Aunque es cierta la afirmación de que la arquitectura egipcia mantiene unos caracteres muy precisos durante los tres milenios largos de su historia, eso no obsta para que en el transcurso del tiempo se aprecien algunos cambios. El que resulta más significativo es el de la evolución del modelo de enterramiento del faraón.

La tumba, junto con el templo, son  los edificios más importantes de la civilización Egipcia porque cumplían un objetivo religioso y político. Todos los faraones desde el momento en que accedían al trono iniciaba la construcción de su morada para la otra vida, asegurándose así su paso a la eternidad espiritual. Pero todos también, al menos en el Imperio Antiguo, construían un edificio gigantesco capaz de demostrar a su pueblo y a la posteridad su grandeza.

En esta presentación se repasan los tres modelos de tumbas reales de la civilización egipcia. Desde el más primitivo, la mastaba; pasando por el más conocido, la pirámide; y terminando en el escondido hipogeo.

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La mastaba es el modelo de sepultura más antigua de Egipto. Ya la tumba del faraón Menes de la I Dinastía hacia el año 3000 a. C. responde a este modelo.   Las primeras estaban construidas con ladrillos, aunque pronto pasaron a ser de piedra.

Inspirada en la forma de la casa egipcia, era como un rectángulo o, mejor dicho, un trapecio con paredes talud. En esta estructura se abría una pequeña capilla o serdab, donde los  familiares del difunto depositaban los alimentos y las ofrendas que se hacían al difunto para que las disfrutara en el otro mundo. En este espacio había pinturas y relieves, entre las que destacaban las de una puerta simbólica que daría paso a la cámara funeraria donde se encontraba enterrado el difunto. Ésta se encontraba subterránea  y no se podía acceder a ella pues el pozo se cegaba una vez efectuado el sepelio. Otra cámara subterránea contenía el "doble" escultórico que garantizaban junto con la momia la pervivencia del difunto en la otra vida.

Mastabas formando necrópolis. Sección.

Este tipo de enterramiento se mantiene desde el comienzo de la civilización hasta el Imperio Nuevo. Es muy característica del Bajo Egipto, como podemos ver en las necrópolis (ciudad de muertos) cercanas a Menfis, aunque los faraones dejaron de enterrarse en ellas a partir de la III Dinastía. La razón pudo estar en el deseo de los soberanos de destacar sobre sus súbditos.

LA PIRÁMIDE

Se escribe y se escucha tanto sobre las pirámides que da pereza escribir sobre ellas. Si queréis profundizar sobre ellas en este enlace podéis hacerlo. Sobre la polémica de su construcción ya hemos hablado en otra parte y también os podéis remitir allí.

Sólo diremos que es la tumba por excelencia del soberano. Se levanta dominadora sobre las mastabas que la rodean y sobrecoge pese a su sencillez y al paso de los milenios. Está concebida para perdurar y para transmitir muchos mensajes simbólico/religiosos (cálculos matemáticos y orientación). Las pirámides carecen de fachada y en su interior apenas hay unos corredores rectilíneos que atraviesan la estructura maciza de piedra y que sólo se abren en pequeñas cámaras funerarias. Estos pasillos como la entrada quedaban cerrados y ocultos después del entierro. Al pie de las pirámides se construía un complejo funerario con templos donde atender al faraón muerto, almacenes y pozos donde guardar sus riquezas y edificios y espacios donde realizar diversos ritos religiosos. Una vía procesional cubierta comunicaba estas dependencias con un templo/embarcadero junto al Nilo.

Conjunto funerario de Gizeh

Existen distintos tipos de pirámides.

  • La escalonada, creada por el faraón Zoser en la III Dinastía, debe su forma a la superposición de mastabas. Es la más  primitiva. se encuentra en Saqqara y mide cerca de 60 metros de altura.
  • La de doble pendiente se creó en tiempos del faraón Snefru, también de la III Dinastía y se encuentra en la necrópolis de Dashour. Hay una segunda pirámide de este mismo faraón en Meidum de forma truncada porque ha sido arrebatado su revestimiento liso.
  • La de pendiente recta es la más usual y sus mejores representantes son las conocidísimas tres pirámides de Gizeh donde se enterraron los faraones de la IV Dinastía Keops, Kefrén y Micerinos. Para dar una idea de la ingente mole de piedra, diré que la pirámide de Keops mide actualmente 145 metros de altura y en su construcción se movieron unos 2,3 millones de bloques de piedra, de un peso que oscila entre las 2,5 y las 45 toneladas.

EL HIPOGEO

El continuo saqueo de las antiguas tumbas faraónicas y lo costoso de su construcción debieron ser factores decisivos para el triunfo del hipogeo. Este tipo de enterramiento consistía en una tumba excavada en la roca. Ya se utilizó en el Imperio Medio en la necrópolis de Beni Hasam, pero fue en el Imperio Nuevo cuando se llevó a cabo el enterramiento de varias dinastías de Tebas al otro lado del Nilo, en el paraje desértico que conocemos como Valles de los Reyes y  Valle de las Reinas.

Valle de los Reyes, templos funerarios y llanura agrícola del Nilo frente a Tebas

Los primeros hipogeos eran simples: un pasillo y una cámara funeraria. Los de los grandes faraones y faraonas del Imperio Nuevo se hicieron más complejos y se decoraron lujosamente con pinturas. También poseían un complejo funerario, pero al otro lado de la montaña, junto al río.

Pese a lo oculto del lugar y a la vigilancia que los faraones tenían sobre la necrópolis de Tebas, casi todas las tumbas fueron expoliadas ya en la Edad Antigua. El descubrimiento casi intacto de la tumba del faraón Tutankamon, un faraón menor de la XVIII Dinastía, nos permitió conocer las riquezas que se podían acumular en estas tumbas.