Siempre que decido enfrentarme a una obra muy conocida en un artículo, tengo la sensación inicial de que, al estar tan estudiada, no merece la pena insistir en ella porque no podré hacer ninguna aportación que mejore lo anteriormente escrito. Sin embargo, a veces me sorprendo y descubro que hay poco original publicado porque todo el mundo se limita a repetir lo que dijo el primero sin aportar nada nuevo o hacer la mínima crítica. Esto es lo que me ha sucedido cuando he abordado la investigación de la famosísima estatua ecuestre de Marco Aurelio, quizás la obra escultórica en bulto redondo que haya estado expuesta al público más años de continuo en la Historia de la humanidad. Espero que os satisfaga lo que he hallado.

Estatua ecuestre de Marco Aurelio. Bronce con restos de oro. 350 centímetros de altura. Museos Capitolinos, Roma.

En el mundo romano antiguo el arte y la política estaban estrechamente vinculados. Los líderes eran conscientes del poder que tenía el arte de exaltar públicamente sus logros, tanto en época de guerra como en época de paz. Si ya en plena etapa republicana los monumentos públicos se alzaban a costa de un patrono que pretendía promocionarse o perpetuar su gloria; a finales de este periodo fue haciéndose frecuente que estos personajes o sus clientes encargaran estatuas para erigirlas en lugares significativos como foros, basílicas o teatros. Toda ciudad que se preciara tenía que tener una estatua de sus patronos. Con el paso del tiempo la acumulación de tantas efigies en los edificios y espacios públicos dificultaba el tránsito.

Reconstrucción por Balawat de la esquina sureste del foro de Segóbriga, detalle. Pese a ser una ciudad muy pequeña, en el foro de Segóbriga se concentraban multitud de esculturas ecuestres en bronce. De ellas sólo se ha conservado la cimentación de sus pedestales y algún pequeño resto. Emperadores y familia imperial serían los retratados.

Las estatuas ecuestres antes de Marco Aurelio.

Las estatuas ecuestres no eran tan infrecuentes como podemos pensar por los pocos restos hallados. Descripciones de la época, monedas, pedestales y otras evidencias nos indican que fueron muchas las levantadas. La razón de que no nos hayan llegado más ejemplos es que la mayoría de ellas estaban hechas en bronce y cuando Roma se convirtió al cristianismo, este tipo de imágenes, que parecían deificar a seres mortales ordinarios, se consideraron paganas e impías. El metal fue reutilizado para producir otras estatuas cristianas, monedas, puertas o todo tipo de objetos útiles de bronce. El destino salvó la de Marco Aurelio, porque inicialmente se creyó que la figura era la del primer emperador cristiano, Constantino I (h. 272-337 d. C.), siendo por tanto intocable para la Iglesia. Los fragmentos incompletos de otras esculturas que nos servirán para contextualizar la de Marco Aurelio se han obtenido también gracias al azar: imágenes destruidas, enterradas y olvidadas antes del Bajo Imperio; o estatuas recuperadas de barcos hundidos.

Así es como a veces han llegado los restos de los bronces. La restauradora Angela Ulbrich presenta dos, de los 57 fragmentos (izquierda: las crines del caballo; derecha: el flequillo del jinete) de una estatua ecuestre en bronce del emperador romano Trajano. El hallazgo se produjo en 2010 en Niedereschbach, en el Estado federal de Hesse (Alemania).

Un ejemplo muy importante por la calidad y cantidad de lo encontrado fue el descubrimiento en 1946 en Cartoceto dei Pergola (Italia) de más de trescientas pequeñas piezas de bronce dorado. Se hallaron enterrados cerca de la intersección entre la vía Flaminia y la Vía Salaria Gallica, en un lugar alejado de los centros urbanos. La localización hace pensar que fueron trasladados allí desde algún edifico público por la razón que fuese y en un momento desconocido de la historia. Tras décadas de restauración y de recomposición de los fragmentos (en 1988 se expuso el resultado final) se obtuvo un grupo en bronce dorado de gran calidad compuesto por dos caballeros, dos mujeres y dos caballos. Los personajes probablemente representasen a miembros de alguna familia senatorial originarios de la zona que vivieron entre el 50 y el 30 a. C.. Esta obra demuestra que este tipo de esculturas ya se levantaban a finales de la República y que se hacía hasta en ciudades provincianas. La fotografía de abajo nos muestra a las claras la espectacularidad del conjunto y cómo nuestro Marco Aurelio no era un ejemplo solitario.

Grupo ecuestre de Pergola, 50-30 a. C.. Bronce dorado. Tamaño casi natural. Detalle en el que se aprecian las figuras que mejor se han conservado. Destaca el jinete que saluda y la dama velada.

El caballero del grupo ecuestre de Pergola, 50-30 a. C. Se discute mucho quién pudo ser, si Lucio Domicio Enobardo o Marcus Satrius o Lucio Minucio Basilus.

Con la creación por parte de Octavio Augusto del sistema político imperial, el nuevo gobernante del Estado pasó a ser el personaje público principal a representar. Se crearon varios tipos o modelos en los que al emperador se le caracterizaba con una serie de objetos y ademanes, según el mensaje que se quisiese trasmitir: Augusto era el padre de la patria, el pontífice máximo, el general, el juez... y, por su puesto, el dios. La estatua ecuestre era uno de estos modelos. Con él no sólo se quería enfatizar simbólicamente, como en etapa republicana, el rol de liderazgo activo de la clase ecuestre, los equites; sino también dotar al soberano de un halo especial de glorificación, unido a la idea de festejo de un triunfo militar. Alguna estatua de Augusto ecuestre posiblemente presidió en Roma su foro o algún arco de triunfo. De esta imagen no nos quedan restos materiales, pero sí su representación indirecta en monedas. El modelo se exportó a otras ciudades del imperio y fue copiado por emperadores posteriores, introduciéndose cambios por los distintos artistas que trataron el tema y por la estética de cada etapa histórica.

Denario de Augusto. 27 A. C a  14 d. C. Plata. En anverso de la moneda aparece la estatua ecuestre de Augusto sobre un pedestal con la inscripción S • P • Q • R / IMP / CAES. Al fondo una pared de una muralla y lo que podría ser un arco/puerta de entrada a una ciudad. El envés: un cipo con la inscripción S • P • Q • R / IMP • CAE / QVOD • V / M • S • EX / EA • P • QIS / AD • A • ED.

Posiblemente el fragmento de la estatua ecuestre de Augusto que se conserva en el museo arqueológico de Atenas sea una copia de aquel original de Roma. Muestra a un emperador maduro con el gesto mesurado del brazo derecho levantado. La vestimenta es parecida a las que llevan las estatuas de Pergola o la de Marco Aurelio. Viste una túnica con una tira púrpura vertical (clavus purpurea) propia de los equites senatoriales y un paladumentum con flecos o capa utilizada por los comandantes militares que se prendía con un broche sobre el hombro derecho y que dejaba este brazo libre para saludar o para empuñar un arma. El pomo de la espada asoma bajo el brazo izquierdo. Esa mano llevaría las riendas del caballo. Las diferencias más evidentes con el emperador antonino se encuentran en los rasgos físicos del modelo humano y en la calidad del artista que realizó cada obra.

Fragmento de estatua ecuestre de Augusto, siglo I d. C. Altura 1, 23 metros, bronce. Museo Arqueológico de Atenas. La obra se encontró entre los restos de un naufragio cerca de la isla de Eubea.

Posiblemente también hubo algún otro modelo de Augusto más agresivo como lo demuestra el sextercio emitido en época de Claudio que tiene en su envés la imagen de un arco de triunfo dedicado a Druso, el hijastro de Augusto y hermano de Tiberio. Este arco fue erigido por orden del senado en algún momento después de la muerte de Druso el año 9 a. C. Estaba situado en la vía Appia y conmemoraba sus victorias en las fronteras germanas del imperio. A Druso se le representa heroizado (desnudo) y sobre un caballo encabritado dispuesto a clavar una lanza.

Sestercio de la época de Claudio, 41-54 d. C.. En el envés se representa el Arco de Nero Claudius Drusus.

Entre las estatuas de emperadores ecuestres posteriores hay un ejemplo muy interesante, pero poco conocido y que se relaciona con la anterior imagen. Se trata de la estatua ecuestre de bronce del emperador Domiciano/Nerva del Santuario de los Augustales de Miseno. La estatua inicialmente representaba a Domiciano, pero en algún momento tras su muerte su cabeza fue sustituida por la de Nerva. Cuando se hizo el cambio, el resto de la escultura se mantuvo, incluida la iconografía de la armadura que es por lo que se ha podido averiguar a quién pertenecía la obra primitiva. El modelo de emperador ecuestre rompe con la tradición republicana y augústea por varias razones: porque se representa al soberano con armadura, en vez de con ropaje civil; porque, en vez de saludar, portaría una lanza o, tal vez, un lábaro; y porque el caballo aparece rampante, levantando las dos patas delanteras y encabritado. Una imagen mucho más "barroca" de emperador ecuestre.

Retrato ecuestre de Domiciano, reconvertida en la estatua de Nerva, encontrado en 1968 en el Santuario de los Augustales de Miseno. 97 d. C.. Bronce. Museo Archeologico dei Campi Flegrei, Bacoli.

Hay evidencias de otras estatuas ecuestres imperiales previas a la de Marco Aurelio en el siglo II. Se sabe por las fuentes escritas y por la numismática que el centro de la plaza del foro de Trajano en Roma estaba presidido por una estatua ecuestre del emperador. La escultura debía ser colosal para no verse perdida en el inmenso espacio y, por tanto, sería mucho más grande que la de nuestro emperador. De ella no se han encontrado ningún resto material, pero sí representaciones en denarios.

Denario de Trajano, 112-114/115 A. C. Plata. En el envés aparece el emperador ecuestre con lábaro, que podría ser la imagen que se encontraría en el foro construido en Roma por el Emperador. Debajo una reconstrucción del contexto arqueológico.

La estatua ecuestre de Marco Aurelio.

Por todo lo visto hasta aquí concluimos que la importancia de la estatua ecuestre de Marco Aurelio radica en que es la única en bronce completa de su clase que ha sobrevivido desde la Antigüedad y una de las pocas que permaneció en un lugar público a lo largo de toda la Historia. Pero realmente sabemos muy poco de ella porque nos ha llegado fuera de un contexto arqueológico. Intuimos que fue salvada de la destrucción a la que fueron sometidas las otras porque se le identificó erróneamente durante buena parte de la Edad Media con Constantino. Sólo al final de este periodo a alguien se le ocurrió que las imágenes que de este último aparecían en monedas y en otras esculturas identificadas no coincidían con el retrato ecuestre. Y gracias al verismo con el que retrataban los escultores romanos se pudo comparar y concluir que la efigie del caballero respondía a los rasgos físicos del Marco Aurelio representado en monedas y esculturas de mármol.

Denario de Marco Aurelio.

Busto de Marco Aurelio.

Tampoco se sabe exactamente ni cuando se encargó la estatua, ni quién la patrocinó, ni para que emplazamiento original se hizo. Lo más probable es que se erigiera en el año 176 d. C. para un foro, junto con otros monumentos conmemorativos que se hicieron para celebrar la victoria sobre los germanos; o hacia 180 d. C., poco después de su muerte, como estatua funeraria de su mausoleo o de su templo dinástico.

Se sabe que en el siglo X se alzaba ante San Juan de Letrán, una de las grandes basílicas de Roma. Un cuadro del pintor renacentista Filippino Lippi en la iglesia de Santa María sopra Minerva y un dibujo de Martin van Heemskerck muestran a la estatua en dicho lugar.  En 1538, el papa Paulo III encargó a Miguel Ángel el diseño de una nueva plaza sobre la colina Capitolina, como parte de los preparativos para la visita del emperador Carlos V a la ciudad de Roma. Miguel Ángel tuvo la idea de colocar la estatua como elemento central de la plaza trapezoidal creada para el Campidoglio. Y allí permaneció hasta 1981, en que la corrosión del bronce debida a la lluvia ácida y la contaminación hizo necesaria una restauración de la obra. Sólo entonces se descubrió que, oscurecido por los siglos, se conservaba mucha más superficie del dorado original del que se pensaba. Actualmente, la escultura se conserva en los Musei Capitolini de al lado, en un amplio espacio que permite admirar su grandeza desde todos los ángulos. Una réplica ocupa u antiguo lugar al aire libre en la plaza.

La réplica frente a los Museos Capitolinos.

La obra es única además por la calidad maestra del desconocido escultor que la realizó. El artista supo transmitir de forma efectiva tanto el mensaje político de exaltación del soberano, como el carácter o la personalidad del gran hombre y filósofo.

El artista resalta el poder del emperador de varias maneras. El hecho de que vaya a caballo nos indica que es un líder militar victorioso, puesto que este era un modelo habitual. Sin embargo, que el emperador no vaya armado implica que se trataba de un hombre pacífico. No quiere aparecer ni siquiera con armadura y se conforma con ir cubierto con la túnica corta y con el paludamentum, que le da el carácter de general. El mensaje que quiere trasmitir en esta escultura, así como en el relato de la columna conmemorativa de 33 metros que se conserva en la plaza de la Colonna, es que aunque emprendiera guerras defensivas contra los marcomanos de Germania o los panonios en las actuales Hungría y Austria, lamentaba la violencia y la destrucción causadas por la guerra. Es general victorioso de Roma, pero es también filósofo compasivo y amante de la paz, como recoge los doce volúmenes de Meditaciones donde se ensalzan las virtudes estoicas de la sabiduría, la fortaleza, la moderación y la justicia.

Su gesto de extender la mano derecha está cargado de fuerza expresiva. Muestra energía y seguridad a la vez, pero también ha dado pie a múltiples interpretaciones:

  • Para algunos es la llamada de atención antes de comenzar la arenga (adlocutio) a las tropas. Este gesto es muy típico y aparece en algunas monedas imperiales;
  • Para otros historiadores sería el gesto de clemencia sobre los enemigos derrotados, ya que hay un texto no muy fiable del siglo XII, Mirabilia urbis Romae, en donde se sugiere que debajo de la pata delantera levantada del caballo originalmente se encontraba la figura de un enemigo bárbaro suplicante. Una pose y escena parecida se encuentra en un relieve, posiblemente de un arco de Triunfo o de otro monumento conmemorativo de Marco Aurelio.

Relieve del monumento honorario de Marco Aurelio: sumisión de los Germanos. 176-180 d.C. Mármol, cm 350.

  • Para otros simplemente es un gesto de reconocimiento y bendición a las multitudes que le aclamaban en su desfile triunfal. Un gesto condescendiente parecido al que realizan todos los mandatarios de todas las épocas.
  • Hay quien sostiene la hipótesis de que la obra fuera pareja con otro jinete similar (¿su hijo Cómodo?), del que si lo hubo no se sabe nada. Entonces sería un saludo para incorporar al otro personaje a su lado y trasmitiría un mensaje de continuidad dinástica. Esta teoría se sostiene por la existencia de otros grupos , como el de Pergola, y por la asimetría de la escultura. Es palmario que el lado izquierdo de hombre y de caballo son proporcionalmente más grandes que el derecho, lo que se habría realizado de manera premeditada porque la estatua estaría pensada para ser vista desde el lado derecho del espectador. De haberse mantenido las proporciones exactas en ambos lados, el más alejado parecería menor. La otra posible estatua también habría sido asimétrica pero en sentido inverso.

El realismo de la cabeza sugiere un retrato moral de Marco Aurelio en la línea de los realizados desde la República. Su sensibilidad y su carácter filantrópico eran famosos y eso había que plasmarlo en el bronce. El rostro alargado y pensativo refleja muy bien la humanidad y espiritualidad del personaje. Los párpados caídos, la nariz recta y la barba y el caballo rizado nos hacen un retrato de rasgos muy personales, lo que precisamente ha permitido identificar la figura. La barba es un símbolo de fuerza y virilidad. El volumen del cabello y de la barba es la moda que mejor permite relacionar las estatuas de esta época.

Este primer plano nos permite ver mejor el dorado que recubre el bronce.

Su noble montura es un animal de gran poderío. Las formas redondeadas y geométricas del animal contribuyen a que el observador se sienta sobrecogido ante la poderosa presencia y la descomunal fuerza del animal. Su cuello extraordinariamente grueso, con venas abultadas y pliegues en la piel, es tirado hacia atrás por las riendas, que hoy faltan, sujetas por la mano izquierda de Marco Aurelio. En este ademán el jinete apenas utiliza fuerza, como tampoco lo hacen sus pies que cuelgan en los costados del caballo, y, sin embargo, la sensación que da es que controla por completo al animal. Su postura relajada contribuye al imponente atractivo de la pieza.

Pero además técnicamente la obra es de una brillantez excepcional porque abundan los detalles de calidad. Citaré dos que me impresionan especialmente: el cuero ceñido del calzado del jinete que revela la forma de los dedos de los pies; o la boca abierta del caballo, que masca el bocado y mueve nerviosamente las orejas en direcciones opuestas.

Resultaría muy largo ponderar la influencia de este bronce en estatuas y pinturas ecuestres posteriores. Sería volver a hacer otro artículo. Desde el Carlomagno ecuestre del siglo IX al fresco del condotiero Guido Riccio en el palacio comunal de Siena del siglo XIV. Pero, sin duda, cuando más estudiado fue y más influyó fue en el Quattrocento, cuando fue la inspiración de los condotieros Gattamelata de Donatello, en Padua, y Colleoni de Verrochio, en Venecia. Después de ellos, muchos monumentos conmemorativos de militares y gobernantes de todo el mundo occidental tuvieron por modelo el retrato ecuestre de Marco Aurelio hasta bien entrado el siglo XX.

Donatello. Condottiero Gattamelata, 1447-53. Bronce, 340 x 390 cm. Padua.