En la época barroca una de las finalidades más específicas de las artes figurativas y de la arquitectura fue la de crear ilusión de realidad. Para ello los artistas se valieron de artificios visuales de perspectiva para transformar los espacios arquitectónicos reales o de trampantojos ("trampa al ojo", en francés trompe-l´oeil) para alterar la percepción de la realidad pictórica con tal fidelidad óptica que se crea la ilusión de estar ante objetos verosímiles. Los efectos ilusionistas aplicados al espacio resultan espectaculares por el efecto creado por construcciones pintadas en perspectiva en las paredes que nos hacen creer, por ejemplo, que la habitación se abre ante un paisaje o que el techo de una sala ya no existe y contemplamos en su lugar el cielo. Sin embargo, lo que realmente me maravilla de los pintores barrocos es cuando pintan lo cercano, cuando hacen presente los pequeños objetos del día a día como si pudiéramos adelantar la mano y tocarlos. En esos detalles de representar las calidad de los objetos como algo táctil, capaces de engañar a nuestros ojos, es donde se muestra la capacidad de un pintor.

Cornelius Gijsbrechts. Detalle de Trampantojo con pared del estudio del pintor y naturaleza muerte con Vanitas. Óleo sobre lienzo, 118 x 152 cm. Staten Museum for Kunst, Copenhague, Dinamarca. Si desplegáis la imagen se puede ver a la perfección el veteado de la madera, el reflejo metálico de la jarra, el craquelado del pequeño retrato y la sombra que proyecta. Debajo se muestra el cuadro entero.

Quiero compartir mi  admiración por uno de estos genios del trampantojo, Cornelius Gijsbrechts, del que reconozco que hasta hace poco era un auténtico desconocido para mí. Lo cual tampoco es tan extraño, ya que las noticias que se poseen sobre este pintor son muy escasas y poco fiables. Por indicios, parece que debió nacer en Amberes hacia 1630 y que debió morir hacia 1675 en Brujas. Su vida pictórica se conoce desde 1657 en que se datan sus cuadros más antiguos pintados en su ciudad de nacimiento. Su vida desde la siguiente década fue itinerante buscando encontrar el éxito. Ocurría que en los Países Bajos se concentraban muchos pintores de genio que tenían muy difícil descollar por la competencia existente entre ellos, por lo que algunos, como Gijsbrechts, optaron por la especialización temática y por emigrar en busca de nuevos clientes. Se sabe que en 1664 trabajaba en Ratisbona y que de 1665 a 1668 residió en Hamburgo. Su éxito llegó cuando desde ese año pasó a pintar para la corte danesa, cambiando su domicilio a Copenhague. Precisamente, fruto de los encargos del rey Federico III y Christian V de Dinamarca, es por lo que el Staten Museum for Kunst de Copenhague conserva los mejores cuadros de este pintor (hasta 20). Allí pintó para el monarca y su sucesor hasta 1674, año en el que se conoce pintaba en Breslau.  Finalmente en 1675 se fechan sus últimos trabajos en Brujas.

Cornelius Gijsbrechts. Trompe l'Oeil con trompeta, Globo celeste y proclama de Federico III. 1670. Los objetos parecen dispuestos en una estantería de madera de manera desordenada y sobresaliendo de su espacio.

Su estilo. Gijsbrechts se especializa en el género de la naturalezas muerta y en las vanitas, pero con una intención añadida de hacerlas presentes en la realidad mediante el trampantojo o los juegos ópticos. Este tipo de pintura se puso de moda entre coleccionistas y expertos de las cortes europeas de la segunda mitad del siglo XVII,  por lo que impulsó a un grupo de pintores de los Países Bajos amantes del detalle a captar este mercado. Entre los más destacados en este estilo están nuestro pintor belga y los holandeses Cornelis Brize (1622-1670) y Samuel van Hoogstraten (1627-1678).

Cornelius Gijsbrechts. Trompe l'Oeil de un gabinete del estudio del artista, 1670-1671. Óleo sobre lienzo, 132 x 1990 cm. Statens Museum for Kunst, Copenhagen, Dinamarca.

De Brize toma la idea de crear juegos compositivos con papeles y estampas clavados sobre paneles. Su cuadro más famoso es un trampantojo que colgaba en la misma Tesorería de Amsterdam para la que fue pintada, que mostraba colgados una variedad de papeles, cartas, notas, dibujos y monederos, todos ellos objetos habituales que se podían encontrar en la oficina de los interventores de la ciudad. Para entender el juego totalmente falta otro lienzo que se levantaba frente a esta pintura que habría reforzado el efecto trompe l'oeil. En ese cuadro se representaban paquetes de papeles que colgaban de ganchos de la pared.

Cornelis Brize. Documentos en el muro de la Tesorería del palacio Real de Amsterdam, 1656. Óleo sobre lienzo, 194 × 250 cm. Amsterdam Museum. Si se pincha en la imagen se abre el cuadro a pleno detalle.

De Hoogstraten recoge las ideas de los enredos visuales y juegos ópticos. A este pintor debemos una curiosa caja pintada, a la que se conoce como "peepshow", cuyo interior está pintado en tres lados, así como en la parte superior e inferior. Por medio de un sistema de espejos dentro de la caja y a través de unas mirillas que hay en los lados más cortos se conseguía ver convincentes vistas en tres dimensiones de una habitación de una casa holandesa. con puertas abiertas que dan a otras salas.  que proporcionan la ilusión de vistas tridimensionales del interior de una casa. que se encuentra en la National Gallery,

Samuel van Hoogstraten. Una "Peepshow" con vistas del interior de una casa holandesa, 1655-60. Naational Gallery. En la imagen superior se puede ver la vista frontal y ligeramente escorada de la caja y debajo las cinco vistas de la habitación con las que se configuraba el efecto tridimensional.

Con frecuencia sus composiciones presentan una tela que tapa parcialmente los objetos: tarjetas, cartas, partituras, instrumentos musicales, calaveras, flores... El recurso de la tela, tal vez tenga que ver con la leyenda que contaba Plinio el Viejo sobre la disputa que libraron en el siglo V a. C.  los pintores griegos Zeuxis y Parrasios sobre cuál de ellos era el más grande. Cuando Zeuxis desveló su pintura de uvas, parecían tan exquisitas y tentadoras que los pájaros bajaron volando del cielo e intentaron picotearlas. Zeuxis le pidió entonces a Parrasios que corriera la cortina de su pintura, tan sólo para que entonces Parrasios revelara que la cortina en sí era una pintura, y Zeuxis se vio obligado a conceder la victoria a su oponente porque: «Yo he engañado a los pájaros, pero Parrasios me ha engañado a mí».

Cornelius Gijsbrechts. Trompe l'Oeil. Partición de tablero con cartas y partituras, 1668. Óleo sobre lienzo, 123,5 x 107 cm. Statens Museum for Kunst, Copenhague, Dinamarca. Detalle superior izquierda y cuadro entero.

Este desbordado tablón con cartas, partituras musicales, almanaques, hojas sueltas y plumas de oca queda al descubierto al levantar la pesada cortina que lo tapa. El pintor la ha recogido para nosotros y nos engaña con su dominio total del medio pictórico. La imitación de la realidad es tan ilusoria que seríamos capaces de alargar la mano para tocar los papeles o echar la cortina. Los bolsillos del tablón también contienen peines de hueso. La reproducción de las materias que forman los objetos es perfecta: el lacre brillante, las vetas de la madera, los clavos metálicos y el grosor de los papeles plegados.

Un ejemplo particularmente extraño de su pintura en trompe l'oeil es una imagen de un caballete sobre el formato de tamaño natural (2,25 m de altura y 1,23 m en su punto más ancho) del mismo, donde parece reposar un lienzo con un bodegón. Visto de frente, la imagen da el pego porque podemos ver entre los listones del bastidor. En la repisa del caballete se depositan pinceles y notas y un trapo azul tapa parte del lienzo. Otro lienzo descansa dado la vuelta en el suelo apoyado en las patas del caballete. Cuando nos acercamos comprobamos que todo es una ilusión porque se trata de un pintura que ha transformado su marco al tamaño exacto del objeto que representa. Para que quede más claro el juego visual véase la imagen.

Cornelius Gijsbrechts. Trompe l'Oeil de caballete con bodegón, 1668-72. Óleo sobre lienzo, 225 x 123 cm. Statens Museum for Kunst, Copenhague, Dinamarca.

En la misma línea del engaño visual está la pintura de Cornelius Gijsbrechts titulada  el reverso de una pintura. En un lienzo de tamaño medio, el artista ha pintado la figura de un cuadro enmarcado, visto por detrás. Es un nido de rectángulos. En el exterior, se ve la carpintería del marco y dentro el lienzo en su reverso, gris oscuro-marrón. El dorso desnudo del lienzo sin tratar. Para crear el verdadero efecto juega con las luces que crea la profundidad tridimensional. Además, el artista ha buscado recrear con pequeños toques manchas y accidentes en la tela y el bastidor para crear efectos de realismo: pequeñas irregularidades, roces, grietas en la veta de la madera, hilos... y detalles maravillosos como los pequeños clavos doblados en ángulos diferentes que sostienen el lienzo. Pero lo que hace más auténtico el cuadro y da la gana de volverlo del revés es el trozo de papel, sujeto con un lacre, con el número 36, el número de catálogo para la venta. Así se completa el engaño óptico, de absoluta perfección.

Cornelius Gijsbrechts. El reverso de un cuadro, 1678-72. Óleo sobre lienzo, 66,4 x 87 cm. Statens Museum for Kunst, Copenhague, Dinamarca.

A primera vista, la pintura parece moderna al espectador de hoy. Sin embargo, no es una pintura abstracta como las bidimensionales suprematistas de Malevich. La representación exacta del armazón y de la tela muestran que la intención básica es totalmente diferente: que el pintor enfatiza por encima de todo el objeto real.

Para ver más cuadros de este pintor y más detalles de las obras comentadas no te pierdas esta presentación.

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