Miguel Ángel Buonarrotti (Caprese, cerca de Sansepolcro, 1475 - Roma, 1564) es uno de los artistas más geniales de todos los tiempos. No vamos a descubrir nada nuevo sobre este artista tan influyente sobre las generaciones posteriores y sobre el que hay infinidad de monografías, por lo que me conformo con ofreceros algunos datos que me parecen relevantes para entender, en este caso, su obra pictórica y, en concreto, los frescos que cubren la bóveda de la Capilla Sixtina.

Datos biográficos a tener en cuenta en relación con su obra pictórica.

  • El joven Miguel Ángel se formó  en la pintura en el taller de Doménico Ghirlandaio en la ciudad de Florencia entre 1488 y 1490.  Con este pintor aprendió la técnica del fresco y demostró un don sobresaliente para el dibujo. En 1490 el propio maestro le recomendó  para que aprendiera el oficio de escultor con Bertoldo di Giovanni, que tenía taller  en el mismo Palacio Medici. Tal decisión reorientará su carrera hacia la escultura y le pondrá bajo el mecenazgo de la principal familia florentina hasta 1492.
  • Aunque desde entonces su actividad principal fue la escultura, están constatados algunos bocetos y obras inacabadas en los años siguientes. La primera obra pictórica importante que puede atribuírsele con seguridad es La sagrada Familia o Tondo Doni, que se fecha entre 1503-06. En este extraño grupo Miguel Ángel abordó problemas que luego veremos desarrollados en los frescos de la Capilla Sixtina: la conciliación del mundo clásico y la religión cristiana; la plasticidad y el volumen corporal de sus figuras; el desnudo; el movimiento; el uso de colores brillantes; y la composición.

Miguel Ángel Buonarroti. La sagrada Familia o Tondo Doni, 1503-06.

  • En 1508 inicia los trabajos de la bóveda de la Capilla Sixtina,  que finaliza en 1512. No insisto en este tema puesto que lo voy a desarrollar en el grueso de este artículo.
  • En 1534 regresó a este mismo lugar para pintar la pared del altar con el Juicio Final que le llevó hasta 1541.

  • Después de estos dos gigantescos  frescos, cualquier obra posterior queda empequeñecida y parece menor. Es el caso de los dos frescos que realiza para la capilla Paulina del Vaticano (1542-50) narrando La conversión de San Pablo y El martirio de San Pedro.

---

EL TECHO DE LA CAPILLA SIXINA. 1508-1512.

En mayo de 1508 Michelangelo Buonarrotti aceptó de mala gana el encargo que le hizo el papa Julio II para que decorara la bóveda de la Capilla Sixtina. Se le acababa de hurtar por intrigas políticas el  proyecto escultórico del mausoleo del Papa, del que llevaba ya varias piezas trabajadas, y no tenía ninguna gana de cambiar de proyecto y menos por uno pictórico. Al artista tampoco le gustaba el tema que le propuso Julio II, representar a los doce apóstoles. Tras un mal comienzo, decide licenciar a los ayudantes que le rodean, hace borrar lo que ya estaba pintado, y rebosante de inspiración se encierra a solas con su obra para realizar sin apenas descanso una obra que asombra por el ingenio que derrocha al representar cerca de 350 figuras sobre nada menos que 500 metros cuadrados de superficie (13,75 x 39 metros).

A continuación tienes una  presentación para ver al detalle todo el conjunto. Te recomiendo que la veas a pantalla completa y que no te pierdas ni una sola diapositiva porque hay una sorpresa. Como colofón de la presentación podrás ver cómo se produjo la restauración de esta obra entre 1980 y 1994.

Las escenas centrales del Génesis.

Miguel Ángel desarrolló un nuevo programa iconográfico cuyo tema central fue el libro del Génesis, desde la creación a la caída del hombre en el pecado. El Dios que creó el mundo y todas sus criaturas, pero que también castigó a la humanidad por su pecado a sufrir con el trabajo y el dolor.

Hay nueve escenas centrales: cuatro en rectángulos de gran formato y cinco en pequeño. Los grandes narran cronológicamente: La separación de la luz y las tinieblas, La creación de Adán, El pecado original y la expulsión del jardín del Edén y El diluvio universal. En los cinco rectángulos más pequeños aparecen: La creación de los astros, La separación de tierras y aguas, La creación de Eva, El sacrificio de Noé y La embriaguez de Noé. Algunas de estas escenas no habían sido pintadas en el renacimiento por ser difíciles de llevar a materialización plástica.

La escena más famosa es la de La creación de Adán. Dios Padre, llevado por un grupo de ángeles y arropando con su brazo izquierdo a la preconcebida Eva, da vida con un ligero toque de su dedo índice a Adán, el primer hombre. La figura de Dios Padre es atlética y enérgica, está en plena tensión y su cabello y su capa es movida por el viento. Adán es un bello kuros que empieza a despertar. Su cuerpo refleja los ideales clásicos. El acercamiento de sus dedos sobre un fondo neutro produce un efecto de alta intensidad muy notable, que se ha convertido en el detalle más señalado del tema.

Profetas, Sibilas e ignudi.

Las lunetas triangulares situadas a ambos lados de estas escenas contienen imágenes de los Profetas y las Sibilas, sentados sobre tronos de piedra en las más forzadas posiciones. Su actividad es frenética: consultan libros o pergaminos o bien redactan sus visiones.

Por orden de arriba a abajo. El profeta Ezequiel (boca abajo). La creación de Eva. Le rodean cuatro ignudi. La sibila de Cumas.

Los profetas asisten a este gran escenario porque anuncian en sus libros del Antiguo Testamento la llegada del Mesías, mientras que las Sibilas prefiguran el mundo pagano, el tiempo histórico en el que la venida se hace historia real.

Figuras secundarias enmarcan o acompañan a estos anunciadores, son los ignudi y los putti. Los ignudi son  jóvenes desnudos que se disponen por parejas y portan paños, escudos de bronce o guirnaldas de hojas de encinas y bellotas (el símbolo de la familia Della Rovere, de la que procedía el papa Julio II). Sus posturas forzadas sirven a Miguel Ángel para demostrar su virtuosismo en la representación del desnudo. Los putti son pequeños cupidos que juguetean tras los serios gigantes entronizados.

Pechinas y lunetos.

Las cuatro pechinas de los rincones de la bóveda también están decoradas con historias del Antiguo Testamento en gran formato, en concreto del libro de Esther. En ellas se representan la lucha entre David y Goliath, la escena entre Judith y Holofernes, Las serpientes de bronce y El castigo de Amán. Es un formato especialmente complicado, pero que no es obstáculo para Miguel Ángel.

Miguel Ángel. Las serpientes de bronce. Pechinas de la bóveda de la Capilla Sixtina. Los escorzos, retorcimientos y el expresionismo de los personajes preludian el Juicio Final. En la esquina inferior se ha dejado un pequeño rectángulo como testigo de la suciedad que tenía el conjunto antes de la restauración acometida.

Los lunetos son más simples y representan a supuestos ancestros bíblicos de Cristo.

---

CARACTERÍSTICAS PICTÓRICAS DEL CONJUNTO.

  • 1. La inspiración monumental debe buscarse en los grandes maestros del pasado: en  la Capilla Scrovegni de Giotto o  en la Capilla Brancacci de Masaccio, donde estos artistas ya ensayaron grandes conjuntos narrativos, aunque éstos fueron sobre el muro y con temas distintos. La misma capilla ya era un conjunto pictórico desarrollado en vertical donde desde su erección ya habían pintado sobre sus paredes pintores del Quattrocento como Botticelli, Perugino o Ghirlandaio. El mismo techo a repintar por Miguel Ángel estaba cubierto con un cielo azul intenso plagado de estrellas.

  • 2. La escenografía pictórica. La superficie física donde tenía que realizar la obra planteaba muchos problemas para su proyecto, puesto que no era un techo simple: se trataba de un espacio central continuo curvo y unos laterales con pechinas y lunetos que se amoldaban a las aperturas de los ventanales o a las esquinas. Descartó, por tanto, la escena única para idear una solución muy imaginativa, que será muy imitada de aquí en adelante por otros pintores. Creó una quadratura o estructura arquitectónica fingida que le permitiera enmarcar los espacios principales del centro y que, a su vez, sirviera de elemento de apoyo para subdividir los espacios curvos triangulares resultantes. Los elementos empleados (arcos fajones, pilastras con esculturas de putti, cornisas en resalte, arquivoltas y medallones) debían crear la ilusión óptica de ser reales para poder encajar en ellos las figuras. Para romper con la monotonía Miguel Ángel creó una división rítmica en la bóveda donde las grandes pinturas horizontales eran flanqueadas por pequeñas escenas rodeadas de ignudi que se sentaban sobre las pilastras fingidas, dando prominencia a cuatro escenas principales. Los otros espacios no presentan especial protagonismo.

En esta imagen vemos como a través de los elementos arquitectónicos se crean los marcos donde encajar escenas y figuras en un formato tan complejo. Tres escenas en el centro entre estructuras simuladas: cuatro arcos fajones y  dos cornisas perpendiculares sobresalientes. Los ignudi enmarcan los rectángulos menores y hacen que resalten la escena central. En los laterales, los triángulos curvos entre y sobre las ventanas se resuelven con pilastras y arquivoltas falsas que sirven para crear dos espacios diferenciados: los de los gigantes anunciadores del Mesías y los que representan a los ancestros de Cristo.

  • 3. Evolución a lo largo de los cuatro años de trabajos. Miguel Ángel irá aprendiendo sobre la marcha y evolucionando en su estilo y forma de trabajar a lo largo de los años. Gracias a la restauración realizada en los años 80 hemos obtenido datos técnicos, así como el tiempo empleado en pintarla. No hay que olvidar que era su primera obra al fresco, por lo que las vacilaciones y los errores se manifiestan sobre todo en las primeras obras. Comenzó por la escena de El diluvio universal, que le llevó 39 días, y terminó con la de La Separación de la luz y las tinieblas que le llevó solo 4 días de trabajo. Cuanto más nos acercamos al altar, se aprecia una mayor seguridad y fluidez en las pinceladas y podemos observar cómo las figuras ganan tamaño y dinamismo.

El Diluvio Universal, uno de las primeras escenas y La creación de los astros, una de las últimas.

  • 3. La concepción escultórica guió los diseños particulares de sus figuras. Con dibujo firme supo incorporar el espíritu de la escultura helenística de La muerte de Laoconte y de sus hijos de cuerpos rotundos y contorsionados.  La ausencia de preocupaciones pictóricas como el paisaje y la importancia que le da a los volúmenes y a los escorzos nos muestra esta inspiración de su obra en el bulto redondo dinámico. Para conseguir que cada personaje tuviera una postura creíble y diferente a las demás, el artista realizó innumerables estudios y esbozos previos, donde sometía a la figura a distintos puntos de vista, trabajando especialmente en la captación de la sensación volumétrica, como podemos ver en el dibujo de debajo. Su propio aprendizaje  durante estos años en trazar formas colosales cargadas de terribilitá le llevará a realizar el  Moisés de San Pietro in Vincoli, como continuación en mármol de unos más de sus profetas y sibilas.

Miguel Ángel. Dibujo preparatorio de la Sibila Líbica.

  • 4. Las referencias escultóricas al mundo clásico son muchas, pero también a los artistas más cercanos.
  1. - los putti aparecían en los sarcófagos romanos;
  2. - los ignudi son variaciones de los hijos del Laoconte y del Torso de Belvedere, ambas obras en la colección vaticana;

Torso de Belvedere. Siglo II a. C. Museo Vaticano. Esta obra junto a la del Laoconte fueron descubiertas en Roma durante el papado de Julio II y no pudieron ser más determinantes para la obra de Miguel Ángel, como para otros artistas de la época.

  1. - la representación de Dios Padre recuerda las de un Júpiter Todopoderoso;
  2. - la belleza y postura de Adán parecen sacadas del frontón de un templo griego, pero también de la tercera puerta del baptisterio de la catedral de Florencia de Ghiberti, al que tanto admiraba.
  3. - la rotundidad de sus modelos y la simplicidad en trasmitir el mensaje pudo admirarlo en la puerta de la iglesia de San Petronio de Bolonia de Jacopo della Quercia.

La escena de La expulsión de Adán y Eva del Paraíso vista por Della Quercia y por Miguel Ángel.

  • 5. Otros recursos pictóricos.
  1. Miguel Ángel admiraba a Masaccio especialmente por su estilo puro y sin adornos y ese rasgo se resalta al comprobar que no le interesa la ambientación paisajística de sus escenas ni los elementos anecdóticos. En las escenas de la Creación es donde se manifiesta con más claridad.
  2. Modelo humano robusto de sus personajes. Miguel Ángel buscó  representar el cuerpo humano desnudo con una técnica muy perfeccionada basado en el estudio meticuloso de la anatomía. Aún así sus figuras resultan de un tamaño monumental y de un canon que sobrepasa el ideal clásico. Su gusto por el desnudo nos permite recrearnos en formas humanas excesivas que tienden a exagerar la musculatura y a alargarse, lo que ya anticipa los modelos manieristas.

El profeta Jonás. Uno de los mayores gigantes de Miguel Ángel.

  1. El movimiento es otro elemento que acompaña toda su obra, sobre todo los frescos realizados a partir de 1511. En sus cuerpos observamos retorcimientos que conocemos como línea serpentinata: una parte del cuerpo se dirige en una dirección, mientras  que otra lo hace hacia otra creando una torsión o contraposto que puede ser muy extrema. Los ignudi son los mejores ejemplos de estas formas inestables. Otro recurso para conseguir sensación dinámica es a través de escorzos muy  violentos, por los que las figuras parecen  avanzar en nuestra dirección. En La Separación de las tierras y las aguas, Miguel Ángel muestra el cuerpo del Creador encogido por la perspectiva con los brazos extendidos como si viniera desde el cielo directamente a abordar al espectador.

Los ignudi se agitan en enrevesadas posturas mientras que el Creador vuela y se precipita sobre la tierra.

  • El color es otro de los elementos de los que se sirvió Miguel Ángel. Utilizó colores complementarios y brillantes que resaltaran las figuras. Consiguió una enorme riqueza cromática. Llama la atención sus telas con tonos verdes, naranjas, rosas y violetas. La pátina de humo que recubría la pintura había hecho pensar a los historiadores del arte que el color no era importante para él, pero después de la restauración y limpieza entre los años 1980 a 1994 se ha recobrado la luminosidad y colorido de la obra.

----------

Para ver más.

Página de los Museos Vaticanos que permite ver la Capilla Sixtina con todo detalle ¡y sin gente!