Durante el Neolítico final y el Calcolítico (IV y III milenio) se generalizan a lo largo de la Península ibérica, pero especialmente en su mitad meridional, unas pequeñas figuras sobre materiales diversos que sugieren representaciones humanas a las que se han denominado genéricamente como ídolos, aunque posiblemente no todos lo fueran. Artísticamente hablando hay que relacionarlas con la figuración mobiliar aparecida desde el paleolítico. El esquematismo con el que están concebidas aporta una contemporaneidad a su diseño, que les hace comparable a la obra de artistas del siglo XX como Brancusi.

Distintos tipos de "ídolos" encontrados en la península ibérica entre el IV y III milenio.

En la foto superior podemos observar algunos de los tipos más usuales encontrados a lo largo de nuestra geografía durante este periodo. Hay varias hipótesis a cerca de qué función tenían, pero ninguna de ellas concluyente. Lo que sí se puede asegurar es que no eran simples objetos de uso común sino que constituían un modo de expresión cuyo simbolismo estaba relacionado con la esfera ideológico-religiosa. Al haberse encontrado la mayoría de estas piezas fuera de un contexto arqueológico su datación además no puede ser muy precisa.

Existen diferentes tipos estilísticos que vamos a analizar en este artículo

Los "ídolos placa".

Son los más numerosos y antiguos  porque se datan en un ancho espacio temporal que abarcaría desde el IV al II milenio a.C. Los materiales habituales en que se realizaron fueron la pizarra, el esquisto y la cuarcita, rocas que permiten obtener láminas muy finas (placas) y trabajarlas para obtener una forma trapezoidal. La pieza resultante puede mantener rasgos antropomorfos esquemáticos como los ojos, los hombros o la cabeza, aunque los hay puramente geométricos. El resto del "cuerpo" estaría grabado con  bandas lisas, reticuladas y en zig-zag. Suelen tener una o dos perforaciones en el extremo superior que podrían servir para llevar la pieza colgada del cuello por medio de una cuerda.

Se han encontrado fundamentalmente en un contexto funerario (dólmenes y tholoi) en yacimientos del Suroeste peninsular, desde el Alentejo portugués y el Algarve hasta las provincias españolas de Cáceres, Badajoz, Huelva y Sevilla, donde el número de placas es más reducido.

Si bien se ha considerado hasta hace décadas que podrían ser representaciones de la Diosa madre que se venía adorando desde el Paleolítico (unas "venus"), recientes estudios interpretan que serían indicadores de grupos familiares o del linaje de los individuos allí enterrados. Tendrían, por tanto, una función heráldica que identificase a una comunidad humana espacio-temporal en el que se incluirían tanto a los vivos como a los muertos. Son notables los encontrados en Granja de Céspedes (Badajoz), hoy pertenecientes al Museo Arqueológico Nacional.

Los ídolos cilíndricos oculados.

Corresponden cronológicamente al III milenio a.C., por tanto, algo más recientes, pero tamibén coincidentes, con los ídolos placas. Se caracterizan por ser piezas cilíndricas sobre piedra o hueso donde la representación antropomórfica se limita a grandes ojos circulares y cejas de trazos curvos sencillos sobre los ojos. Bajo ellos se marcan líneas paralelas curvadas que se interpretan como un tatuaje facial. En la parte superior y trasera poseen líneas en zig-zag a modo de cabello.

Ídolos oculados sobre hueso. El de la izquierda de Ereta del Pedregal (Navarrés, Valencia) y el de la derecha de la Cova de la Pastora (Alcoy, Alicante). Eneolítico: entre 2700 y 2200 años a.C.

La mayoría de estas piezas han sido halladas en poblados en el interior de cabañas, en un contexto, por tanto, bien distinto al de las placas y posiblemente con una función también diferente. Pese a tratarse de representaciones asexuadas, se han relacionado con divinidades femeninas al encontrarse en un ámbito habitacional y se han relacionado con creencias centradas en el culto a la fertilidad y vinculadas a sociedades agrarias.

Ídolo oculado (llamado "de Extremadura"). Alabastro, altura de 19 cm y diámetro máximo de 7 cm. Posiblemente procede del valle del Guadalquivir, hoy en el Museo Arqueológico Nacional de España, en Madrid.. Calcolítico (tercer milenio a.C.).

Los ídolos cilindro están documentados fundamentalmente en Extremadura, en el Valle del Guadalquivir y en la Comunidad Valenciana, donde constituyen uno de los elementos característicos del Calcolítico local.

Los ídolos antropomorfos.

Serían la última manifestación de este proceso de representación simbólica y se relaciona con la aparición de las élites y los primeros indicios claros de jerarquización. Es la manifestación simbólica menos numerosa y la que requiere una mayor dedicación en tiempo y habilidad para su elaboración de todas las conocidas entre los milenios IV y III a.C. Podrían tratarse de representaciones masculinas con la función de identificar la posición preeminente de ciertos individuos en su grupo social y ante otros grupos paralelos de poder. Sería la forma de legitimar y sacralizar su estatus elevándolos a la categoría religiosa, como intermediarios entre la sociedad y las creencias míticas.

Izquierda. Ídolo antropomorfo de Valencina, Sevilla. Hueso. Altura, 15,3 cm. Derecha (falta la parte superior), ídolo de Cúllar, Granada. Calcolítico, 3000-2100 a.C.

Entre otros ejemplares conocidos en el sur de la Península Ibérica pueden citarse el de Valencina en Sevilla, el del Museo de Jaén, procedente del asentamiento de la Edad del Cobre de "Marroquíes Altos", en la capital jiennense, y el del Museo Arqueológico de Granada, hallado en el poblado fortificado de "El Malagón" (Cúllar, Granada).