En pie, con las piernas derechas adelantadas y los torsos girados levemente, se nos presentan desafiantes dos de las esculturas más bellas que nos ha legado la civilización griega. Se trata de las conocidas con el ambiguo nombre de bronces de Riace (Bronce A, el de cabellos largos, y Bronce B, el que lleva un casquete) o con el más exacto de "guerreros de Riace", que habitualmente (cuando no están siendo restaurados) se pueden contemplar en el Museo Nazionale de la Magna Grecia de Reggio Calabria.

Los guerreros expuestos en el Museo de Reggio Calabria. Bronce A en primer término y, al fondo Bronce B.

Las polémicas.

Poco sabemos sobre ellos. De hecho, hasta el 16 de agosto de 1972 en que un submarinista de vacaciones los encontrara a 10 metros de profundidad frente a la costa de Riace Marina, en Calabria, nadie sospechaba de su existencia ni les había echado de menos. Sin embargo, desde entonces, casi todo lo que les rodea está envuelto en polémica.

Hay un enconado debate periodístico en Italia sobre varios asuntos relacionados sobre las estatuas

  • Se discuten los hechos que llevaron a su descubrimiento, algo confusos, puesto que hay documentos oficiales en los que se narra que se encontró una estatua con un escudo, objeto que hoy no tiene ninguna de las dos estatuas. Hay quien afirma que ese escudo desapareció misteriosamente para ser revendido a un coleccionista privado y quien sostiene que existiría una tercera estatua, que sería la del escudo.
  • Se polemiza por el trabajo de restauración llevado a cabo. Los primeros días después del rescate, las figuras empezaron a ser limpiadas de concreciones calcáreas marinas en el mismo museo de Reggio, pero pronto se dieron cuenta de que necesitaban más medios para preservar la obra. Se enviaron a Florencia donde podrían ser tratadas y estudiadas con medios superiores, en concreto al taller del Offizio delle pietre dure. Allí fueron restauradas durante cinco años, presentándose en "sociedad" en 1980-81 con un "tour" por buena parte de Italia hasta depositarlos en Reggio. El tratamiento durante esos cinco años no fue suficiente puesto que a comienzos de los 90 se detectaron corrosiones internas que aconsejaron volver a retirar las obras para su correcta restauración. A mediados de la década volvieron al museo, pero allí sólo han estado hasta finales de 2009 en que de nuevo se sacaron para mantenerlas "cuidadas" en el edificio del Consejo Regional de Calabria hasta que se levantara un nuevo museo para ellas (ver el vídeo de abajo de su traslado). La reapertura se retrasa y retrasa igual que le sucede a nuestro Museo Arqueológico Nacional de Madrid. Primero se habló del verano del 2011 y, a día de hoy, otoño del 2013, todavía no están de vuelta, esta vez por problemas económicos para abrir el museo, aunque se dice que lo estarán a partir de enero de 2014..."Chi lo sa?".

  • Se critica que las obras se expongan en este pequeño museo de Reggio Calabria, ciudad en "la bota" o extremo más meridional de la península italiana, porque la localización tan extrema hace difícil que llegue allí el turismo masivo y pueda sacarse beneficio de tan importantes obras...
  • Se critica todo. Una polémica encendida es la utilización vanal de estas obras de arte como reclamo publicitario. La misma administración regional ha utilizado a nuestros guerreros para un spot que pretende la promoción turística. Los personajes toman vida y, como si fueran unos pícaros, se juegan desnudos entre ellos a pares o nones dónde ir de vacaciones (ver el anuncio televisivo en el vídeo de abajo). Les hace flaco favor que además sirvan a la publicidad de los industriales de la zona que los utilizan como imagen para productos tan poco épicos como el papel higiénico o guindillas picantes..., por no hablar de los comics porno que protagonizan.

La polémica arqueológica y científica también es enconada.

Os dejo el enlace de la Wikipedia (pinchando en el enlace siguiente) donde viene una disertación muy extensa sobre las teorías de los distintos profesionales que las han estudiado y cuya conclusión es que no hay nada seguro. Me limito a resumir y a aportar mi criterio en los siguientes puntos:

1. Sobre cuando cayeron al mar frente a las costas italianas y por qué.

Todo son especulaciones, ya que, aunque se volvió a explorar el fondo marino donde se encontraron los bronces en varias expediciones en busca del barco que supuestamente los transportaba, no se encontró evidencia de un naufragio. Por los restos marinos desprendidos en la limpieza de las piezas es muy posible que pasaran muchos siglos bajo el agua y que, por tanto, el hundimiento se produjera en tiempos al menos de Roma, cuando no de mucho antes.

2. Sobre su origen y su destino.

Es presumible que al encontrarse a 300 metros de la costa serían transportadas por un barco que realizara una ruta de cabotaje. Al encontrarse la localidad de Riace Marina cercana al estrecho de Mesina (ved el mapa de arriba) se puede pensar que se trasladarían desde alguna ciudad de la Magna Grecia (hipótesis que las atribuyen a un taller local de Reggio, Locri, Crotona o de Sicilia)...O, tal vez, vendrían desde algún santuario o polis de la misma Grecia, que es lo que sostiene aquellos que piensan que por la calidad de las obras debieron pertenecer a uno de los principales espacios públicos griegos. En este caso, su encuentro en Riace sería el fruto de algún saqueo realizado por algún magistrado romano que las traería desde Grecia para adornar un espacio público en una ciudad romana o uno privado en una villa. ¿Pero de qué santuario o ágora? Hay quien se atreve por los textos literarios a lanzar hipótesis sobre el ágora de Argos o los santuarios de Olimpia o Delfos, pero ninguna me parece convincente.

3. Sobre el autor o autores de las obras y las fechas en que se fundieron.

Separadas de su contexto original, todas las estimaciones sobre el autor/es o sobre la edad de estas piezas dependen de la evidencia intrínseca de su técnica y estilo. Aunque algunos estudiosos se muestran reticentes, la probabilidad de que procedan de un mismo monumento y del taller del mismo escultor es tan alta como fuerte es la tentación de identificar a su autor con alguno de los grandes nombres que mencionan los textos antiguos. El propio museo propone como autores a Mirón en el caso del Bronce A y a Alcamenes, un discípulo de Fidias, en el del Bronce B; si bien caben otras propuestas como Pitágoras de Regio en ambos casos o el propio Fidias joven en el segundo, sin excluir la posibilidad de retrasar la fecha de ambas a época helenística como ha propuesto una investigadora americana.

El dios (Poseidón o Zeus) de Cabo Artemisio. Bronce de 2,10 m, sobre el 460 a. C. Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Esta obra mantiene muchas semejanzas con las nuestras. Fue encontrado en un pecio marino en 1928 al norte de la isla de Eubea.

Independientemente de quién fuese su autor, lo que tal vez no sepamos nunca, es que sí podemos intuir que el escultor trabajó durante la generación inmediatamente posterior a la segunda guerra médica (480-479 a. C.). Me atrevo a situarlos entre los años 470 y el 450 a. C., es decir, en el periodo de transición hacia una etapa clásica pura, porque ambos bronces se enmarcan en la tradición estilística y temática de Los Tiranicidas de Atenas (hoy sólo tenemos una copia romana en mármol) o del Dios del cabo Artemisón, obras que buscaban evocar la presencia de hombres maduros y de un estilo de vida heroico, dos de las particularidades de nuestros bronces. Al contemplarlos producen la impresión de terrible grandeza. En contraste con las esculturas clásicas de la segunda mitad del siglo V a. C., que buscan representar formas estereotipadas, de cuerpos más jóvenes y perfectos, y ajenas a trasmitir un mensaje épico.

Aristogitón y Harmodio, los dos asesinos del tirano Hipias de Atenas, según el escultor Kritios. Copia romana en mármol del bronce original, 477 a. C. Museo nacional de Arqueología de Nápoles, Italia. La factura de esta obra es mucho más arcaica que la del Poseidón o los guerreros.

4. Sobre quiénes eran los representados.

Descarto por completo que estemos ante la representación de unos kuroi, como todavía se sostiene en algunos sitios. Como hechos seguros puede apuntarse que nos hallamos ante dos figuras de “guerreros”, dos hoplitas, armados con lanzas y escudos. Las armas no han aparecido hasta el presente, sin embargo podemos intuir esta arma porque los dedos de la mano derecha se cierran sobre la sección circular de una lanza desparecida. De los escudos se conservan dos agarraderas en los brazos izquierdos de ambas esculturas. Estas piezas debían viajar desmontadas en el momento del naufragio y por eso no se han hallado más restos.

Un reconstrucción hipotética de los guerreros.

Con seguridad llevarían yelmo. El “Guerrero A” tiene larga cabellera sujeta con una ancha cinta que serviría para encajar un casco para el que se ha dejado la forma en la parte de atrás y un boquete  en la coronilla donde se sujetaría con un perno para que no cayera. Posiblemente el tipo de casco que llevaría sería de tipo calcedonio, que permitiría ver mejor parte de su hermosa cabellera.

Guerrero A visto desde arriba. Se puede ver el agujero superior, la forma aplastada del cabello donde se asentaría el casco, el cogote donde recibiría el reborde inferior del mismo y en la cinta un triángulo en relieve para encajar la pieza. Debajo reconstrucción del Guerrero A con casco calcedonio y con casco corintio.

El “Guerrero B”, de barba algo más corta y cabello menos abundante, lleva un casquete, probablemente de cuero, sobre el cual se asentaba un yelmo corintio. Este tiene un resalte en relieve por encima de la frente para encajar mejor la pieza. La forma oblonga de la cabeza ayudaría para encajar perfectamente el casco y que no se moviera. Se aprecia en ella muchas marcas de soldaduras por lo que es evidente que esta parte no estaba concebida para ser vista.

También es seguro que ambos representan a personajes en edades distintas. El hecho de que vayan desnudos y que adopten una postura similar con brazos, derecho extendido e izquierdo doblado para portar el escudo, y piernas  que adoptan la típica posición del contraposto, nos hacen pensar inicialmente en cuerpos iguales, pero ni sus cuerpos ni sus rostros lo son.
El guerrero A. Vista frontal y trasera.
El guerrero A es más joven, aunque no un jovencito, es un adulto de unos 30 años y tiene un cuerpo muy musculado y vigoroso. Su boca, ligeramente entreabierta, deja ver sus dientes superiores fundidos en plata, así como, las pestañas. Los ojos, hechos con incrustaciones de marfil para la córnea y de pasta vítrea para el iris, les dan una especial intensidad en la mirada capaz de explicar por sí misma la particular atracción que la estatua ejerce en el público que la contempla. Los labios y los pezones han sido realizados en piezas de cobre rojizo soldadas a posteriori.
El guerrero B  denota  más edad -¿los 40 años?-, ya que su cuerpo, aunque ejercitado, refleja una peor forma y su rostro no es tan enérgico. Además su apariencia sufre por la pérdida del casco y de uno de sus ojos. La mirada ligeramente baja le da un aire de reflexiva melancolía.
Guerrero B.
Es probable que ambos fueran parte de un monumento más complejo en el que sólo serían dos entre otras variaciones sobre el tema del guerrero. Sin duda, por estas circunstancias y porque son representados en un tamaño por encima del humano (su altura es de 205 cm y 198 cm, respectivamente) pertenecerían al ámbito de los personajes históricos o mitológicos. Para los simples humanos, como los kuroi, se les reservaba dimensiones humanas o inferiores en esta época. Teniendo en cuenta este detalle, se plantea que el monumento pudiera conmemorar a ciertos generales protagonistas de la reciente victoria en la guerra contra los persas. O podrían representar, con más probabilidad, a héroes de la mitología: ¿podrían ser dos de los siete héroes que atacaron la ciudad de Tebas?, o ¿podrían ser los héroes de la Guerra de Troya? Es algo que, por ahora, tampoco podemos saber ni sentimos la necesidad de saberlo, por mucho que se empeñen algunos en defender sus hipótesis. Es preferible que sigan estimulando nuestra imaginación.
También les hace grandes la multitud de pequeños detalles de calidad que les confieren verismo y plasticidad. Algunos de los efectos más poderosos de estas estatuas derivan de rasgos poco naturales como el irreal, por lo profundo, surco espinal del guerrero A. A poco que nos fijemos nos sorprenderán los magníficos detalles de la habilidad técnica del escultor como los pies, las venas de la mano, los rizos de la barba y el cabello o las texturas de la piel.
Detalle del pie del guerrero B.