Rene Magritte (nacido en 1898 en Lessines y muerto en Bruselas en 1967) fue uno de los principales pintores del surrealismo. Podéis ver un resumen "poético" bastante completo de su obra en la siguiente presentación y un estudio de la misma en el artículo que intenta explicar una obra que como seguramente diría el propio pintor no se puede explicar.

René Magritte. El enigma de lo cotidiano.

Como tantos otros pintores de comienzos de siglo XX, se formó tradicionalmente, en la Academia de Bellas Artes de Bruselas, donde aprendió los rudimentos de la pintura  en un estilo realista mezclado con las novedades introducidos por los  impresionistas. Al terminar sus estudios, a comienzos de los años 20, comprobó que lo que había aprendido en la Institución estaba superado por nuevas ideas aportadas por las corrientes artísticas conocidas como vanguardias. Durante unos pocos años se dejó seducir por el cubismo y el futurismo, sin abandonar su trabajo como diseñador de papel de empapelar para la casa Peeters-Lacroix y como dibujante de carteles y anuncios publicitarios.

René Magritte.  Georgette al piano. 1923. Georgette será su musa y su mujer desde 1922 y por toda su vida.

Cuando en 1925 conoció la obra de Giorgio De Chirico su estilo empezó a ser más personal y fue evolucionando hacia una pintura cercana al surrealismo, que era la corriente literaria y pictórica de moda en el París de esos años y que también tenía sus seguidores en Bélgica. Este movimiento pretendía sacar a la luz la realidad oculta, inconsciente, del ser humano, lo que en cierta manera encajaba con las ideas filosóficas de Magritte. En 1927, decidido a vivir de la pintura, se trasladó a esa ciudad y se integró en el grupo liderado por André Breton y al que pertenecían también artistas y poetas como Jean Arp, Salvador Dalí, Paul Eluard y Joan Miró. La relación con el grupo durará hasta 1930, aunque no estuvo exenta de tensiones y distanciamientos, porque Magritte quiso mantener siempre su independencia.

Las cómplices del mago.1926.

En 1928 realizó su primera exposición como pintor surrealista y en 1929 colaboró en la revista del grupo aportando su experiencia como publicista y redactando algún artículo sobre sus teorías artísticas, que explicaremos más adelante. La obra propiamente pictórica de estos años en París es muy interesante y ya se advierte en ella gran parte de los iconos que desarrollará años después. Distinguimos dos tipos de cuadros: los inquietantes donde se esconden traumas infantiles y recuerdos que le atormenta y los que realiza para apoyar su investigación sobre el problema de la representación de las imágenes, la realidad y las palabras que las describen.

Je ne vois pas la [femme] cachée dans la forêt, en La Révolution surréaliste, Paris, no.12, 15 de Diciembre de 1929. El grupo surrealista retratado con los ojos cerrados ante un desnudo femenino de Magritte.

El trauma infantil se advierte en cuadros de factura realista, donde las figuras humanas, preferentemente las cabezas femeninas, aparecen cubiertas por una tela, como La invención de la vida de 1927, La Historia Central de 1928 o las dos versiones de Los amantes de 1928. No hay tras ellos, como se ha querido explicar a veces, un intento de crear personajes anónimos, sino ecos del suicidio de su madre. En 1912 su madre se suicidó arrojándose al río Sambre en Chatelet. Cuando se rescató su cadáver se le cubrió el rostro con la camisa que llevaba, esa imagen dejó hondamente impresionado a su hijo.

René Magritte. Los Amantes II. 1928.

En 1930 decidió volver a Bruselas por razón de la crisis económica y  de su ruptura con Breton. Allí prácticamente desarrollará el resto de su carrera pictórica salvo unos años de la Segunda Guerra Mundial que los pasará en el sur de Francia.

Su estilo a partir de entonces se sigue desarrollando dentro del surrealismo, pero a su manera. No recurre, como hicieron otros pintores del movimiento, a expresarse a través del lenguaje de los sueños o del automatismo, sino que prefiere representar imágenes del mundo cotidiano, pero dotándolas de un enigma y de un contexto nuevo que cambia esa realidad: "El Arte evoca el misterio, sin el cual el mundo no existiría". En este sentido su obra se muestra heredera del realismo mágico de un compatriota como El Bosco. Pero tiene también mucho de la actitud provocadora y de la necesidad de sorprender al espectador del dadaísmo: "La única razón válida de la existencia del hombre es cuestionar, producir efectos subversivos, despertar la conciencia...".

René Magritte. Objetos familiares, 1927-28.

La Segunda Guerra Mundial y la inmediata posguerra le afectaron notablemente. Se sabe que al acabar la Guerra se dedicó a falsificar cuadros con el estilo de otros artistas (Picasso, Braque o De Chirico) para venderlos y poder sobrevivir. De hecho entre 1943 y 1948 se registran las únicas rupturas en su estilo y donde podemos encontrarnos cualquier cosa, que en nada se parece a todo lo anterior o posterior. Son los años en los que podemos ver cuadros que nos recuerdan al estilo de Renoir de su última etapa, desnudos femeninos académicos o incluso cuadros de un estilo cercano a un crudo e infantil  fauvismo ("periodo Vaché o grosero").

René Magritte. Lola de Valence, 1948.

Aunque ya expusiera en Nueva York y Londres en los años 30, es a partir de los 50 cuando su obra se revalorizó y se hizo familiar por su uso en publicidad y en el diseño gráfico, desde entonces se convirtió en uno de los pintores más populares del siglo XX. Sus imágenes, siempre misteriosas, adornan discos, portadas de libros, folletos, calendarios y carteles y se utilizan de forma directa o inspirándose en él en todo tipo de campañas publicitarias. Su influencia es evidente en corrientes pictóricas como el arte pop, el minimalismo y el arte conceptual.

René Magritte. 1950 Perspectiva Madame Recamier de David. Como los dadaístas, Magritte versiona obras del pasado para encontrar nuevos enfoques del tema, en este caso el retrato de la elegante dama se convierte en su ataúd.

Características de su pintura:

  • 1) Su significado. Pinta los objetos cotidianos de forma que sean inmediatamente reconocibles, pero, al mismo tiempo, algo del cuadro nos llama la atención por lo incoherente o lo imposible. Y es que los elementos reales se encuentran en situaciones absurdas, como si se mezclaran las ideas racionales que el artista poseía en su mente al momento de realizar la obra y otra realidad también posible. La exactitud de los detalles impide atribuir la escena al mundo de los sueños, lo que aumenta su efecto perturbador, creando insolubles adivinanzas visuales que revelan el presente como misterio absoluto. En el fondo sus cuadros son poesías visuales, paradojas de la realidad.

René Magritte. La historia central. 1928.

  • 2) Técnicamente. Utiliza un dibujo muy marcado y unos colores brillantes. Las figuras aparecen pintadas con realismo convincente, con gran detallismo a veces, pero con un estilo plano e inexpresivo.
  • 3) Recursos expresivos. Para conseguir trasmitir sus mensajes juega a menudo con:
  1. - La combinación extraña de objetos cuya yuxtaposición resulta sorprendente y absurda. No busquemos en el título ninguna ayuda para desvelar la relación. ¿Qué significa un vaso de agua sobre un paraguas en un cuadro que se titula Las vacaciones de Hegel? o ¿Qué hace un jinete cabalgando sobre un vehículo titulándose el cuadro La ira de los dioses?

René Magritte. Las vacaciones de Hegel, 1958.

  1. - Distorsiona inesperadamente el tamaño y la escala de los objetos: una simple roca flotante sostiene un diminuto castillo en el cielo de un paisaje de playa en El castillo de los Pirineos; o una gigantesca rosa roja apenas cabe en una habitación en el cuadro La tumba de los luchadores.
  1. - Los espacios y objetos pueden estar quebrados y transformados. Lo que parece el cielo se muta en la silueta de un barco formado de agua en El seductor; o donde debería ir el tronco de un árbol aparece la imagen de una mujer a caballo y viceversa en El cheque en blanco.

René Magritte. El cheque en blanco, 1965.

  1. - En su trabajo como cartelista y publicista aprendió a  concentrarse en mensajes esenciales y directos, lo que aplicó a las composiciones de sus cuadros, que son claras y sencillas. A menudo, el objeto del cuadro es único y  se sitúa centralmente en espacios semivacíos y si son más de uno buscará organizaciones equilibradas. La sensación siempre es de calma absoluta.

René Magritte. El seductor, 1953.

  • 4) Temática. En su mundo absurdo y desconcertante, hay muchas imágenes recurrentes que se han convertido en iconos de su obra: los hombres de rostro anónimo pero señalados como objeto distintivo por un traje oscuro y un bombín; los objetos desproporcionadamente gigantes encajados en pequeñas habitaciones; los paisajes pintados avistados a través de una ventana creando una paradoja visual imposible; los amantes que ocultan su cara bajo una tela; las imágenes paradójicas de reflejos imposibles en un espejo; las pinturas en una misma pintura; las figuras de famosos cuadros convertidas en ataúdes; objetos o diseños que pueden combinarse en sus cuadros: un bosque, un cielo con nubes, la fachada de una casa, papel de filigrana recortado, un torso femenino, un veteado de madera, unos cascabeles, un fuego....

René Magritte. La habitación de escuchar, 1952.

La palabra, la imagen y lo que representa.

La aportación más singular de Magritte se sitúa, a mi juicio, en el ámbito del lenguaje o más bien en la reflexión entre el dibujo y la realidad. El pintor empezó a sentir esta fascinación por la relación entre las cosas y las palabras y las imágenes que las designan, influido por el pensamiento del filósofo Ludwig Wittgenstein. Su cuadro La Traición de las imágenes [Esto no es una pipa] de 1928-1929 es su obra más conocida en donde plantea la paradoja entre la existencia, la imagen y la idea.

René Magritte. La Traición de las imágenes [Esto no es una pipa], 1928-1929.

El cuadro representa sólo la imagen de una gigantesca pipa, debajo de la cual pintó la frase «Ceci n'est pas une pipe» (Esto no es una pipa). Magritte quería sorprender al espectador y que reflexionara sobre lo que quería decir, lo que, por cierto la mayoría no comprendió. El se sinceraba años después: "La famosa pipa. ¡Cómo la gente me reprochó por ello! Y sin embargo, ¿se podría rellenar? No, sólo es una representación, ¿no lo es? ¡Así que si hubiera escrito en el cuadro "Esto es una pipa", habría estado mintiendo!". El filósofo francés Michel Foucault dedicó un ensayo a este mismo cuadro en 1973 para llegar a  la misma conclusión: la débil ilusión que liga a las palabras y a las imágenes con las cosas que pueden representar. Según Foucault, el cuadro pone en duda la realidad en general de las cosas. La representación y lo representado pueden ser dos elementos que hablen de cosas distintas: por un lado, el acto que ocurre en la realidad y, por otro, el que vive en cada uno de nosotros. Para Magritte, la realidad estaba preñada de paradojas y abierta a múltiples interpretaciones.

René Magritte. Las palabras y las imágenes, 1929. Pinchad sobre la imagen para ver el documento completo en gran formato.

En 1929, publicó en la Révolutión Surréaliste su texto Las palabras y las imágenes, auténtico manifiesto del ideario pictórico de Magritte, con una serie de 18 dibujos que explicitaban con los títulos que los acompañaban y comentaban, tales relaciones. Se puede seguir sus teorías en el siguiente artículo del blog "Laberintos vs. Jardines". Con sus ejemplos cuestiona  la seguridad trasmitida por una designación y, por tanto, "¿Cómo aprehender, comprender, ordenar y dominar el mundo si ya no podemos estar seguros de sus nombres?"-pregunta Magritte.

René Magritte. La clave de los sueños, 1927.

El pintor siguió con este tema en una serie de pinturas titulada La llave de los sueños en la que representó objetos inequívocos sobre un lienzo. Debajo de cada imagen pintó una palabra que describía erróneamente el objeto (por ejemplo, la hoja está etiquetada como mesa), excepto la última de las imágenes, bajo la que puede leerse acertadamente "la esponja" y que subraya el papel desempeñado por un nombre a la hora de determinar cómo se entiende la realidad.

René Magritte. Golconda, 1953.

La obra de Magritte es siempre un interrogante, una puesta en duda de las categorías de lo visible, de la representación artística, de los conflictos que pueden crearse en la delgada y frágil frontera entre lenguaje verbal e icónico. No hay respuestas en la pintura de Magritte, se trata únicamente de incómodas afirmaciones visuales que rompen nuestros esquemas lógicos habituales: "Mi pintura consiste en imágenes visibles que no ocultan nada; evocan el misterio (...) El misterio tampoco quiere decir nada, es incognoscible."

René Magritte. En el umbral de la libertad, 1937. Resumen de muchos de los iconos utilizados por Magritte.

Podemos trasladar la misma paradoja a otro tipo de cuadros. La llave del campo, una serie que representa paisajes a través de una ventana, es un buen ejemplo del  cuestionamiento de nuestra percepción de la realidad. A través de una ventana se divisa un paisaje bello, pero  la serenidad de este cuadro se rompe ante nuestros ojos: el cristal de la ventana por la que miramos salta en pedazos y éstos misteriosamente no son transparentes como los que todavía quedan prendidos al marco, sino que permanecen fieles a la imagen delante del cual se encontraban en forma de lámina trasparente. Con ello Magritte nos hace dudar de la identidad del propio cuadro: el paisaje que creemos ver tras la ventana no es más real que el del cristal, es un conjunto de manchas que confundimos con un paisaje. Este cuadro, como otros de Magritte, nos obliga a preguntarnos si lo que vemos en la realidad exterior existe realmente o es sólo una mera ilusión de nuestro mundo interior.

René Magritte. La llave de los campos, 1936.

El conocidísimo El hijo del hombre esconde la misma paradoja. Un hombre anónimo, que podría ser el propio pintor, con un abrigo negro y un bombín se esconde detrás de una gran manzana verde, aunque uno de sus ojos asoma por encima de la fruta. Según palabras del mismo Magritte todo lo que vemos esconde otra cosa, que a su vez queremos descubrir. El mismo título esta vez nos tienta para que pensemos en el mito de la manzana que mordió Adán en el Paraíso, dándole un significado simbólico y contemporáneo.

René Magritte. El hijo del hombre, 1964.

 

Para concocer mejor su obra visita la página del museo Magritte.