La pintura francesa durante el siglo XVII es deudora de las influencias que ejercen sobre ella la pintura de los países vecinos, fundamentalmente de Italia y de Flandes. Durante los dos primeros tercios del siglo XVIII, sin embargo, es capaz de desarrollar un estilo muy propio que en su vertiente galante denominamos Rococó. En la siguiente presentación puedes repasar la obra de los principales pintores de estos dos siglos.

La influencia italiana del siglo XVII.

Durante el siglo XVII muchos de los pintores franceses viajaron o trabajaron durante larguísimas temporadas en Italia. La mayoría se dejaron seducir fundamentalmente por los maestros del Cinquecento (Rafael, Tiziano y Correggio) y por la escuela ecléctica de los Carraci. De ellos recogen el gusto por la belleza idealizada, el orden compositivo, el sentido decorativo de sus obras y las escenas mitológicas.

Simón Vouet (1590-1649), que fue el maestro de la mayoría de los grandes artistas franceses, es un buen ejemplo. Residió en Italia de 1612 a 1627, fecha en la que Luis XIII le nombró su primer pintor, encargado de decorar los palacios reales. Sus grandes decoraciones han desaparecido, pero los cuadros de caballete nos revelan su eclecticismo. Gustaba realizar bellas arquitecturas escenográfícas, así como composiciones con multitudes a lo Veronés,  telas suntuosas. Él es el que comienza en Francia las alegorías y los temas mitológicos, tan gratos a los boloñeses. Años después tomará su relevo Charles Lebrun (1619-1690), que trabajará para Luis XIV como primer decorador de los salones de Versalles exaltando a la monarquía francesa y establecerá los ideales de la Academia francesa.

Le Brun. Bóvedas de la Galería de los Espejos de Versalles. 1680.

La gran figura de la pintura barroca francesa del siglo XVII es, sin duda, Nicolás Poussin (1598-1665). En 1624 se estableció en Roma y a partir de entonces pasó casi todo el resto de su vida en Italia. Aunque durante su primera etapa compuso algún tema de gran violencia y morbosidad como el Martirio de San Erasmo (1628), es el paradigma del academicismo, siendo hostil al, para él, impulsivo y vulgar Caravaggio, .

Poussin. Detalle del Martirio deSan Erasmo, 1628-29.

Poussin admira la belleza pura y se inspiró para alcanzarla en la literatura y la mitología. Las Metamorfosis de Ovidio fueron manantial inagotable de inspiración, dando a estos temas un profundo contenido alegórico y moralizante. Sus personajes se serenan y el mensaje se hace racional, olvida la pasión de sus primeros años. No hay mejor ejemplo de esta tendencia que la interpretación sin estridencias que hace sobre la presencia de la muerte en el cuadro del Louvre Pastores de la Arcadia. Unos pastores de Arcadia han encontrado una tumba con la inscripción "Et in Arcadia ego" -"Yo también viví en Arcadia"-, velada alusión a que, en medio del apacible y gozoso reino de la felicidad, aparece también la implacable muerte. Los pastores meditan silenciosos, en tanto que el paisaje con su luz de atardecer parece sumarse a la melancolía del mensaje.

Poussin. Pastores de la Arcadia, 1637.

Claudio Lorena (1600-1682) pasó también toda su vida en Italia y se especializó en paisajes llenos de expresividad poética. La luz cálida de crepúsculo o del alba y las amplias perspectivas recreadas en paisajes naturales y puertos inventados son el contexto de escenas humanas intrascendentes. En el cuadro no importa la acción, sino la atmósfera y la evocación de paraísos idílicos.

Lorena. Embarque en el puerto de Ostia.

El espíritu clásico no es la única inspiración italiana de este siglo en Francia, también el naturalismo de Caravaggio tiene sus partidarios. De entre ellos voy a destacar a Georges La Tour y a Louis Le Nain, maestros en el género costumbrista y en el tenebrismo. La Tour es conocido por sus nocturnos en donde alumbra sus escenas con una luz roja irreal. Le Nain es retratista de la gente del pueblo, nos presenta a campesinos y artesanos en sus tareas cotidianas o descansando. A ambos no le interesan ni los fondos ni la realidad idealizada.

Georges La Tour. El recién nacido. 1640.

Louis Le Nain. Comida campesina. 1642.

El siglo XVIII. La pintura galante.

A finales del siglo XVII surgió el retrato de aparato o retrato oficial. En este tipo de retrato todos los elementos de la composición (fondos, ropajes, calidades y texturas) se utilizaban para aumentar la impresión de poder de los personajes, ya fueron los reyes absolutos o la aristocracia que quería asemejarse a ellos. Casi sin importar su dimensión humana, se pretendía conseguir una grandiosidad que expresase la elevada posición de los gobernantes. La falta de naturalidad de las poses de los retratados no son imputables sólo a sus modelos, sino al espíritu presuntuoso de toda la época. Su mejores representantes son Hyacinthe Rigaud (1659-1743), que trabajó para Luis XIV,  y Louis-Michel Van Loo (1707- 1771), que lo hizo para Felipe V de España y para Luis XV de Francia.

Rigaud. Detalle del famoso retrato de Luis XIV, el Rey Sol, con capa de 1701.

Se observa también una transformación en la gran pintura. El gusto de los Carraci se abandona en favor del color veneciano y de Rubens. El tema religioso sigue realizándose, pero el sentimiento es puramente teatral y con un componente sensual evidente. Cuando los pintores se inspiran en el Antiguo Testamento buscan los momentos que pueden representar desnudos femeninos y temas escabrosos como Lot  con sus hijas o Susana en el baño. La mitología se vuelve galante. Venus, que borra a Minerva, se deja arrastrar por  tritones y cupidos; Diana y sus ninfas se bañan; Europa es raptada por el toro; y Andrómeda es liberada por Perseo.  Los personajes se presentan en actitudes de danza y gestos teatrales...

Santerre, Jean-Baptiste. Susana en el baño, 1704.

Antoinne Watteau (1684-1721) es el máximo representante de este estilo que podemos denominar Rococó. Es un pintor sobre todo de Fiestas galantes, género que resume a la perfección el ambiente de la corte y la diversión en parques, jardines y teatro (la Comedia dell`arte) de la aristocracia francesa decadente. Es la expresión del Antiguo Régimen: todo es lícito siempre que se haga con gracia. En el Embarque para la isla de Citera parece que resonara la música y su personajes bailaran, mientras se formulan declaraciones de amor al pie de alguna estatua de Cupido. Las pinceladas son rápidas y la atmósfera vaporosa.

Watteau. Embarque para la isla de Citera, 1717.

La poesía brota de los gestos, de la luz, de los trajes de seda, de las pieles nacaradas de las mujeres, del gesto caballeroso de los hombres, de los ramajes de los árboles, de los cielos de ocaso.

Otros pintores rococós de la época son

  • François Boucher (1703-1770) mucho más sensual que Watteau. Sus temas son generalmente mujeres desnudas en momentos de intimidad y la mitología relacionada con el amor.
  • J. H. Fragonard (1732-1806), que en obras como El columpio presenta un exquisito tema picante. Un hombre mayor, posiblemente el marido, balancea el columpio a una joven dama mientras que otro hombre (el amante)  mira debajo de su falda.. Mientras la escultura de cupido pide silencio.

Fragonard. Detalle de El Columpio, 1767.

En el polo opuesto del gusto Rococó está Jean Simeón Chardin (1699-1779), que propugna el género intimista y  la austeridad del color y del movimiento. Sus cuadros más afamados son bodegones y los de la vida cotidiana de las familias burguesas. Encuentra la poesía en los más humildes objetos. También es un excelente retratista en la  técnica al pastel como Quentin de la Tour (1704-1788).

Chardin. La bendición de la comida, 1740.