Cuando se estudia el relieve romano en la asignatura de Historia del Arte se suele insistir en una parte muy parcial del mismo, básicamente en el relieve histórico con el que se decoraban los edificios públicos y conmemorativos (arcos de triunfo, columnas, templos...). En ellos se narraban acontecimientos históricos de los que los romanos se sentían orgullosos y que ensalzaban a aquella persona que los encargaba. La sucesión lógica de la exposición en clase sería: los relieves principales del Ara Pacis que festejan y consagran a Octavio Augusto como emperador, el nuevo soberano y su familia; el desfile triunfal en el arco de Tito tras su gran victoria  frente a los judíos; las campañas de conquista de la Dacia de la columna conmemorativa de Trajano... Si se dispone de más tiempo o se tiene el placer de profundizar en el tema del relieve romano, puede que se estudien aquellos que cumplen una función religiosa o  tienen un carácter "oficial" como algunos sarcófagos donde encontramos retratos funerarios y referencias mitológicas y algunos frisos con escenas y objetos de culto sagrado. Estos relieves son tenidos en cuenta por los historiadores del arte porque encajan en una temática propia romana y porque comparten presupuestos estéticos "aceptables" o clasicistas, es decir, porque continúan la tradición griega.

Tres detalles muy conocidos de los tres conjuntos citados en el párrafo anterior. Arriba, la familia imperial de Augusto asistiendo al acto inaugural del Ara Pacis. En medio, los soldados portando el candelabro de los siete brazos como trofeo conquistado en Jerusalem en el Arco de Tito. Y, debajo, el ejército romano en barcas atravesando el Danubio de la Columna Trajana.

Sin embargo, nada se enseña de los relieves que se salen de los márgenes artístico-académicos o de los que relatan otras preocupaciones que no son los de la élite del estado romano. ¿Quién se acuerda de relieves de peor calidad donde se muestran claros "atentados" a la norma clásica o no hay narraciones históricas? Los mismos museos que los poseen ni siquiera los mencionan en sus páginas informativas, lo que ha sido un handicap para hacer este artículo. Pero van a ser precisamente estos relieves, los que a veces se denominan "relieves plebeyos", los que me he propuesto reivindicar. Veamos algunos que me han parecido especialmente interesantes.

¿Quién se acuerda de este relieve funerario de un oficial del Circo Máximo descubierto en Ostia? Una arcaica jerarquía de tamaño diferencia al personaje recién fallecido del resto de los que aparecen en el friso; el canon humano es manifiestamente desproporcionado, sobredimensionando las cabezas; y el uso de una perspectiva imposible nos muestra a la vez la espina y las cárceres del circo. Todos estos rasgos le descartan para ser una obra a tratar en los manuales... Y, sin embargo ¿No tiene en su primitivismo e ingenuidad su propia belleza? ¿El desconocido personaje para el que se labró esta losa, no parece más auténtico, más humano, con su rostro avejentado y con su mano que agarra la del busto de su mujer ya muerta? ¿No se puede obtener de esta imagen una información mucho más veraz sobre los usos y costumbres de los romanos? Escena de Circo Máximo de comienzos del siglo II, 110-120 a. C. (Trajano-Adriano). Mármol, museo Vaticano. Si pinchas sobre la imagen la podrás ver a pantalla completa, merece la pena.

Este relieve, como otros colocados sobre los monumentos funerarios que se levantaban en las vías de salida de las ciudades, es el testimonio más fehaciente de que existía una Roma "no oficial", con una estética distinta a la de las élites. Es verdad, que los grupos sociales más humildes apenas tenían para un entierro o incineración, pero también lo es que había familias, más allá de las senatoriales, con un cierto nivel de riqueza que desde finales del siglo I a. C.  se podían permitir el lujo de pasar a la posteridad construyendo estelas y tumbas donde ilustrar sus vidas. E incluso, podemos hablar de que había una clase de "nuevos ricos", que intentó emular, a su manera, los mausoleos de las grandes familias romanas.

Monumento funerario de Eurysaces con algunos de los relieves del friso superior, Porta Maiore, Roma. Finales del s. I. a C.

Es conocida por la originalidad de la forma de la tumba, que recuerda los agujeros de los hornos de pan, la de  Marcus Virgilius Eurysaces. Éste fue un liberto que hizo una gran fortuna a finales del siglo I a. C. gracias a sus negocios de panadería (fabricación y suministro) y de construcción. Su éxito económico fue tal que le permitió levantar su monumento funerario en uno de los sitios más caros y visibles de las afueras de Roma, justo en la confluencia entre la Via Labicana y la Via Praenestina. Pero lo más original es que, en lo más alto de su tumba, mandó representar unas escenas que no tenían parangón con el relieve oficial del momento. En un friso corrido recreó todo el proceso de fabricación de los panes que le habían hecho rico: desde la molienda del grano; pasando por el amasado o la cocción de los panes individuales; y terminando con el pesaje del producto final ante los ojos atentos del magistrado romano. Es la manifestación orgullosa de aquello que le proporcionó el éxito económico y social. Se puede decir que el friso de Eurysaces viene a ser la versión personal y plebeya de la Res Gestae del emperador Augusto, donde los mensajes simbólicos de alabanza al buen gobernante y las hazañas bélicas realizadas son sustituidos por la loa al trabajo bien hecho.

Detalle de los relieves de la tumba de Marcus Virgilius Eurysaces, Roma. finales del s. I a. C. El propio Eurysaces dirige el amasado, casi en serie, del pan.

Desde el punto de vista artístico, el estilo del relieve de la tumba de Eurysaces también contrasta con el estilo clasicista que favoreció Augusto. En estos relieves apreciamos que los personajes no tienen porqué ser proporcionados o buscar la pose perfecta del arte griego. Tampoco hay interés de crear sensación de profundidad, por lo que las figuras rara vez se solapaban. En ellos se buscaba en primer lugar exponer con claridad las actividades que dirigía el dueño de la tumba y sólo como algo secundario se buscaba la pretensión estética.

La tumba altar de L. Cornelio Atimetus y de L. Cornelius Epaphra. Roma, Museos Vaticanos, Galleria Lapidaria. Altura 1,33 m. Escena  42 x40 cm.

Menos conocido es tal vez el monumento funerario en forma de altar de los fabricantes y vendedores de cuchillos L. Cornelius Atimetus y L. Cornelius Epaphra. Esta vez, la calidad de los dos relieves que tiene a ambos lados es bastante alta. Representan, en una de sus caras, a Atimetus, patrón y hombre libre, trabajando junto con su liberto en la forja. En el otro lado decorado, aparecen ambos personajes ofreciendo la mercancía que vendían en la tienda. No hay gloria ni mensaje religioso. Es, como los relieves anteriores, un monumento al trabajo bien hecho y al éxito personal. El único vestigio de vanidad es la toga que lleva con elegancia que le identifica como ciudadano romano.

Pero junto con estos romanos laboriosos que sienten orgullo de su éxito profesional, habría también otros ejemplos de "relieves de nuevos ricos" que se muestran pretenciosos, con ínfulas de grandeza. En la obra El Satiricón (mediados del siglo I d. C.),  Petronius Arbiter se ríe de esta nueva gente y crea el prototipo del nuevo rico derrochador y de mal gusto en la persona del liberto Trimalción. Este personaje ostentoso cuenta a sus amigos en un banquete pantagruélico los planes que había hecho para su tumba. En la cena está presente Habinas, el marmolista que la construye y le hace los relieves. La descripción que hace de la misma suena a ejemplo real y bien podría inspirarse en la tumba del liberto Lusius Storax en Chieti (antigua Teate Marrucinorum). En esta tumba Storax narra su investidura como Augustalis sevir (magistrado local encargado del culto a Roma y al Divino Augusto) y los juegos de gladiadores que financió para celebrarlo. En el frontón, su figura tiene que destacar por encima de los otros magistrados de la ciudad, ha de ser de mayor tamaño y situarse en el centro. Para dar claridad al conjunto de personajes que rodean a Storax y que no se solapen, eleva a los de atrás por encima de los de delante. La solución es muy primitiva, si la comparamos con la forma de representar multitudes que encontramos en  el Ara Pacis. Los gladiadores que combaten en el friso tampoco se solapan.

Relieves de la tumba conmemorativa de Lusius Storax, 45 d. C. Mármol. 1, 20 m. Museo Nacional de los Abruzzos, Chieti.

Pero el conjunto de "relieves plebeyos" que más me ha llamado la atención es el de la tumba de los Haterii, unos relieves visualmente muy conocidos porque a menudo sirven de ilustración en los libros de texto de aspectos sobre la arquitectura o la vida cotidiana romana.

Tumba de los Haterri. Relieve con la construcción de un mausoleo. Finales del siglo I-comienzos del siglo II d. C. Museo Vaticano.

La tumba de los Haterii.

La tumba de los Haterii es un mausoleo que perteneció a la familia de Quinto Haterio Thychicus, un contratista de obras públicas (redemptor), probablemente de origen liberto, que debió hacer fortuna bajo el reinado de Domiciano. El edificio debió ser construido a finales del siglo I d. C. y principios del II en la vía Labicana, una arteria que salía de Roma en dirección sureste y que después de recorrer varias decenas de kilómetros por la campiña del Lacio enlazaba con la vía Apia. La tumba fue descubierta accidentalmente en 1848, cerca de la torre medieval de Centocelle. El lugar estaba junto a la vía pero a varios kilómetros de las murallas de Roma, lo que era habitual.

Reconstrucción hipotética de la fachada delantera y de otro muro de la tumba de los Haterii. Finales del siglo I d. C o comienzos del siglo II.

Arriba está la única imagen que he podido conseguir de la reconstrucción de cómo sería la tumba externamente y de cómo estarían situadas las esculturas que se conservan en el Museo Gregoriano Profano de los Museos Vaticanos. Lamentablemente el edificio fue destruido en el momento de la excavación. Sabemos que era de planta cuadrada y que estaba parcialmente excavado en la roca. Exteriormente y flanqueando la entrada, se situaban  en unas hornacinas los bustos de gran calidad en el detalle realista de Quinto Haterio y de su mujer. Serían las obras que mejor encajarían en el tópico de la escultura romana.

Bustos de Haterio y de su mujer. Estos bustos son de un gran realismo.

Sobre el dintel que daba entrada a la tumba y al ultramundo se situaron los altorrelieves de los dioses protectores habituales: Mercurio (incompleto), Ceres, Plutón y Proserpina. Las paredes y las pilastras se decoraban con ricos relieves vegetales y grutescos decorativos entre los que se ubicaban frisos ilustrativos de la profesión del dueño y escenas con el rito funerario y la exaltación de una difunta, que pudo ser la domina del busto.

Los relieves, a primera vista, no tienen la calidad de las obras que encargaron los emperadores o las familias senatoriales a finales del siglo I d. C., y pueden pasar desapercibidos en el museo; sin embargo, si nos fijamos con atención aportan mucha información sobre la Roma de finales del siglo I.

Tal vez el más conocido sea el que representa en un friso corrido una serie de cinco edificios públicos de Roma. La interpretación que se hace de ellos es que debían ser aquellos monumentos en los que los Haterii habían intervenido durante su carrera profesional bajo la dinastía de los Flavios. De nuevo, se trataría pues de un orgulloso testimonio de un trabajo bien hecho.  De los edificios, algunos se han identificado con claridad por las inscripciones que tienen o por la comparación con los restos arqueológicos y las monedas; pero otros son todavía objeto de discusión. De izquierda a derecha están representados.

  • Arcus ad Isis ("arco en el templo de Isis"), interpretado generalmente como uno de los arcos de la entrada del santuario de Isis y Serapis en el Campo de Marte de Roma. Este edificio fue probablemente construido con ocasión de la victoria de Tito en Judea el año 70.
  • El anfiteatro flavio o Coliseo al que faltaría el ático, es decir, sólo con los tres pisos donde se combinan los arcos con los pilares y la superposición de órdenes. El edificio se comenzó bajo Vespasiano y se inauguró hacia el año 80. Se puede ver un arco de triunfo en la entrada principal.
  • Un arco coronado por una cuádriga, tal vez la reconstrucción bajo Domiciano de la histórica Puerta Triunfal que se erigió entre los años 89-91 en honor de Tito y que se situaba en el foro Boario, frente al Circo Máximo.

  • Un tercer arco que según la inscripción se encontraba in Sacra Via Summa, es decir en la zona superior de la Vía Sacra, generalmente se identifica con el actual Arco de Tito. Este monumento debió realizarse en la década de los 80.
  • Y un templo hexástilo (seis columnas) con frontón y coronado por un ático, dedicado a Júpiter identificado por su estatua y por el símbolo del rayo. Podría ser cualquiera de los grandes templos que en Roma se dedicaron a este dios: el Templo de Júpiter, el Tronador; o el de Júpiter Custodio; o el de Júpiter Stator. Lo más seguro es que sea el primero ya que se sabe que fue dañado por el fuego en el a80 y restaurado bajo el gobierno de Domiciano. También lo confirma el hecho de que la estatua que se ve entre las columnas centrales aparece representada en varias monedas que representan al templo del Capitolio.

En otro de los muros del edificio se encontraban relieves muy interesantes que narran los ritos funerarios que se hicieron con motivo de la muerte de una mujer de la familia.

En el primero de ellos asistimos al velatorio.

  • El funeral de la difunta se celebra como venía a ser costumbre entre las familias pudientes romanas en el atrio de la casa de la familia. Se pueden apreciar las tejas imbricadas que vierten hacia el interior de la estancia como si se tratara del compluvium de la vivienda. Este vestíbulo está decorado con guirnaldas y veneras y se ilumina con cuatro grandes candelabros llameantes.
  • En el centro, sobre un tálamo, reposa yacente una mujer en un tamaño superior al resto de las figuras, remarcando su categoría principal. El rito habitual era que el cadáver lavado, perfumado y revestido con sus mejores vestidos permaneciera expuesto muchos días. Tras ella dos plañideras con el cabello suelto se golpean el pecho de dolor mientras un esclavo le pone ¿una guirnalda? a la difunta o tal vez tapaba su rostro de los rayos del sol. Otros grupos asisten sentados y de pie llevándose las menos al pecho de dolor, por el pequeño tamaño no parecen personas principales y bien podrían ser sus esclavos liberados. La escena es acompañada con músicos.

En el segundo de los relieves, que podría ir por encima del anterior, asistimos a la construcción de una tumba y a la apoteosis de la difunta en su interior.

Este relieve  representa muchas cosas interesantes.

  • En la parte de la izquierda una grúa gigante con la que se levantaban los bloque a gran altura. Parece que es todo un homenaje a su oficio y a los instrumentos con los que lograron los Haterii su fortuna. Gracias a esta representación se puede saber cómo era esta máquina y cómo funcionaba. Unos esclavos la propulsaban desde el interior de una rueda a la que hacían girar.
  • Por otro lado, vemos una serie de edificios sepulcrales, el más grande, con forma de templo, que puede ser el mismo de los Haterii. Se accedería al monumento a través de una puerta en un basamento rectangular ricamente decorado por grutescos, guirnaldas y pequeños cupidos. En el piso superior es donde encontraríamos el templo tetrástilo. En el frontón aparece posiblemente el retrato de la difunta a la que vimos en el velatorio en el relieve anterior. Posiblemente el interior del mismo se nos muestra en el lado largo del templo, donde se puede ver, en vez del muro o el peristilo, un recinto donde los bustos de los antepasados y las estatuas de los dioses están metidos en hornacinas entre pilastras.
  • Por encima del  tejado del templo se representa a una mujer reclinada en una cama, que se interpreta como el retrato de una difunta de la familia, a la que se dedica el relieve. Podría ser la disposición del otro lado de la cámara funeraria interior: un altísimo candelabro al entrar en la cámara, detrás del cual se representa a la difunta en vida sobre un kline. Debajo de ella juegan sus hijos pequeños, uno de los cuales está vestido de Hércules. Al lado, en el interior de un edículo tripartito coronado por los retratos de los miembros de la familia, aparece otra vez la difunta transfigurada impúdicamente como Venus. La figura aparece desnuda y parece indicarnos que ha alcanzado de esta manera la inmortalidad