El Capitolio es la más pequeña de las colinas que formaron Roma y, sin embargo, desde el principio fue el lugar más importante de la ciudad y, tal vez el más antiguo en ser habitado (en disputa con la colina del Palatino de la que ya hemos hablado en otro artículo), ya que se ha constatado la existencia de un asentamiento desde la Edad del Bronce (siglos XIV-XIII a. C.).

La razón de esta prevalencia es que, sin duda, era la colina que mejor ubicación topográfica y estratégica tenía entre las siete que conformaron Roma y la que podía cumplir a la perfección las funciones de ciudadela defensiva y de santuario:

  • - Estaba limitada por todas partes, con excepción del lado que da al Quirinal, por escarpes inaccesibles lo que la convertía en un excelente puesto defensivo y también la salvaba de las frecuentes inundaciones del río Tíber y de los torrentes que confluían en la zona.
  • - Desde su altura se dominaba el estratégico vado de la isla Tiberina que conectaba Etruria con el Lacio y también la llanura aluvial, conocida como Campo de Marte, muy rica para la agricultura.

La cima del Capitolio a finales del II milenio antes de Cristo. Debajo las zonas pantonosas del Velabro y del que sería Campo de Marte.

- Su elevación abrupta y bien visible desde el foro o desde el río permitía crear un escenario arquitectónico espectacular, por lo que se convirtió en el sitio idóneo para instalar los edificios más representativos de la ciudad.

El Capitolio a comienzos del siglo I a. C. Como se observa en la imagen en el Asylum no existía todavía el Tabularium que uniría como un pasillo ambas cimas del monte. Abajo se puede ver el foro republicano con algunos de los templos y basílicas construidas antes de la fecha mencionada.

La colina poseía realmente dos cimas amesetadas, el Capitolium propiamente dicho y el Arx (actualmente el Palazzo dei Consevatori y la iglesia de Santa María Ara Coeli, respectivamente), unidas por una depresión, el Asylum (correspondiente a la actual Piazza del Campidoglio), cuyo nivel era 8 metros más bajo del actual. Por no hacer excesiva esta entrada la he dividido, de manera que podamos ver con detalle y extensión en este artículo la cima principal del santuario (Área Capitolina) y en otro artículo trataré sobre los otros dos conjuntos.

Plano del Capitolio donde se superponen en amarillo y en líneas negras los edificios arqueológicos de los  que se conservan ruinas. En azul se solapan los edificios y calles actuales. Debajo una foto de Google Maps que nos muestra el estado actual de la colina.

Los edificios principales que se levantarán sobre el Monte se orientarán hacia el Foro Romano, desde donde subía el único camino apto para los carros, el Clivus Capitolinus, que como una continuación de la Vía Sacra venía ser el tramo final del recorrido que cumplían los cortejos triunfales de los generales victoriosos. Esta calle, hoy en día derrumbada, partía desde el arco de Septimio Severo y ascendía 150 metros en línea recta entre la fachada del templo de Saturno y la colina, para girar después bruscamente hacia el norte y desembocar en el Área Capitolina o plaza previa al templo de Júpiter Optimus Maximus. Otros caminos y escalinatas llevaban hasta arriba desde los distintos puntos de la ciudad.

El templo de Júpiter Optimus Maximus y el área Capitolina.

La zona más importante de la colina era, naturalmente, la cima meridional o Capitolium propiamente dicho, donde desde el siglo VI a. C se alzaba el más importante de los templos del culto del Estado romano, el de la tríada capitolina (Júpiter, Minerva y Juno), también conocido como templo de Júpiter Optimus Maximus o Júpiter Capitolino.

Reconstrucción del templo de Júpiter Capitolino.

El templo lo mandó construir el primer rey etrusco, Tarquinio Prisco, y tal vez fue terminado al llegar la República el año 509 a. C.. Su estilo es de tipología toscana o etrusca, es decir, con un podium de piedra en opus quadratum que le hacía accesible sólo por una escalinata frontal. El material con el que fue construido fueron sillares de cappellaccio, la toba local.  Restos de este basamento se conservan dentro del Museo dei Conservatori. Desde el punto de vista técnico se definiría por su aspecto exterior como un templo de orden toscano, hexástilo y períptero sine postico, es decir con pórticos de columnas en tres de sus lados y la parte trasera sin él. Poseía además un profundo pronaos de hasta tres columnas de fondo antes de llegar a las tres cellae dedicadas a los tres dioses. Los espacios intercolumnios también eran superiores a los de los cánones griegos.

Templo de Júpiter Optimus Maximus. Planta y restos conservados del basamento.Sus dimensiones, 53 x 63 metros, eran excepcionales para la época, de hecho es el mayor de los templos toscanos conocidos. Tal tamaño nos indica la intención política que tuvieron los reyes etruscos de hacer de  Roma el centro indiscutido de la liga federal latina, para lo cual necesitaban dotar a la ciudad del templo más espectacular y lujoso. De crear el santuario de referencia del Lacio que sustituyera en preeminencia al del monte Albano. El templo fue destruido en numerosas ocasiones por incendios y reconstruido con mármol en los años 83 a. C., 69 d. C. y 80 d. C. Se dice que para la primera reconstrucción se empleó las columnas del templo ateniense de Zeus Olímpico.

El primitivo templo estaba decorado con las medios más lujosos de que se le podía dotar en el siglo VI a. C. a un edificio en el centro de la península. Según Plinio el Viejo, el rey Tarquinio el Soberbio encargó la decoración escultórica al etrusco Vulca de la ciudad de Veyes. Nos podemos hacer cierta idea del estilo de la obra porque conservamos gran parte de la obra que también realizó el mismo escultor para el templo de Apolo en Portonaccio (Veyes).

Apolo de Portonaccio, obra del escultor etrusco Vulca hacia el 510 a. C. Se conserva en el Museo etrusco de Villa Giulia de Roma.

  • Como remate espectacular del frontón se colocó una cuádriga de terracota a modo de acrótera. La antigua escultura fue sustituida el año 296 a. C.  por una cuádriga de bronce.
  • De las imágenes de culto etruscas no tenemos referencias arqueológicas directas, aunque su sustitución debió tener lugar hacia el siglo I a. C. por imágenes sedentes a lo griego. La de Júpiter, parece ser que fue hecha por Apolonio, el griego que también hizo la estatua conocida como Torso de Belvedere. Para realizarla se inspiró en la crisoelefantina que Fidias hizo de Zeus en Olimpia. No nos han llegado restos pero sí copias en distinto tamaño y material que se hicieron para colocarlas en los Capitolia de los municipios y de las colonias romanas que levantaron este tipo de templo de triada en sus foros principales. Incluso poseemos el grupo escultórico de la villa Guidonia que reproduce a los tres dioses tal y como deberían ser representados en los templos pero unidos en un banco corrido.

La triada de  villa Guidonia o dell´Inviolata. Copia del grupo hacia el 160-180 d. C.

El Área Capitolina.

Frente al templo o en sus inmediaciones se realizaban los ritos más importantes y sagrados del culto oficial como la lectura de los libros sibilinos o los sacrificios en las toma de posesión de los cónsules y de los pretores que marchaban hacia las provincias. Allí culminaban los Triunfos y se celebraban extraordinariamente las reuniones del Senado… Por eso, no era extraño que la zona estuviera repleta de templetes, estatuas, altares, pórticos y monumentos conmemorativos de todas las épocas de los que muchos tenían que ser derribados o desplazados a otros lugares de Roma periódicamente para dar cabida a otros nuevos.

El Área Capitolina con la identificación de los principales edificios de los que nos quedan restos. La foto es de la maqueta del Museo della Civiltá Romana.

Las excavaciones arqueológicas han encontrado los restos de una altar, quizá el Ara Pietatis o Altar de la Gens Julia, construido por el Senado en el 22 d. C durante la enfermedad de Livia, la esposa de Augusto. De él sólo queda un núcleo cuadrado de opus cementicium y posiblemente algunos relieves insertos en la fachada de la Villa Medici. Es posible que fuera similar al Ara Pacis, tanto en tamaño como en estilo. En la parte meridional de esta zona había un templo de Ops y un templo de Fides, la deidad que se encargaba de vigilar las negociaciones y las relaciones diplomáticas.

Entre las estatuas, victorias y trofeos que se sabe existían en el Área Capitolina se han encontrado vestigios del posible pedestal del grupo de bronce que representaba la entrega de Yugurta, donado a Sila por Boco, rey de Mauritania; este monumento fue uno de los motivos que enemistaron a Mario y a Sila, ya que quitaba al primero una parte de la gloria conquistada con la guerra contra Yugurta el Numidio. También se descubrió una estatua de Aristogitón, uno de los tiranicidas, copia del grupo que fue obra de Critios y Nesíotes y que se erigió en el ágora ateniense en el 476 a. C. La presencia de esta estatua en el Capitolio no es casual, pues seguramente venía a simbolizar también, salvando las distancias, la expulsión de los reyes de Roma el año 509 a. C.

Sobre la ladera capitolina, tal vez a la entrada del área, se alzaba uno de los más antiguos arcos de triunfo, construido por Escipión Africano en el 190 a. C., y ornamentado con siete estatuas y dos retratos ecuestres, en las que se representaba a los miembros más importantes de la familia. Delante del arco hubo dos fuentes de mármol.