de los dioses más populares fue Osiris. Este dios del bien y de la agricultura fue muerto y despedazado por su hermano Set, dios del mal y del desierto. La esposa de Osiris, Isis, diosa luna, rehizo su cuerpo amortajándole y le devolvió a la vida con ayuda de otros dioses, pero sin poder devolverle al mundo de los vivos. Desde entonces reinó entre los muertos.

Esta historia genera la idea más importante de la religión egipcia que influye decisivamente sobre las artes egipcias: la creencia en la resurrección eterna de los seres humanos en un más allá. Para lograr esa vida eterna el difunto debe pasar una prueba (el juicio de los Muertos) y tener asegurado en la tierra un soporte material (una momia, una estatua, una pintura o hasta el mismo nombre). Como el egipcio acomodado quiere seguir disfrutando en el otro mundo del lujo y de las comodidades que tiene en éste se construye una casa para la eternidad (su tumba) y se hace rodear de sus riquezas y criados (ajuar y representaciones de sirvientes).

El faraón. La sociedad.

El faraón es el personaje central de la vida de Egipto. Su autoridad es absoluta y se le identifica con Horus, el sol naciente, hijo de Osiris. Posee todas las tierras, las aguas y las vidas de los egipcios. Se le representa siempre perfecto y con atributos que confirman su poder temporal como rey del Alto y el Bajo Egipto: las coronas, el cetro y el báculo, el buitre y la cobra, los colores rojo y blanco, etc. No se puede mentar su nombre ni mirarle directamente a los ojos. Él es el que pone en marcha los proyectos arquitectónicos más notables y como patrocinador de los mismos debe estar representado solemnemente en esculturas y relieves, que hagan propaganda de su persona.

Estatuas sedentes de Ramsés II delante de la entrada al templo de Amón en Luxor

Bajo el faraón encontramos un grupo de gentes privilegiadas de funcionarios y sacerdotes que reciben tierras del faraón y se enriquecen. Estos intentan imitar al faraón y asegurarse la vida eterna y  también encargarán tumbas, esculturas y hermosos frescos.

El grueso de la sociedad estaba compuesto por campesinos y obreros artesanos, que a duras penas podían ahorrar para ser momificados y ganar con ello el otro mundo. Si tenían suerte sus señores podían representarles en pequeñas estatuillas.

El escalón más bajo lo constituían los esclavos, que aunque se piense que pudieran ser muchos, posiblemente no superaran el diez por ciento de la población.

La cronología de Egipto.

Puedes consultar la siguiente presentación si necesitas una localización más exacta de los monarcas y de los periodos en los que tradicionalmente se divide la historia de Egipto. Si no necesitas tanta concreción sigue leyendo debajo.

El valle del Nilo estaba habitado desde el Paleolítico, pero no será hasta en torno al año 3.000 cuando, coincidiendo con la invención de la escritura, se produzca el primer sometimiento de todo Egipto bajo la autoridad del faraón Narmer. Se inicia así el primer Imperio, denominación que sirve para designar a un periodo de la historia de Egipto en la que el estado es poderoso y se encuentra unificado el Norte y el Sur. A tres grandes periodos de Auge o de Imperio, les suceden fases de crisis o  periodos intermedios, donde ocurren revoluciones, invasiones de pueblos extranjeros y separaciones. La sistematización de la historia se agrupa también en las dinastías reinantes.

- En el Imperio Antiguo (aprox. 2800-2300 a. C., para simplificar el III milenio a. C.) se levantaron las grandes pirámides de Saqqara y de Gizeh, obra de los faraones de la III y la IV dinastía. La capital era la cercana Menfis.

- En el Imperio Medio (aprox. 2040-1570 a. C., para simplificar primera mitad del II milenio a.C.) se vuelve a la unidad bajo una dinastía local de Tebas. Desde el punto de vista artístico es el menos importante de los periodos imperiales. La dinastía más brillante sería la XII.

- En el Imperio Nuevo (aprox. 1500-1085 a. C., para simplificar segunda mitad del II milenio a. C.) encontramos faraones con gran personalidad. Incluso uno de ellos, Amenofis IV-Akenatón, intentará cambiar la religión politeísta por un culto monoteísta al dios Atón. En este periodo Egipto rompe su aislamiento tradicional y mantiene una política exterior que le hace llevar sus fronteras hasta Nubia y Siria, donde choca con los imperios asiáticos. Es el periodo de construcción de los grandes templos de Luxor y Karnak en Tebas. El apogeo llega con las dinastías XVII y XVIII.

En el último milenio antes de Cristo la historia de Egipto entra en un periodo menos brillante o de decadencia que, sin embargo, artísticamente es muy provechoso. Los pueblos invasores se suceden: asirios, persas, griegos-macedonios y, por último, los romanos. El último monarca independiente será la famosa reina Cleopatra, de la dinastía ptolemaica, que se suicidará al no poder impedir la conquista de su reino por Octavio Augusto el año 30 a. C.. Durante la historia de Roma en Egipto (30 a. C. al siglo V d. C.) el proceso de romanización y de cristianización terminarán haciendo desaparecer su cultura milenaria, incluso la escritura jeroglífica caerá en el olvido.