La Sacristía Nueva de la iglesia de San Lorenzo de Florencia es una de las obras más significativas del Cinquecento. Pese a su nombre se trata de  un mausoleo de la familia Medicis. El papa León X se lo encargó a Miguel Ángel en 1519. El papa era miembro de esta familia y pretendía honrar la memoria de la  misma en un momento en que su destino era incierto. Miguel Ángel, ligado sentimentalmente también a esta dinastía, desplegó sus dotes como arquitecto y como escultor y lo pudo hacer también como pintor puesto que en su proyecto inicial estaba encargarse de los frescos que lo decoraran. La obra de haberse realizado al cien por cien hubiera sido uno de los conjuntos más armoniosos e integrales del Renacimiento, pero el proyecto no llegó a consumarse por entero. El resultado final en 1534, después de distintas interrupciones, fue el espacio (la sacristía con su cúpula) y dos de las tumbas (las de los príncipes más recientemente fallecidos).

El edificio.

Miguel Ángel concibió la estancia inspirándose en la Sacristía Vieja de Filippo Brunelleschi en la misma iglesia de San Lorenzo, construida un siglo antes, aunque con algunas innovaciones que anuncian el manierismo y el barroco.

La Sacristía Vieja (1419-28) fue el primer edificio de planta central construido en el Renacimiento. Un círculo inscrito en un cuadrado, coronado por una cúpula gallonada sobre pechinas.

Brunelleschi. Sacristía Vieja de San Lorenzo.

El recinto, de Miguel Ángel sigue el modelo establecido por el arquitecto del quattrocento de planta cuadrada cubierta con cúpula hemisférica,  sin embargo:

  • Añade un espacio intermedio debajo de la cúpula artesonada que confiere a la sala un aspecto mucho más dinámico e inquietante, debido en parte a su mayor altura.

Sacristía Nueva de San Lorenzo, Florencia. Sección, planta e interior.

  • En cuanto a la decoración repitió el uso de distintos materiales contrastados por el color gris azulado de las estructuras  y el paramento blanco.  Brunellechi concibió volúmenes geométricos puros como elementos ornamentales, aunque años después fueron ornamentados por relieves de Donatello, de los que el arquitecto no quedó muy satisfecho. Miguel Ángel apostó por un  juego escenográfico/arquitectónico de nichos y pilastras duplicados que recargan innecesariamente el espacio.

El proyecto del mausoleo y la decoración escultórica. 

Hoy en día tenemos una idea muy fragmentaria y vaga del ornamento escultórico y pictórico de la Sacristía Nueva.

En el proyecto inicial  se sabe que Miguel Ángel barajó la posibilidad de erigir un monumento sepulcral en el centro de la capilla como el inacabado mausoleo de Julio II. Finalmente optó por una serie de tumbas adosadas a los muros laterales. Las figuras sedentes de los duques enfrentadas dirigirían su mirada hacia la pared de la entrada, donde se ubicarían el doble sepulcro, que no llegó a realizarse, de los Medicis más importantes de la dinastía, los Hermanos Lorenzo el Magnífico y Giuliano, antepasados de los que aparecen en las tumbas conservadas. Hoy en ese lugar encontramos tres esculturas: la inconclusa Virgen de los Medicis de Miguel Ángel; y flanqueándola a San Cosme y San Damián, los patrones de los Medicis, obras de dos discípulos del anterior.

Se sabe además que el plan escultórico incluía otras cuatro figuras dedicadas a divinidades fluviales, así como la colocación de estatuas alegóricas (de la tierra y el cielo) en los tabernáculos, junto a las figuras de los duques. Las pinturas murales proyectadas (entre otras, una representación de la resurrección de Cristo de la que quedan restos de dibujo en el ábside) tampoco se llevaron a cabo. Con todas las ornamentaciones previstas, la Sacristía Nueva hubiera simbolizado el paso a la eternidad de toda vida terrenal.

Las tumbas. Las esculturas.

En los dos grupos funerarios que se conservan, el de Giuliano (1479-1516), duque de Nemurs, y el de Lorenzo II  (1492-1519), duque de Urbino, hijo y nieto de Lorenzo el Magnífico, se resume la esencia de la obra de  Miguel Ángel y de la escultura del Renacimiento. Al mismo tiempo, también se contraoponen dos actitudes ante la vida.

  • Las dos figuras de los Medicis aparecen idealizadas. Ni sus cuerpos ni sus rostros son los de los fallecidos, sino prototipos anatómicos perfectos del hombre del clasicismo. si bien  se aprecian algunas torsiones (el brazo y la mano sobre la pierna de Lorenzo) y exageraciones musculares que anuncian el manierismo.

Lorenzo, el pensador, y las alegorías de la Aurora y el Crepúsculo.

Giuliano y las alegorías del Día y la Noche.

  • Ambos personajes aparecen sedentes y serenos, inmortalizando un tipo ya creado en el Quattrocento, que pretende captar la belleza espiritual.  Miguel Ángel trata de captar dos temperamentos distintos. Giuliano, con el torso erguido y con todos los rasgos de un hombre orgulloso que se muestra seguro de sí mismo, encarna el ideal de la vida activa, el espíritu de Júpiter. Lorenzo, representado en actitud intensa de reflexión (de hecho se le conoce como "el Pensador"), aparece ensimismado y encarna el ideal de la vida contemplativa, el espíritu de Saturno.

Giuliano y Lorenzo.

  • Entroncan además con la antigüedad clásica porque están ataviados como generales romanos con coraza.

Las figuras a los pies de los Medicis que aparecen recostadas sobre las urnas funerarias simbolizan momentos del día: La Aurora, representada como una mujer bellas desperezándose; El Día es un joven lleno de vigor y de abultadísismos músculos; el viejo con carnes flácidas es el símbolo decadente de La Tarde; y, finalmente, otra mujer representa La Noche, figura pletórica de fuerzas que anuncia nuevas auroras.

Alegoría de  la Noche. Como diría Miguel Ángel en uno de sus poemas: "No me despiertes, por favor, habla quedo".

Algunas de estas figuras quedaron sin acabar, pero palpita la emoción del artista bajo el mármol. Este detalle,  junto las forzadas posturas que distorsionan sus cuerpos  y la inestabilidad resbaladiza de su disposición, se alejan de los ideales renacentistas y serán referencias a imitar por los escultores manieristas.

Alegoría del Día. Figura inacabada.