Desde el año 2008, un equipo de arqueólogos de la Universidad de Turín, dirigido por el profesor Alessandro Mandolesi, viene excavando en la necrópolis de Monterozzi, en Tarquinia. Se ha centrado en la zona de la Doganaccia, un lugar donde se encontraba un túmulo, que ya se conocía de antiguo como de la Reina, pero que no había sido excavado científicamente hasta ese año. Las seis campañas que ya lleva han ofrecido descubrimientos muy importantes, pero sin duda el más espectacular ha sido el último que ha puesto su trabajo en el escaparate mundial de los medios. Nada menos que la apertura el 16 de septiembre de 2013 de una tumba de tipo hipogeo. La verdad es que las dimensiones de la tumba son modestas, apenas seis metros de profundidad, y que no tiene frescos como otras de la misma ciudad, pero el hallazgo resulta excepcional porque ha aparecido intacto. La casi totalidad de las tumbas etruscas que conocemos, al menos las de grandes proporciones, han sido saqueadas a lo largo de la historia, por lo que encontrar una cámara que conserva ajuar y restos óseos puede considerarse todo un acontecimiento arqueológico.

Os ofrezco el vídeo de un canal de televisión italiano comentando el descubrimiento. En el momento en que se hizo este vídeo ya se había retirado la mayor parte de los objetos que se habían encontrado, pero que podemos ver en las fotografías que siguen en la explicación.

Otro reportaje en italiano de la tumba aquí.

La ciudad de Tarquinia.

Pocos y nada espectaculares son los restos que no has llegado de la ciudad de los vivos de Tarquinia. Sin embargo, la cantidad de las necrópolis que la rodeaban, el número de sus tumbas (se calcula que llegaron a ser cerca de 6000) y la calidad de las mismas nos da idea de la importancia que alcanzó esta localidad desde el siglo VIII a. C.

Reconstrucción de una necrópolis de túmulos frente a Tarquinia.

En esta época, Tarquinia era una ciudad rica cuya economía se basaba en su potencial agrícola y, sobre todo, en haberse convertido en un centro industrial (metales, materias primas, bronce, cerámica) y comercial con Oriente y Grecia desde su puerto de Gravisca. Su supremacía política abarcó un vasto territorio que se extendió por el interior hasta los Montes Cimini y el lago de Bolsena. a finales del siglo VII, aún prosperó más al conseguir dominar Roma, el estratégico vado del Tíber, punto neurálgico para el tránsito del comercio de la Italia central. Su relevancia fue tal en la zona que algunos de los nacidos en la ciudad etrusca, Tarquinio PriscoTarquinio el Soberbio, se convirtieron en reyes de Roma durante este periodo.

Las necrópolis  se levantaban sobre las rutas de la salida de la ciudad, como luego se haría en Roma. En dirección norte encontramos varias zonas de túmulos como los de Poggio Gallinaro y del Forno y en dirección suroeste, en la vía que llevaría hacia el puerto, la colina de Monterozzi. Allí, hoy se han habilitado hasta cuatro espacios donde poder conocer el mundo de los muertos de Tarquinia: la necrópolis del Calvario y los sitios arqueológicos de Infernaccio, la tumba de la pantera y la Doganaccia.

Si pincháis sobre la fotografía de abajo podréis ver mejor el mapa topográfico de la zona y la ubicación de la ciudad de Tarquinia y sus necrópolis, incluidas junto con las de Cerveteri en la lista del Patrimonio de la humanidad de la Unesco.

El tipo de túmulo monumental de Tarquinia era de forma cuadrada o circular con bloques de sillares y mampostería en cuyo interior se levantaba o excavaba normalmente una o dos cámaras funerarias rectangulares con paredes que retrocedían gradualmente hacia arriba. La cámara estaba recubierta con tierra para crear la forma de un montículo. El conjunto se remataba con esculturas de animales como esfinges y monstruos amenazantes que cumplían la función de custodios. En las tumbas principales había una plazoleta delante de la entrada destinada a albergar las ceremonias funerarias y de culto.

Por desgracia, las tumbas principescas de Tarquinia fueron ampliamente saqueadas y sus ajuares suntuosos se han perdido. Lo único que se pueden en ellas hoy son los frescos que las decoraban. Sorprende de éstos la vitalidad que trasmiten y que nos permitan hacernos una idea tanto de sus creencias cómo de su vida cotidiana.

Tumba de la Caza y de la Pesca (520-510 a.C.). Este es un buen ejemplo de decoración de una tumba. En una de sus dos cámaras podemos ver, en la parte superior, el banquete en honor al difunto y, en la parte inferior, escenas naturalistas de caza y pesca.

La Doganaccia

En la Doganaccia, donde encontramos la tumba desvelada este mes pasado, una terraza natural del terreno elevaba aún más las tumbas allí dispuestas. Estaba en la vía que llevaba al puerto, lo que convertía a esta ubicación en el referente visual de todo aquel que se acercara a la ciudad desde el mar. Dos túmulos gigantes, que todavía se conservan, debían ser los articuladores de este cementerio. Los dos montículos aún persisten y son conocidos por los nombres populares del " Rey " y de la " Reina". Las dos tumbas fueron construidas en un lugar particularmente expuesto, a fin de aumentar su carácter colosaly su mensaje político. Los arqueólogos suponen que la zona debió pertenecer a una misma familia, pero en distintas generaciones a lo largo del siglo VII a. C. por la similitud y cercanía de los túmulos.

A la izquierda de la foto se ven los barrios periféricos de la ciudad moderna de Tarquinia, mientras que al fondo, sobre una mesetilla calcárea, se levantan los restos de la antigua ciudad etrusca. En primer plano, tenemos la colina de Monterozzi con los dos túmulos que se conservan de la necrópolis de la Doganaccia, a la izquierda el de la Reina y a la derecha el del Rey.

El diámetro de los edificios pudo ser de 40 metros, medida que les hace los montículos más grandes de Tarquinia. Sus entradas miraban hacia el oeste y eran precedidas por una plazoleta a la que se accedía bajando unas escaleras.

Junto a la tumba de la "Reina" se han descubierto otras tumbas pequeñas, como una con una doble cámara dispuesta de forma paralela (2010) o la que ha sido objeto de desvelado más recientemente (2013) probablemente destinadas a alojar a familiares del noble enterrado en la gran montículo. La primera sufrió el expolio histórico de los ladrones de tumbas, la segunda afortunadamente no y es la que permitirá a los arqueólogos reconstruir una parte muy importante de la historia de esta necrópolis, de Tarquinia y de los etruscos durante el siglo séptimo antes de Cristo.

El descubrimiento de la tumba del "aryballos".

Según los arqueólogos, la tumba encontrada es un hipogeo o cámara subterránea excavada en la roca, que tuvo encima un túmulo pequeño, hoy desaparecido. Por algún asombroso milagro se salvó del saqueo, aunque no pudo evitar que su edificio externo en algún momento fuese desmantelado por los habitantes de la zona para reutilizar los materiales de construcción. Posteriormente, el montículo de tierra fue arrasado con las tareas agrarias de explanación llevadas a cabo durante siglos.

La excavación llevada a cabo en el túmulo de la reina y sus alrededores entre las campañas de 2008 a 2013.

Tras reconocer el terreno durante las campañas anteriores a 2013, los arqueólogos pudieron comprobaron que una de las tumbas cercana al túmulo de la Reina conservaba perfectamente sellada la losa de piedra de su entrada. La ocasión no podía ser más emocionante. El momento de abrir la tumba llegó el pasado septiembre, congregando en el acto a todos los que habían trabajado en estas campañas, incluidos los patrocinadores privados, que han sostenido en estos momentos de crisis los trabajos arqueológicos.

Cuando se retiró la losa salieron a la luz un espacio, un cadáver  y unos objetos que se habían ocultado hace 2600 años. En el interior se encontraron dos camas funerarias excavadas en la roca. En la de la izquierda había un esqueleto, que en principio se pensó fuera de un hombre porque apareció con una punta de lanza, pero que tras los estudios antropológicos se confirmó que era de una mujer de entre 35 a 40 años. Con ella se encontraron adornos y objetos personales y un plato de bronce con decoración en relieve. La lanza entonces, según los arqueólogos, podía tener un valor simbólico de unión entre la mujer y el hombre. En el lecho o repisa de la derecha se podían ver cenizas de una incineración, probablemente de su marido, con una vasija corintia volcada.

La tumba descubierta. Una habitación excavada en la roca con falsa bóveda a modo de cubículo con dos lechos adosados a la roca.

Los platos ceremoniales de bronce a los pies del cadáver. Repisa de la izquierda.

La repisa de la derecha con el ánfora corintia y las cenizas.

En la pared del fondo, todavía colgando de un clavo después de más de 2600 años, se hallaba un pequeño aribalos cerámico de tipo griego, posiblemente un ungüentario utilizado en el rito funerario. Esta rara peculiaridad ha llevado a denominar a la tumba como del aribalos.

En el suelo, entre las dos camas aparecían caídos y revueltos otros objetos cerámicos, claramente de estilo corintio, y cascotes desprendidos del techo, ya que la tumba ha sufrido un pequeño derrumbe. Algunas de estas vasijas pudieron ser las utilizadas en el banquete funerario que debió realizarse momentos antes de cerrar la tumba.

La decoración pictórica de las paredes de la tumba es muy escasa en comparación a otras encontradas en Tarquinia, puesto que se limita a una línea roja que recorre la sala a media altura.

Por último os ofrezco una recopilación de las fotos más interesantes que he encontrado sobre este yacimiento.